LUZBY BERNAL

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domingo, 10 de abril de 2011

La Máquina de Dios - Gran Colisionador de Hadrones (LHC)

18 Agosto 2010
del Sitio Web ABC
Mediante la publicitada “Máquina de Dios” se ha puesto en marcha el mayor experimento del siglo con relación a la probabilidad de la teoría del 'Big Bang'.
Científicos de todo el mundo, agrupados en la Organización Europea de la Física Nuclear (CERN), crearon durante 20 años una supermáquina para recrear las condiciones más primordiales y energéticas que, se piensa, hubo en el Universo embrionario.

El ser humano puede estar perdiendo el romanticismo de una noche de amor bajo la luna, pero su curiosidad sobre cómo se formó el universo persiste y avanza. Hoy, la ciencia trae sus pruebas sobre el principio del universo.
El nombre de “máquina de Dios” es producto de la prensa; su verdadera denominación es “gran colisionador de hadrones” (LHC); igualmente, lo que se llama “partícula de Dios” es el bosón de Higgs.
Champán por el bosón de Higgs
En 1993, el ministro británico de Ciencia, William Waldegrave, reparó en que su gobierno estaba gastando mucho dinero en la búsqueda del “bosón de Higgs”, y dijo:
“No sé si financiaré la búsqueda del bosón de Higgs, pero le pago una botella de champán a quien logre explicarme qué es”.
El físico, cosmólogo y divulgador científico Stephen Hawking apostó alguna vez 100 dólares a que no se encontraría el bosón de Higgs.
Ciertamente, el objetivo principal del LHC es hallar el famoso bosón que explicaría por qué las partículas elementales tienen masa y por qué las masas son tan diferentes entre ellas.
Mediante la colisión de hadrones se busca reproducir las condiciones físicas que dieron lugar al universo.
¿Qué sucederá si el experimento resulta un éxito y el boson de Higgs aparece en el LHC en los próximos años? Si existe debe ser un componente integral del mundo material. Si no existe, también sería un descubrimiento fascinante.
Querría decir que hay otras posibilidades para explicar la masa, en las que no se ha pensado, y habrá que modificar el modelo estándar de la física de partículas en sus fundamentos más básicos.
 

Mucha máquina, mucha plata
 
El LHC está destinado a provocar el choque frontal de hasta 2.808 paquetes de protones que son acelerados a una velocidad cercana a la de la luz y que se cruzan hasta 30 millones de veces por segundo en cuatro puntos (multiplica por 10 la potencia del Tevatrón de EE.UU, que, hasta ahora, era el acelerador más potente del mundo).
Al colisionar partículas por medio de una aceleración generada por enormes campos magnéticos, se puede lograr obtener “fragmentos” de las partículas y ver de qué están compuestas y cómo se comportan al colisionar; esto tiene vital importancia para conocer a la materia misma.
Para que la enorme velocidad que se imprime a los protones no los haga salirse por la tangente, se requiere trasportarlos a través de una circunferencia muy grande y mantenerlos en su ruta mediante potentes y gigantescos electroimanes que operan a unos 271 grados bajo cero.
El LHC es el lugar más frío del planeta. Mediante fotografías, los científicos estudian qué sucede inmediatamente después de la colisión.

El diseño del gran colisionador de hadrones se hizo en 10 años, fue aprobado en 1995 y su construcción ha llevado más de 9 años. Desde su inicio hasta la inauguración del 30 de marzo de 2010, el LHC costó 3.900 millones de euros.
En el LHC participan alrededor de 10.000 científicos de 80 países. (atronomos.net.23/lhc)
 

El primer mini-big bang

Miles de investigadores de todo el mundo han celebrado el 30 de marzo pasado la primera colisión con una energía jamás alcanzada en un experimento científico.
Con todo el dispositivo ha alcanzado la mitad de la energía para la cual ha sido diseñado.
En los primeros grandes choques, el LHC ha dado el bosón W, partícula que ya se conocía pero que los científicos tardaban meses en crear. El LHC lo ha logrado en solo un mes. Sin embargo, lo más espectacular ha sido generar una partícula de antimateria, aunque haya sido por apenas 1.5 milésimas de nano-segundo.
Hay que destacar que la confirmación de que existe antimateria plantea muchas preguntas de difícil resolución, ya que esa sustancia no existe en nuestro universo.
“Científicamente solo es posible observar un 4% de la energía y materia total del universo, por lo tanto - dicen los científicos - podemos inferir que la respuesta al misterio de la antimateria se encuentra en la parte desconocida del mismo”.
(teknociencia.com)

