LUZBY BERNAL

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jueves, 23 de diciembre de 2010

Cristo ~ Empieza por ti mismo.
. “¿Cómo ves la paja en el ojo de tu hermano y no te percatas de la viga en el tuyo? O ¿cómo osas decir a tu hermano: quiero quitar la paja de tu ojo?; y he aquí que hay una viga en tu ojo. Hipócrita, quita primero la viga de tu propio ojo, y sólo entonces verás con claridad, para poder quitar la paja del ojo de tu hermano. (Cap. 27, 2)


Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Sólo habla constantemente sobre la paja en el ojo de su prójimo el hombre que no se percata de la viga en el propio ojo. Sólo se empeña en querer sacar la paja del ojo de su hermano el que no conoce su propia forma de pensar y vivir. Quien no se conoce ni conoce su viga —los pecados en el alma, que se reflejan en sus propios ojos—, no tiene ojos para la verdad. Su vista está nublada por el pecado. Ve entonces en el prójimo sólo lo que también él mismo es aún: un pecador. Sólo quien transforma la viga que hay en su propio ojo, ve cada vez más claro. Entonces podrá ver cada vez más claramente la paja en el ojo de su hermano y —obrando conforme a la ley del amor al prójimo— serle de ayuda para eliminarla.

Por tanto, quien habla negativamente de sus semejantes, los desvaloriza y habla mal de ellos, no conoce sus propias faltas.

¡Por sus frutos los reconoceréis! Cada cual muestra quién es —es decir, sus frutos—. Quien se irrita a causa de sus semejantes y se burla de ellos, está mostrando quién es realmente.

Quien primero se desprenda de su propia falta, también será capaz de ayudar a su prójimo. Por eso, es un hipócrita todo el que habla despreciativamente de las faltas de su hermano —sin notar la viga en su propio ojo.


El Sermón de la Montaña
http://www.universelles-leben.org/cms/es/quienes-somos/el-sermon-de-la-montana.html

TRABAJADORES DE LA LUZ

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Cristo ~ No misiones.



 “No deis lo sagrado a los perros, ni arrojéis vuestras perlas a las cerdas, no sea que las aplasten con los pies y, dándose vuelta, os destrocen. (Cap. 27, 3)


Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:


No concuerda con la ley eterna del libre albedrío el que vayáis con las palabras de la verdad de un lugar a otro, de casa en casa, haciendo uso de vuestras artes de convicción y persuasión, misionando a cuantos están a vuestro alcance; pues esto significaría que no santificáis la verdad y que hacéis lo que está escrito muy gráficamente: “no deis lo sagrado a los perros, ni arrojéis vuestras perlas a las cerdas”. No debéis, pues, imponer la palabra de Dios a vuestro prójimo. Quien cree que su prójimo debería creer y aceptar aquello de lo que él cree estar convencido, aún tiene dudas, y pone en entredicho su propia fe.

Misionar significa querer convencer. Quien quiere convencer, todavía no está convencido en su interior de lo que preconiza.

Sed, por el contrario, buenos ejemplos de vuestra fe, y no misionantes. Podéis ofrecer el patrimonio de vuestra fe y dejar a cada cual la libertad de querer creer en ello o no, y de querer participar o no con vosotros.

La libertad en Dios es un aspecto de la ley eterna. Si vuestro prójimo viene a vosotros por libre voluntad, y pregunta acerca de vuestra fe, él está dando el primer paso hacia vosotros; y, quien tenga fe, se acercará a su prójimo y le contestará.

Quien esté unido por lazos de unión divinos a su prójimo, no lo atará a su fe —sino solamente le participará tanto cuanto él mismo haya reconocido y realizado—. Sólo quiere atar al prójimo a su fe, aquel que ha desarrollado poco amor desinteresado.

Por tanto, precaveos de los fanáticos, que quieren persuadiros para que aceptéis su fe. Ofreced la verdad eterna de palabra y por escrito —y vivid vosotros mismos conforme a ella—; entonces se os acercarán los que hayan reconocido la vida en sí mismos.


El Sermón de la Montaña
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TRABAJADORES DE LA LUZ