martes, 13 de enero de 2015
jueves, 8 de enero de 2015
Parashá Vaerá - Y me aparecí Libro Shemot / Éxodo (6:2 a 9:35)
Torá desde Jerusalem
Parashá Vaerá - Y me aparecíLibro Shemot / Éxodo (6:2 a 9:35)
“Y también Yo he escuchado...” (Shemot 6:5)
“Y también Yo he escuchado el grito de los Hijos de Israel a quienes los egipcios esclavizan y he recordado mi pacto”. Acaso ¿necesita que le recuerden? Si, Hashem exige que le recordemos.
Asi encontramos cuando el Todopoderoso exige que Le construyamos el Tabernáculo y nos dice: “Ashú li Mikdash ve Shajanti Betojam”, “Háganme un Tabernáculo y habitaré entre ellos”, a lo que comentaron Nuestros Sabios: no está escrito en él, sino entre ellos. El Tabernáculo no fue ordenado para que el Creador pudiera encontrarse, ya que Su infinidad no tiene cabida en ningún lugar, sino que el Tabernáculo fue obligado para que nosotros lo encontremos a Él.
El rezo, el llanto, la aclamación no son necesarios para Él, y tal como el profeta Eliyahu se burló de los sacerdotes del Baal, cuando en el monte Carmel les dijo: Griten a su dios, a lo mejor está dormido... Nuestro rezo, nuestra aclamación es para nosotros, para que sepamos sobre nuestra dependencia de Él.
“Por lo tanto, di a los Hijos de Israel: Yo soy el Eterno; Yo os sacaré del sufrimiento de Egipto, los liberaré del trabajo y los redimiré con poder y justicia... Y sabrán que Yo soy. Toda la misión del Pueblo de Israel en Egipto y su sufrimiento, fue llegar a esa situación por la que podamos saber.
Y dijo Hashem a Moshé: “Ve al Faraón y le dirás: Asi dijo Hashem: Envía a mi pueblo para que me sirvan”. En diferentes oportunidades le repite Moshé al Faraón la petición de enviar al Pueblo de Israel, pero en todas le exige en virtud del por qué, ya que tenemos una misión: Servir a Hashem.
Esta frase: “Shalaj et Ami Ve Yaabduni”, fue utilizada por ciertas instituciones, en las proclamas contra de la Unión Soviética durante los años del telón de acero y como exigencia por los derechos humanos.
La Halajá advierte y prohíbe usar parte de un párrafo como si fuera completo. Lógicamente, el uso de parte de un párrafo, puede dar un significado totalmente diferente al correcto, pues entonces la razón de la exigencia de enviar al Pueblo de Israel era intrínseca a la petición de Servir a Hashem. Era el derecho que tenía Moshé para pedir la liberación de un pueblo en una época donde la esclavitud era aceptada. ¿Acaso tenemos sangre azul o morada la que nos diferencia de los demás, o solamente por ser hijo de madre judía, o racismo? ¡Diferencias por responsabilidades, si! ¡Racismo, no!.
Los que usaron el slogan “Deja salir a mi pueblo” no solamente que no sabían Torá, sino que usaron una traducción totalmente errada, ya que Shelaj no está en tiempo pasivo sino en imperativo, “envía”. Moshé no rogó sino exigió, y el mismo Faraón reconoció su obligación, pero no conocía a Hashem, ni el nombre le era conocido.
La equivocación no fue tan inocente, sino está claro que no quería conocer la razón de la petición. Querían que fuésemos como todos los pueblos, universalistas, y no en vano muchos de nuestros hermanos errados, fueron los propulsores e idealistas de las grandes revoluciones, exigieron igualdades pero quisieron ser diferentes. En esta controversia se encuentran muchos de nuestros jóvenes que no entienden del interés de los demás por mantener una identidad que niegan.
En cierta ocasión, estando en cierto país me presentaron al rabino de una comunidad neo-constructiva judía, dirigente de una asociación comunista, orgulloso de su ateísmo pero también orgulloso de su ascendencia judía; comunista separatista, judaísmo neo-constructiva. Cuántas contradicciones en una sola persona, lo que nos empuja a querer conservar lo que en publico criticamos?
