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TIEMPO Y ESPACIO PARA EL ARREPENTIMIENTO
Alfa, ha explicado que Lucifer, el caído, en
el momento de su rebelión, poseía una cierta cantidad de luz que había
calificado con el bien, con luz, mientras se había mantenido al servicio
de Dios. Esa acumulación de energía, añadida al logro espiritual que
tenía antes de la caída, le permitieron disponer de cierto tiempo en el
espacio para arrepentirse, para volver a alabar a Dios Todopoderoso.
Ese lapso de tiempo se ha hecho muy largo para los inocentes, para los
hijos de Dios. Se ha extendido a miles de años en el planeta.
Durante ese período, dado el enorme
logro espiritual que poseía, su habilidad para manipular la energía, y
puesto que las almas jóvenes carecían de ese logro, Lucifer y los caídos
eran quienes controlaban la vida en los planos de la materia, pero no
hasta el punto de que las almas no pudieran elevarse. Durante esa fase
de tribulación muchas vencieron a la mente carnal en su interior y al
caído en el mundo exterior, y tras sufrir, pasar pruebas y superar
tentaciones, realizaron el ritual de la ascensión, regresando a Dios
como seres ascendidos.
LA HORA DE LUCIFER HA LLEGADO
Nos encontramos al final de la
dispensación de Piscis, el final del tiempo en el que Jesús vino a
mostrar el Cristo, a manifestar la luz que Lucifer no podría desafiar ni
derrotar. Así pues, es al final de esta dispensación que le ha llegado
la hora a Lucifer; ya no le quedan más ciclos ni oportunidades.
Además, abusó de su cargo en la
jerarquía –lo cual no tenía permitido hacer– al venir a desafiar a los
mensajeros de la Gran Hermandad Blanca. La manifestación de la ley es
tal que quienes representan a la Gran Hermandad Blanca quedan protegidos
de la influencia del caído. De la misma forma, éste es inmune a los
mensajeros puesto que los hombres deben elegir a quién prefieren: a los
mensajeros de los seres crísticos o a la mente carnal. En cada ocasión
en la que Lucifer se ha atrevido a atacar directamente a los mensajeros,
se le ha arrebatado una cierta porción de la energía y oportunidad que
le fueron asignadas. Ello ha ocurrido con una tendencia creciente
durante los últimos quince años, hasta que finalmente los Señores del
Karma le quitaron la porción total del cincuenta y uno por ciento de su
oscuridad.
EL JUICIO DE LUCIFER
Lucifer fue llamado a juicio, ya que el
Arcángel Miguel pudo atarle en respuesta a los llamados de los seres
crísticos, y se le condujo al Tribunal del Fuego Sagrado para celebrar
el juicio ante los Veinticuatro Ancianos. Éste se prolongó por varios
días, durante los cuales los Veinticuatro Ancianos examinaron el
registro total de sus acciones.
Se hizo una revisión. Al concluir,
Lucifer recibió la oportunidad de arrepentirse, de arrodillarse ante el
Cristo, ante Dios Todopoderoso, y adorar a la Presencia YO SOY.
Lucifer profirió blasfemias ante los Veinticuatro Ancianos y declaró que
jamás adoraría a la imagen de Cristo. De modo que le llegó su hora:
mientras se encontraba en el estrado, la energía de Alfa y Omega
atravesó su forma y eliminó a aquél que una vez fuera conocido como el
hijo de la mañana.
LA SEMILLA DEL ANTICRISTO
Alfa fue quien nos participó tales
hechos. Con ello quería asegurarse, no obstante, de que los hijos de la
luz, los estudiantes de los maestros ascendidos, no se quedaran
satisfechos o consideraran que la victoria ya se ha logrado. Esto es
sólo el principio: el campo de batalla está ahora dentro del alma de
cada uno de nosotros. Es necesario exorcizar al anticristo, a las
semillas del anticristo y de la rebelión que han sido plantadas en los
cuatro cuadrantes del ser a causa de nuestra asociación con los caídos y
con la generación de rezagados.
Cuando los caídos fueron arrojados a
la Tierra, muchos de ellos fueron forzados a encarnar por edicto de los
Señores del Karma, y por lo tanto, están entre nosotros. Hay ángeles
caídos en encarnación que promueven filosofías y movimientos del
anticristo, dirigiendo a los hijos de Dios hacia todo tipo de
perversiones, instigando la corrupción en el gobierno, en la economía de
todas las naciones de la Tierra. Constituyen un grupo de individuos
muy peligroso, ya que poseen el poder de las huestes angelicales, y por
tanto son capaces de transmitir sentimientos intensos mediante su cuerpo
emocional, pues antes de encarnar ya contaban con tal acumulación de
energía.