 
Competencia mundial
 
La máquina matemática que los físicos llaman “modelo estándar” (elaborada en 1970) es un conjunto de ecuaciones que describe cada forma conocida de la materia, desde los átomos más cercanos hasta las galaxias más lejanas.
En él se describen tres de las cuatro fuerzas en la naturaleza: la fuerte, la débil y las interacciones electromagnéticas. A pesar de sus exactitudes, este poderoso modelo estándar está lejos de ser perfecto y lo más preocupante es que ha resistido todos los intentos por incorporar la última fuerza fundamental: la gravedad.
El gran colisionador de hadrones es el favorito para romper aquel modelo.
Pero no está solo en el juego; en otras partes del mundo, se han diseñado experimentos similares, aunque más pequeños, en busca de elusivas partículas que podrían explicar cómo se formó el cosmos.
 

¿El avance o el fin?

¿Para qué servirá encontrar la masa del universo? ¿Podrá esto mejorar nuestros problemas diarios, el cáncer, desbordes socioeconómicos, ambientales…?
Para el Prof. Gerardo Herrera, del grupo de científicos detrás del LHC, responde:
“Precisamente, trabajamos en esto porque consideramos que tiene una implicación enorme en todo eso.
No siempre la consecuencia es directa o inmediata en esos problemas. Actualmente, la nueva tecnología para tratar los cánceres, especialmente los que se encuentran muy cerca del nervio óptico o de la espina dorsal, proviene de la radiación con protones, los mismos que usamos aquí para estudiar las colisiones.
La tecnología que se desarrolló para hacer estos haces de protones para estudiar la naturaleza es la tecnología que se está utilizando para curar el cáncer”.
(BBC Mundo, Ciencia y Tecnología).
Con las esperanzas científicas de mejorar la vida, sobreviene también lo opuesto: el temor de que las colisiones del LHC formen un agujero negro que atraiga toda la materia a su alrededor y pueda destruir el planeta.
Esto ha sido negado tajantemente por los científicos; sin embargo, investigadores de universidades estadounidenses dicen que es posible y se han basado en las ecuaciones de Einstein que sugieren que la formación de un agujero negro es posible en el LHC, aunque su detención llevará mucho tiempo.

Aclarando las partes
  • El gran colisionador de hadrones (LHC, por Large Hadron Collider): es una máquina gigantesca con 27 Km. de circunferencia en un túnel subterráneo octogonal. La máquina está enclavada en roca sólida, a 100 metros de profundidad en los aledaños de Ginebra (entre Suiza y Francia).
     
  • Hadrón: Es una partícula subatómica que experimenta la interacción nuclear fuerte. Puede ser una partícula elemental o compuesta. Los neutrones y protones son ejemplos de hadrones.
     
  • Antimateria: Está presente en el espacio “vacío” del universo, que en realidad está lleno de energía.
     
  • Bosón de Higgs: Hipotética partícula subatómica crucial para la comprensión actual de la física. De existir el bosón de Higgs explicaría cómo las partículas adquieren masa.
http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/ciencia_colisionadorhadro...

La Máquina de Dios - Gran Colisionador de Hadrones (LHC)