La misión impuesta por el Creador esta por encima de nuestra elección, por lo que inconscientemente nos vemos forzados a justificarnos.
“Am Jofshí Beartzeno”, “Pueblo libre en nuestra Tierra”, palabras conocidas por todos nosotros en un himno falto de mensaje; en verdad habría que gritar “Pueblo obligado a su Tierra”. Dos mil años de sueños en volver a nuestra Tierra, ¿acaso era para ser como todos los pueblos?
Volvamos a nuestras raíces, sepamos el camino a seguir, conozcamos nuestras obligaciones.
La Torá, el Pueblo de Israel y la Tierra de Israel son tres cabos de una cuerda que no se pueden separar.
“Y también Yo he escuchado el grito de los Hijos de Israel a quienes los egipcios esclavizan y he recordado mi pacto”. Acaso ¿necesita que le recuerden? Si, Hashem exige que le recordemos.
Asi encontramos cuando el Todopoderoso exige que Le construyamos el Tabernáculo y nos dice: “Ashú li Mikdash ve Shajanti Betojam”, “Háganme un Tabernáculo y habitaré entre ellos”, a lo que comentaron Nuestros Sabios: no está escrito en él, sino entre ellos. El Tabernáculo no fue ordenado para que el Creador pudiera encontrarse, ya que Su infinidad no tiene cabida en ningún lugar, sino que el Tabernáculo fue obligado para que nosotros lo encontremos a Él.
El rezo, el llanto, la aclamación no son necesarios para Él, y tal como el profeta Eliyahu se burló de los sacerdotes del Baal, cuando en el monte Carmel les dijo: Griten a su dios, a lo mejor está dormido... Nuestro rezo, nuestra aclamación es para nosotros, para que sepamos sobre nuestra dependencia de Él.
“Por lo tanto, di a los Hijos de Israel: Yo soy el Eterno; Yo os sacaré del sufrimiento de Egipto, los liberaré del trabajo y los redimiré con poder y justicia... Y sabrán que Yo soy. Toda la misión del Pueblo de Israel en Egipto y su sufrimiento, fue llegar a esa situación por la que podamos saber.
Y dijo Hashem a Moshé: “Ve al Faraón y le dirás: Asi dijo Hashem: Envía a mi pueblo para que me sirvan”. En diferentes oportunidades le repite Moshé al Faraón la petición de enviar al Pueblo de Israel, pero en todas le exige en virtud del por qué, ya que tenemos una misión: Servir a Hashem.
Esta frase: “Shalaj et Ami Ve Yaabduni”, fue utilizada por ciertas instituciones, en las proclamas contra de la Unión Soviética durante los años del telón de acero y como exigencia por los derechos humanos.
La Halajá advierte y prohíbe usar parte de un párrafo como si fuera completo. Lógicamente, el uso de parte de un párrafo, puede dar un significado totalmente diferente al correcto, pues entonces la razón de la exigencia de enviar al Pueblo de Israel era intrínseca a la petición de Servir a Hashem. Era el derecho que tenía Moshé para pedir la liberación de un pueblo en una época donde la esclavitud era aceptada. ¿Acaso tenemos sangre azul o morada la que nos diferencia de los demás, o solamente por ser hijo de madre judía, o racismo? ¡Diferencias por responsabilidades, si! ¡Racismo, no!.
Los que usaron el slogan “Deja salir a mi pueblo” no solamente que no sabían Torá, sino que usaron una traducción totalmente errada, ya que Shelaj no está en tiempo pasivo sino en imperativo, “envía”. Moshé no rogó sino exigió, y el mismo Faraón reconoció su obligación, pero no conocía a Hashem, ni el nombre le era conocido.
La equivocación no fue tan inocente, sino está claro que no quería conocer la razón de la petición. Querían que fuésemos como todos los pueblos, universalistas, y no en vano muchos de nuestros hermanos errados, fueron los propulsores e idealistas de las grandes revoluciones, exigieron igualdades pero quisieron ser diferentes. En esta controversia se encuentran muchos de nuestros jóvenes que no entienden del interés de los demás por mantener una identidad que niegan.