Después de que estas huestes de
caídos encarnaran, muchos de entre las huestes celestiales de la luz que
no cayeron se ofrecieron para encarnar y así contrarrestar la labor de
los ángeles caídos. Y, por tanto, hay muchos ángeles caminando la
Tierra que sirven a la luz: ayudan a la humanidad, llevan la llama del
amor, son instructores, etc. Y muchos de esos ángeles de luz se hallan
entre los chelas que forman el grupo de estudiantes de los maestros
ascendidos, ya que desean conocer las enseñanzas para mostrar a la
humanidad el camino a seguir.
Por consiguiente, desde que
encarnamos en el planeta, no importa a qué categoría pertenezcamos, ya
seamos hijos e hijas de Dios, de la cuarta, quinta o sexta razas raíz
que encarnaron subsecuentemente, o ya sea que pertenezcamos a las
huestes angelicales que vinieron a rescatar a los hombres o que
viniéramos con Sanat Kumara o de otros planetas a unirnos a esta misión
de rescate, cualquiera que sea la categoría de la que formemos parte, la
mayoría de nosotros, hasta este momento presente de la revelación de
las enseñanzas de los maestros ascendidos, nos hemos olvidado de la
historia de la caída (la historia de la razón por la cual estamos
aquí), de lo que está ocurriendo, de por qué amamos la luz, y, sin
embargo, seguirnos enredados en situaciones de oscuridad y karma tanto
con almas de la luz como con almas de la oscuridad.
LA MENTIRA DE LOS CAÍDOS
Llegado este punto resulta que,
después de unirnos a esta misión de rescate de una forma u otra y
encarnar, nos hemos olvidado de por qué estamos aquí y de quiénes
somos. Nadie nos había dicho que tuviéramos una Presencia YO SOY, y el
velo de maya se ha hecho demasiado grueso.
Sin un instructor no podríamos saber
qué camino tomar. Nos creíamos la mentira de los caídos de que sólo
existe un hijo de Dios. Aceptamos la condenación en masa de los
luciferinos, de quienes se habla en el libro del Apocalipsis: “Éste es
el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro
Dios día y noche” (Ap. 12:10). El “acusador de los hermanos” es otro
nombre por el que se conoce a Lucifer, quien acusa y condena a las almas
de luz, amplificando y atrayendo de continuo esa condenación hasta que
los hijos de la luz se sienten totalmente indignos, se dejan llevar por
la conciencia colectiva y cesan de defender la verdad porque no
comprenden que ésta se encuentra en su interior.
Sucede que mientras nuestras
interacciones hemos hecho karma. Hemos reaccionado ante los caídos: su
ira se ha apoderado de nosotros, y hemos actuado por venganza. Por
tanto, las madejas del karma nos han enredado, nos han atado a ellos, a
veces de forma muy personal e incluso en el contexto familiar. Por eso a
menudo conviven en la misma seres de luz con personas que la detestan,
de manera que resulta fácil explicarse cómo este tipo de situaciones
pueden generar conflicto y división.
Casi sin excepción (y es importante
no caer en ese orgullo espiritual que nos hace pensar que somos una
excepción) los hijos de la luz de la Tierra han absorbido las
influencias de los caídos. Sin siquiera darnos cuenta, hemos asimilado a
niveles subconscientes su filosofía, su estilo de vida, su moralidad,
poniendo como prioridad el llevar una “buena vida”. “A vivir, que son
dos días”: éste es el lema de los luciferinos, pues saben que al final
habrán de pasar por la segunda muerte. Así que enseñan esta doctrina a
los hijos de la luz, incitándoles a rendir culto al placer a la
esclavitud de la sensualidad, haciendo que, a la postre, pierdan sus
almas.
Los caídos, sabiendo que serán
eliminados, sólo tienen un objetivo: “Si hemos de desaparecer –afirman–,
arrastraremos con nosotros a los hijos de la luz”. Por esa razón
continúan actuando como lo hacen. Serían capaces de acabar con un
planeta tan sólo para poder llevar consigo a las almas de quienes les
apoyaran en tamaña empresa.
Han establecido falsos tipos de
gobierno, llevando a los individuos a su terreno. El nazismo es un
claro ejemplo de gobierno de los caídos, en el que un mago negro
encarnado fue utilizado para arrastrar a millones de hijos de la luz
hacia la beligerancia a través de la intensidad de su voz, del sonido de
tambores, de compases militares y del concepto de ser una raza superior
proclamado con exultación.
Apelando al orgullo que los luciferinos
habían implantado en los hijos de la luz, se les hizo caer en una
hipnosis en masa y fueron atraídos por el magnetismo de ese orgullo.
Ello ha ocurrido una y otra vez: las civilizaciones se han alzado para
acabar sucumbiendo como resultado de la intrusión de los luciferinos en
los niveles superiores del gobierno y de una siquiera leve perversión de
la verdadera filosofía del Cristo y del Dios Todopoderoso.
En la Luz de Cristo,
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