CUSI HUASI

miércoles, 5 de enero de 2011

ATEISMO,FE Y RAZON


ATEÍSMO, FE Y RAZÓN

apologista | enero 5, 2011 at 9:53 pm | URL: http://wp.me/p6Hrw-89Q
Por el Ingº Leonardo Altamar Lara
(PRIMERA PARTE)
La percepción general respecto al ateísmo lo ubica dentro de la corriente “intelectual” moderna. La misma percepción, por implicación, ubica al teísmo dentro de un margen poco privilegiado, por decir lo menos, asociado al fanatismo y a culturas retrogradas, intolerantes, enemigas del progreso y avance de las ciencias. Pero ambas percepciones representan verdades a medias y generalizaciones subjetivas que es necesario analizar y digerir para asumir una opinión coherente con la razón.
En términos generales se entiende por ateísmo al rechazo a la creencia en dioses o deidades, en contraposición al teísmo que es la creencia en al menos, una deidad. El ateísmo afirma que no existe realidad alguna más allá de la naturaleza (materia y energía), mientras el teísmo, sin negar la existencia de lo natural, cree que hay una realidad causal que trasciende tiempo y espacio.
En un sentido más explícito, en el ateísmo  se pueden distinguir dos proposiciones:
- La ausencia de creencia en Dios. Es decir, la consideración de que es totalmente innecesario el concurso de Dios para dar sentido y respuesta a la existencia de hombre y su entorno, pero sin aportar pruebas contra la existencia Divina.
- La negación explícita de la existencia de Dios. Basada en presuntas evidencias racionales, científicas y humanistas que excluyen o contradicen la existencia de Dios.
Hasta este punto el ateísmo se afirma como una postura filosófica, pero más allá de esto soporta sus postulados en lo que considera asideros científicos que dan concreción a su doctrina. Estos dos enfoques (el filosófico y el científico) han constituido la arena del ya histórico debate que subjetivamente se ha catalogado como la “batalla entre la fe y la razón”. Pero, ¿es realmente acertado establecer esta división entre razón y fe?, y más aún, ¿puede el  ateísmo adjudicarse el monopolio de la razón?
Dado el carácter racional en el que se ha querido fundamentar al ateísmo, es coherente que bajo el análisis objetivo de sus argumentos, sea probada su fidelidad a la lógica y el sentido común. Como compensación, se aportarán del teísmo cristiano algunos argumentos, no en favor de sistemas religiosos, sino la sustentación según la razón para la creencia en el Dios de la Biblia. 
A fin de que esta disertación provea algún beneficio personal, se han escogido tres temas alusivos a la cotidianidad humana, a saber:
1. El origen del universo
2. La existencia humana y el problema moral
3. La creencia en Dios y la existencia del mal
1. EL ORIGEN DEL UNIVERSO
El ateísmo, desde su percepción naturalista ha asumido diversas teorías sobre el origen del universo, a fin de sustentar la aparente incompetencia del enfoque teísta y de aportar evidencia en  su contra. De esas teorías se pueden distinguir tres categorías o modelos cosmológicos; una de estas es la que afirma que el universo tal como lo conocemos no tiene edad. Señala, entre otras cosas, que si hubiera que asignarle un número a la antigüedad del universo solo  podría ser “α” (infinito), en otras palabras, la historia del universo es una constante sin principio y sin fin;  lo que se conoce como modelo cosmológico estacionario.
Otros consideran que la historia del universo (o universos), es una secuencia infinita de ciclos. A manera de ejemplo tenemos “La Gran Explosión”, o Big Bang. En este acaso, el universo es producto de la explosión de un cúmulo de materia y energía que pasa a expandirse, degradarse y comprimirse, para volver a estallar y repetir el ciclo, que ha venido ocurriendo y ocurrirá desde y hasta “los siglos de los siglos” (léase infinitamente). Esto es lo que se denomina modelo cosmológico cíclico.
Otro grupo no se aventuran más del allá de un “único”  Big Bang, al que la ciencia mediante avanzadas técnicas de datación ha calculado hasta ahora una antigüedad de 13.700.000.000 (trece mil setecientos millones de años). Antes de esto no especulan siquiera en la existencia de “algo”. Analicemos entonces, en el marco de la lógica y la ciencia, estas teorías.
 En primer lugar, el modelo cosmológico estacionario fue prácticamente descartado a partir de 1960, cuando bajo el peso de la evidencia científica obtenida por medio de la observación y posteriormente, con el descubrimiento de la “radiación de fondo de microondas” (1965) fue relegada como poco creíble. Para nadie es un secreto hoy que el universo no es inmutable.
Por otro lado, los modelos cíclicos, basados o no el Big Bang, presentan ciertos inconvenientes científicos. Por ejemplo, el uso del término “infinito” como expresión matemática es solo una idea que nos aproxima a un concepto demasiado extenso para ser cuantificado.