En cierta ocasión, estando en cierto país me presentaron al rabino de una comunidad neo-constructiva judía, dirigente de una asociación comunista, orgulloso de su ateísmo pero también orgulloso de su ascendencia judía; comunista separatista, judaísmo neo-constructiva. Cuántas contradicciones en una sola persona, lo que nos empuja a querer conservar lo que en publico criticamos?
La misión impuesta por el Creador esta por encima de nuestra elección, por lo que inconscientemente nos vemos forzados a justificarnos.
“Am Jofshí Beartzeno”, “Pueblo libre en nuestra Tierra”, palabras conocidas por todos nosotros en un himno falto de mensaje; en verdad habría que gritar “Pueblo obligado a su Tierra”. Dos mil años de sueños en volver a nuestra Tierra, ¿acaso era para ser como todos los pueblos?
Volvamos a nuestras raíces, sepamos el camino a seguir, conozcamos nuestras obligaciones.
La Torá, el Pueblo de Israel y la Tierra de Israel son tres cabos de una cuerda que no se pueden separar.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón
Parashá Shemot - Nombres Libro Shemot / Éxodo (1:1 a 6:16)
Torá desde Jerusalem

Parashá Shemot - NombresLibro Shemot / Éxodo (1:1 a 6:16)
Parashá Shemot - NombresLibro Shemot / Éxodo (1:1 a 6:16)
“Y estos son los nombres...” (Shemot 1:1)
Nos indica Rashi que la Torá especificó: “Y Yosef se encontraba en Egipto...”, y la Torá lo incluyó dentro de los setenta miembros de la familia de Yaacob, para enseñarnos el hecho de que aunque Yosef vivió catorce años sólo en Egipto, no cambió de ser: el mismo Yosef que conoció Yaacob antes de ser vendido por sus hermanos. Era el mismo Yosef, catorce años después cuando se dio a conocer a ellos.
La condición del Pueblo de Israel nos la señala la Torá en el párrafo: “Vecahasher Yaanu oto ken Yirbé vehén Yifrosh” (conforme lo afligían, así se incrementaba y se fortalecía). A lo largo de nuestra historia, hemos comprobado esa realidad del Pueblo, que en contra de toda la lógica, cuanto más es perseguido y odiado, el Pueblo se refuerza, así como todas sus grandes desgracias y hecatombes, sobrevinieron tras una época de florecimiento y bienestar en la que llegaron a olvidar la razón de su existencia, y quisieron asimilarse al mundo que los rodeaba. La inquisición y el genocidio, como ejemplos de nuestra realidad, comenzaron donde el judío se sentía identificado en el ámbito que los rodeaba.
Yosef Hatzadik tras doce años de su vida transcurridos en prisión, tras haber vivido como mayordomo de Potifar, dos años de virrey de Egipto, ni las vestimentas, ni las costumbres de la corte, ni la miseria de la prisión, lo hicieron cambiar.Es el mismo Yosef, externamente vestido de egipcio, internamente viviendo la discusión y el estudio con su padre Yaacob, y aún recuerda el tema con el que se separaron.
“Y temieron las parteras de Hashem y no hicieron como les indicó el rey de Egipto e hicieron vivir a los niños”. Y temieron... la expresión temer en hebreo tiene la misma raíz que ver, pues temer, a diferencia de tener miedo, es ver la verdad y las parteras no tuvieron miedo del castigo sino vieron lo que podían ocasionar con su comportamiento: la salvación de todo el Pueblo de Israel, y al nivel del valor de los hechos la recompensa: “Y por lo que temieron las parteras de Hashem Les hizo casas” a lo que comenta Rashi, casas de reyes y sacerdotes, levitas de Yojevet y reyes de Miriam.
No queda duda de que la bendición de Hashem no deja esperar y el buen comportamiento y la mejor bendición que podamos recibir, como nos dijo la Torá en la parashá Ree en la que nos anuncia Hashem y nos dice: “Observa que pongo hoy delante tuyo bendición y ... La berajá que escuchen a las obligaciones que Hashem...”. La bendición verdadera es escuchar la voz del Todopoderoso, de igual manera que la verdadera recompensa que puede recibir un hijo por escuchar los buenos consejos de su padre, es en verdad el consejo en sí mismo, la buena educación, el buen comportamiento..., mucho más de lo que el padre físicamente le puede recompensar. En nuestra pobre mentalidad en la que sólo alcanzamos ver lo material, a veces nos quedamos con la triste sensación de sordos en el espacio, pero todo lo contrario es la realidad, no existe el menor de los hechos por insignificativo que parezca que no se “grabe”. Como dijo el Talmud: Hasta la conversación mas insignificativa verán las paredes de su casa y atestiguaran sobre ella. Sobre el valor e importancia de nuestros hechos o movimientos podremos darnos cuenta el “cómo” un simple movimiento de los labios a veces es percibido como una duda de lo que se trata y el resultado de ese pequeño movimiento quien sabe hasta dónde puede llegar.
El universo con toda su complejidad y grandeza fue creado para nosotros, y en nosotros se encuentra su continuidad y comportamiento. Qué responsabilidad la que nos encomendó el Creador, acaso ¿somos capaces de afrontar una responsabilidad como esa? En verdad tendríamos que aceptar la verdad negativa, pero debemos reconocer que nuestra capacitad es solo un incentivo y es Él el que lo realiza, como dijo el Talmud: No hay quien mueva ni un solo dedo si no es por la ayuda del Creador. “El hombre propone y Hashem dispone”.
Nuestra obligación se encuentra en el esfuerzo: “Le fum Zahará Agrá” según el esfuerzo el valor, el intento, el deseo, nuestro objetivo. La realidad y la consecuencia no se encuentran en nuestras posibilidades. Hay que tener méritos hasta para poder realizar los buenos hechos: “Arvé Shelijim LaMakom”, muchos mensajeros tiene el Creador.
Quiera el Todopoderoso que seamos elegidos para buenas obras y nunca participemos en la realización de hechos negativos.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón
viernes, 2 de enero de 2015
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Parashá Vayeshev - Y salió Libro Bereshit / Génesis (32:4 a 36:43)
Torá desde Jerusalem
Parashá Vayeshev - Y salióLibro Bereshit / Génesis (32:4 a 36:43)
“Y fue en aquel momento...” (Bereshit 38:1)
La parashá de esta semana, Vayéshev, es una parashá llena de relatos que nos enseñan pilares fundamentales para nuestra educación. Ya hemos comentado anteriormente sobre los conceptos del Lashón Hará y la preferencia que tenía Yaacob por su hijo Yosef, los hechos encubiertos que Yosef contaba a su padre, así como el haberle regalado una túnica de rayas a diferencia de los demás hermanos, sucesos que causaron indirectamente la emigración del pueblo de Israel y más tarde la esclavitud en Egipto.
En este comentario pondremos atención al mensaje de la Torá sobre la responsabilidad de nuestras actitudes.
Nos relata la Torá: “Y fue en aquel momento en el que descendió Yehudá de con sus hermanos...”, a lo que nuestros Sabios comentan: Yehudá fue rechazado por sus hermanos por la venta de Yosef a los ismaelitas mientras podía haberlos convencido de devolverlo a su Padre; tendríamos que preguntarnos si no debiéramos alabarlo por su intento de salvarlo de una muerte segura en un pozo lleno de culebras y escorpiones, como se aprende del Talmud donde está escrito, pozo vacío que no tiene agua. Si está vacío está claro que no tiene agua, de lo que aprendieron nuestros Sabios: agua no tiene, culebras y escorpiones sí tenía.
¿Por qué fue desconsiderado Yehudá a los ojos de sus hermanos? ¡Si su intención fue positiva!. La razón es muy sencilla: la persona es criticada no solamente por lo que hizo sino también por lo que pudo hacer y no hizo. Yehudá como influyente que era entre sus hermanos, podía haberlos convencido de liberar a Yosef de la misma manera como los convenció de salvarlo y venderlo a los mercaderes.
Aunque la sencillez y la humildad son condiciones humanas por excelencia, hasta el nivel que la única cualidad con que fue calificado Moshé Rabenu: “Ve haish Moshe Anav Meod”, “Y Moshé era muy humilde”, la persona debe sentir que toda la Creación no fue realizada sino para él, sentirse el dueño del mundo, ¡Qué responsabilidad!.Así ordenó el Creador al primer hombre: “Y tomó el Eterno a Adam y lo colocó en el Edén para que lo labrara y lo guardara”. Qué responsabilidad la del cuidado del Edén.