David Hilbert, matemático alemán de reconocida influencia a nivel mundial (finales del siglo XIX, comienzos del XX, que incluso se anticipó a corregir errores de Einstein en la Teoría de la Relatividad); dijo respecto al concepto:el infinito no es algo que se pueda encontrar en la realidad, ni existe en la naturaleza ni provee una base legítima para razonar. La tarea que el infinito toma es solamente ser una idea”.  Esto nos lleva a entender que la base matemática del modelo cosmológico cíclico, tiene muy poca capacidad para simular la realidad, por lo tanto no alberga la legitimidad que la razón y la ciencia requieren.
En ese mismo sentido, el problema del modelo cíclico se amplía debido al aumento de la entropía, ya que la segunda Ley de la Termodinámica conduce al principio práctico de que cada vez que se repite un ciclo, el universo debería ser mayor en proporciones. Por lo que mirando hacia atrás en una línea de tiempo, cada ciclo implicaría un universo mas pequeño, hasta encontrar en alguna “era remota”, un universo tan pequeño que la materia y la energía comprimidas en él, dan lugar a un primer Big Bang. Este principio deja sin piso la idea de la secuencia infinita, pues por muchas veces que se hubiese repetido la secuencia, siempre habría un principio o punto de partida. Vista entonces la imposibilidad científica de este modelo, es vano seguir profundizando en las incoherencias que lo destruyen.
Nos queda entonces, dentro de la realidad probable, un tercer grupo. Aquellos que no se atreven a especular si “antes” de un único Big Bang existió “algo” o no. Hasta ahora la matemática, la física, la química, la astronomía, y la lógica nos llevan a razonar que necesariamente el universo tuvo un origen y que más allá de él, cualquier “teoría” constituye una improbabilidad científica.
Las deslumbrantes “revelaciones” que científicos ateos, o peor aún, ateos seudocientíficos hacen cada cierto tiempo, no dejan de ser prejuicios cognitivos  que bien afirma el método científico, siempre terminan hundiéndose como falacias. Esto prueba, que no todo lo que un científico dice, tiene el sello de la ciencia. Es aquí donde la mayoría de veces el ateísmo, por sustracción de materia se queda sin respuesta a las preguntas sobre el origen del universo, y abandonan el campo de la ciencia para aventurarse en la filosofía y más concretamente en la metafísica. Pero por el momento, y para seguir el hilo temático atendamos las siguientes consideraciones sobre el origen del universo:
* La ciencia en conjunto, sus principios y leyes nos llevan a concluir racionalmente que el universo tiene un origen o principio en el horizonte probable del tiempo.
1. El ateísmo afirma, contra la evidencia científica, que el universo es infinito en el horizonte de tiempo. O en su defecto (también contra la evidencia), que han existido secuencialmente universos a lo largo de un horizonte infinito de tiempo.
2. El teísmo cristiano afirma, dentro del cauce científico, aunque no por causas científicas (ya que su fuente de información es anterior a las ciencias modernas) que el universo tiene un origen o principio en el horizonte probable del tiempo.
¿Invalida o confirma hasta ahora la ciencia lo que el teísmo cristiano afirma sobre el origen del universo? Ciertamente vemos que ciencia y teísmo concuerdan en el hecho de un universo finito. Por ende, hay peso de evidencia para considerar más plausible, por su confluencia con la razón, la posición del teísmo al respecto; anulando en este sentido, la disociación prejuiciosa del teísmo y la razón.
¿Invalida o confirma hasta ahora la ciencia lo que el ateísmo afirma sobre el origen del universo? Una por una las diversas teorías o modelos que han pretendido afirmar la infinitud del universo, han sido demolidas por el análisis y la evidencia científica. En ese orden de ideas, la ineludible aceptación del concepto de un universo finito deja sin piso las afirmaciones ateas, porque obliga a pensar en un origen y una causa más allá del espacio-tiempo y eso cae en el campo de la fe.
¿Cuál de esas dos doctrinas es más coherente con la razón y la ciencia? Queda demostrado que la pretensión del ateísmo de –negar- la existencia de una inteligencia supernatural, no se basa en evidencias científicas ni en argumentos lógicos, por lo tanto constituye un argumento en contra de la razón. También queda demostrado que, los argumentos (del asunto en trámite)  del teísmo cristiano a pesar de estar en ocasiones más allá de la razón, no están en contravía de la razón y la ciencia.
Si hemos de creer a la ciencia o al teísmo cristiano que el universo tuvo un origen, la siguiente pregunta sería ¿qué o quién originó el universo? Pues bien, algunos ateos dicen al respecto que: “provino de la nada”. Semejante píldora indigerible, no solo para el científico, sino para el hombre común, ¿puede honrar el intelecto humano? ¿No afirma la primera ley de la termodinámica que la energía no se crea ni se destruye, sino que sufre transformaciones? ¿Cómo entonces puede “provenir” de la “nada”?