Las condiciones y cualidades con las que nos agració el Creador son más que un regalo, es una responsabilidad, ya que las exigencias a las que somos encomendados, dependen de nuestra capacidad. Ya dijo el Talmud en el Tratado de Yomá (35,b) que la prueba de la riqueza es más difícil que la prueba de la pobreza, aunque todos estamos en prueba. Tres culpan a todos: Hilel a los pobres, Rabí Elázar ben Jarsum a los ricos, y Yosef Hatzadik a los agraciados.
Acaso ¿un pobre se puede excusar delante de Hashem por no estudiar Torá o cumplir mitzvot dada sus necesidades económicas?. O, acaso hubo alguien más pobre que Hilel que, como según cuenta el Talmud se mantenía por su trabajo de leñador, y la mitad de sus ingresos la destinaba a pagar para que le dejaran entrar a estudiar en el Bet Hamidrash de Shamayia y Avtalión, y una noche de Tevet (en invierno) no habiendo conseguido el sustento suficiente para poder pagar, tuvo que subirse al techo del Bet Hamidrash para que desde la chimenea pudiera escuchar las enseñanza de sus maestros. Era víspera de Shabat y no sintió la nieve que caía, hasta que quedó cubierto y congelado, y al amanecer Shamayia y Avtalión vieron cómo la figura de un cuerpo cubría el vitral del techo. Shamayia y Avtalión bendijeron a Hillel, ya que en casos como el suyo, no solamente está permitido profanar el Shabat para salvarlo, sino que es una mitzvá profanarlo.
Rabí Elázar ben Jarsum condena a los ricos, ya que cuenta el Talmud que aunque su padre le había dejado una gran fortuna, no aceptó, aún bajo las amenazas de sus trabajadores, el dejar de estudiar Torá, para cuidar su herencia.
Yosef que con todas las pruebas a las que fue expuesto, la venta de sus hermanos, la mujer de Potifar con todos sus intentos de seducirlo para que conviviera con ella, en ninguna de ellas olvidó su obligación.
Asimismo, nos comenta el Talmud sobre Rabí Nahum Ish Gam Zo, quien después de encontrarse con un moribundo en el camino y por no haberse apresurado para salvarlo, exigió justicia para consigo mismo causándose una gangrena que dominó todas sus articulaciones, al punto que tuvieron que colocar las patas de su cama en baldes de agua para que las hormigas no llegaran a lamer su carne maloliente, y pese a su situación y sufrimiento criticó a sus alumnos por qué no entraban a estudiar con él, a lo que le respondían que el olor de la putrefacción era tan fuerte, que no podían ni entrar.
Tres condenan a todos dice el Talmud, sin tomar en cuenta la infinidad de casos ejemplares como el de Rabí Nahum, ejemplos de entrega, bondad, sacrificio, sufrimientos etc., que la historia de nuestro Pueblo puede ofrecernos como guía en nuestra vida.
La parashá de esta semana, Vayéshev, es una parashá llena de relatos que nos enseñan pilares fundamentales para nuestra educación. Ya hemos comentado anteriormente sobre los conceptos del Lashón Hará y la preferencia que tenía Yaacob por su hijo Yosef, los hechos encubiertos que Yosef contaba a su padre, así como el haberle regalado una túnica de rayas a diferencia de los demás hermanos, sucesos que causaron indirectamente la emigración del pueblo de Israel y más tarde la esclavitud en Egipto.
En este comentario pondremos atención al mensaje de la Torá sobre la responsabilidad de nuestras actitudes.
Nos relata la Torá: “Y fue en aquel momento en el que descendió Yehudá de con sus hermanos...”, a lo que nuestros Sabios comentan: Yehudá fue rechazado por sus hermanos por la venta de Yosef a los ismaelitas mientras podía haberlos convencido de devolverlo a su Padre; tendríamos que preguntarnos si no debiéramos alabarlo por su intento de salvarlo de una muerte segura en un pozo lleno de culebras y escorpiones, como se aprende del Talmud donde está escrito, pozo vacío que no tiene agua. Si está vacío está claro que no tiene agua, de lo que aprendieron nuestros Sabios: agua no tiene, culebras y escorpiones sí tenía.
¿Por qué fue desconsiderado Yehudá a los ojos de sus hermanos? ¡Si su intención fue positiva!. La razón es muy sencilla: la persona es criticada no solamente por lo que hizo sino también por lo que pudo hacer y no hizo. Yehudá como influyente que era entre sus hermanos, podía haberlos convencido de liberar a Yosef de la misma manera como los convenció de salvarlo y venderlo a los mercaderes.
Aunque la sencillez y la humildad son condiciones humanas por excelencia, hasta el nivel que la única cualidad con que fue calificado Moshé Rabenu: “Ve haish Moshe Anav Meod”, “Y Moshé era muy humilde”, la persona debe sentir que toda la Creación no fue realizada sino para él, sentirse el dueño del mundo, ¡Qué responsabilidad!.Así ordenó el Creador al primer hombre: “Y tomó el Eterno a Adam y lo colocó en el Edén para que lo labrara y lo guardara”. Qué responsabilidad la del cuidado del Edén.
Las condiciones y cualidades con las que nos agració el Creador son más que un regalo, es una responsabilidad, ya que las exigencias a las que somos encomendados, dependen de nuestra capacidad. Ya dijo el Talmud en el Tratado de Yomá (35,b) que la prueba de la riqueza es más difícil que la prueba de la pobreza, aunque todos estamos en prueba. Tres culpan a todos: Hilel a los pobres, Rabí Elázar ben Jarsum a los ricos, y Yosef Hatzadik a los agraciados.
Acaso ¿un pobre se puede excusar delante de Hashem por no estudiar Torá o cumplir mitzvot dada sus necesidades económicas?. O, acaso hubo alguien más pobre que Hilel que, como según cuenta el Talmud se mantenía por su trabajo de leñador, y la mitad de sus ingresos la destinaba a pagar para que le dejaran entrar a estudiar en el Bet Hamidrash de Shamayia y Avtalión, y una noche de Tevet (en invierno) no habiendo conseguido el sustento suficiente para poder pagar, tuvo que subirse al techo del Bet Hamidrash para que desde la chimenea pudiera escuchar las enseñanza de sus maestros. Era víspera de Shabat y no sintió la nieve que caía, hasta que quedó cubierto y congelado, y al amanecer Shamayia y Avtalión vieron cómo la figura de un cuerpo cubría el vitral del techo. Shamayia y Avtalión bendijeron a Hillel, ya que en casos como el suyo, no solamente está permitido profanar el Shabat para salvarlo, sino que es una mitzvá profanarlo.
Rabí Elázar ben Jarsum condena a los ricos, ya que cuenta el Talmud que aunque su padre le había dejado una gran fortuna, no aceptó, aún bajo las amenazas de sus trabajadores, el dejar de estudiar Torá, para cuidar su herencia.
Yosef que con todas las pruebas a las que fue expuesto, la venta de sus hermanos, la mujer de Potifar con todos sus intentos de seducirlo para que conviviera con ella, en ninguna de ellas olvidó su obligación.
Asimismo, nos comenta el Talmud sobre Rabí Nahum Ish Gam Zo, quien después de encontrarse con un moribundo en el camino y por no haberse apresurado para salvarlo, exigió justicia para consigo mismo causándose una gangrena que dominó todas sus articulaciones, al punto que tuvieron que colocar las patas de su cama en baldes de agua para que las hormigas no llegaran a lamer su carne maloliente, y pese a su situación y sufrimiento criticó a sus alumnos por qué no entraban a estudiar con él, a lo que le respondían que el olor de la putrefacción era tan fuerte, que no podían ni entrar.
Tres condenan a todos dice el Talmud, sin tomar en cuenta la infinidad de casos ejemplares como el de Rabí Nahum, ejemplos de entrega, bondad, sacrificio, sufrimientos etc., que la historia de nuestro Pueblo puede ofrecernos como guía en nuestra vida.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón
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