LUZBY BERNAL

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martes, 13 de septiembre de 2011

SWAMI PARTHASARATHY Y LA CULTURA DE LA QUEJAS


SWAMI PARTHASARATHY Y LA CULTURA DE LA QUEJAS
 
 
La cultura de la queja lleva a Occidente a la decadencia”. Swami Parthasarathy. La Contra de la Vanguardia. 06/09/11
Tengo 84 años y, tras siglos de rapiña colonial, veo por fin el despertar de la India y Asia. Nuestra cultura de la responsabilidad nos está haciendo más prósperos que ustedes.Llevo casado –la familia es dar o no es– 58 años con mi única esposa. No muera sin haberse conocido.

La solución eres tú
“Una mujer buena te hará feliz: la mala te hará filósofo”, ironiza el swami (maestro) Parthasarathy y asiente el empresario Luis Daswani, pionero del vedanta en Catalunya y su palco del Camp Nou, donde da buen karma al Barça. El vedanta no es religión ,ni secta ,ni pide dinero, ni fieles. Es una disciplina milenaria de raciocinio de la que beben tradiciones como la socrática, la aristotélica, la cristiana o la musulmana. De ella aprendo neutralización: para disfrutar más de la bebida, bebe menos (sirve para cualquier placer). Y me dice cómo localizar problemas: busca el problema en ti mismo –corrige tu actitud– y deja de echar la culpa a los demás. En ti está todo problema y toda solución.
Una cultura basada sólo en los derechos individuales no lleva a la armonía personal ni colectiva, porque, quien es educado en la convicción de que tiene derecho a todo siempre encuentra motivos para la queja.
¿Y no es así?
Al contrario: si vives convencido de que tienes todos los derechos, crees que la única razón de tu insatisfacción es que alguien no te los ha dado. Y de ese modo pierdes la oportunidad de tener responsabilidades. Y, por ello, eres desgraciado, porque pierdes el control sobre tu propia existencia.
¿Por qué?
Porque si sólo crees tener derechos, la causa de tu insatisfacción no está en ti mismo, sino en los demás, en algo que otros no te dan. Y, al pensar así, te conviertes en un niño mimado y dependiente al que por mucho que se le dé todo, siempre le faltará algo.


¿La cultura de los derechos es también la de la queja y la insatisfacción?
Exactamente. Por eso Occidente siempre se queja y por eso ustedes siempre están insatisfechos por mucho que tengan.
Ahora tal vez tengamos motivos.
Todo está relacionado. La cultura de la queja es la razón de la decadencia de Occidente. Porque, además de insatisfechos, esa cultura de los derechos individuales sin ninguna responsabilidad social también los hace a ustedes egoístas e improductivos.
También esa cultura nos hacía, hasta ahora, más prósperos que nadie.
El tiempo ha puesto las cosas en su sitio y cuando, por fin, en la India y Asia nos hemos liberado de su colonialismo, nuestro sentido de la responsabilidad nos ha permitido volver a ser prósperos.
¿Cómo?
La India y toda Asia y sus sociedades colectivistas están basadas en el sentido del deber hacia los demás: el pueblo, la familia, la sociedad. Por eso ahora ya estamos compitiendo con ustedes en el terreno económico.
No sé si veo la relación…
Una sociedad como la occidental, basada en la continua reclamación de derechos, los condena a la queja. Y los culpables siempre son los demás: el Estado, el empresario, tu familia, los políticos, el municipio… Pero lo peor es que, de ese modo, dejas la responsabilidad de tu vida a alguien que no eres tú. Tú deberías ser, en cambio, quien decidiera sobre tu propia satisfacción.
¿Cómo recuperas la iniciativa?
Dando. Basando tu vida en las obligaciones y las responsabilidades. Eso volvería a hacerlos más productivos a ustedes los occidentales. Porque, para que te den algo que crees merecer, sólo tienes que ser lo suficiente insistente y hasta quejica, y tal vez te lo acaben dando. Pero para poder dar algo a los demás, antes tienes que haberlo producido y creado, y después ser generoso.
Dar no es la cultura imperante aquí.
Si fundas tu existencia en la responsabilidad y la generosidad de dar, recuperas el control sobre tu propia existencia. Porque dar depende sólo de ti; recibir te pone a merced de los demás. Si fundas tu familia sólo para recibir amor y derechos, nunca obtendrás bastante y acabarás abandonándola.
¿Por qué?
Porque el único modo de lograr tener una familia duradera es vivir para dárselo todo. Mi única mujer y yo llevamos 58 años casados…Y felices. Porque nunca pensamos en lo que nos debe el otro, sino en lo que podemos darle a él y a nuestros hijos. El día en que piensas más en lo que recibes que en lo que das, la familia deja de tener ningún sentido. Nunca te dará bastante.
¿Esa actitud requiere tener religión?
Es universal y eterna en el ser humano que se conoce. Las civilizaciones que progresan están fundadas en la generosidad, en personas que trabajan, crean y dan a los demás.
Adam Smith creía que los egoísmos individuales arbitrados en mercados eficientes crean prosperidad colectiva.
Ese tipo de actividad puede darte prosperidad, pero no paz interior. No es que la prosperidad sea mala en sí, pero si no va acompañada de crecimiento interior, no satisface a nadie. Al contrario, esa hiperactividad te estresa, y te vuelve engreído e intratable.
¿Por qué?
Porque el único placer real que da ganar algo es poder compartirlo. Lo descubre el vedanta desde hace milenios. Y de él bebieron Platón, Sócrates, Jesucristo y Mahoma. Y miles de maestros de todas las culturas.
¿En qué consiste?
No hace falta una fe ciega ni ascetismo ni grandes revelaciones. Llegará a esa verdad por su propio sentido común. No se trata de ser santo, sino simplemente sensato.
¿Disciplina mental?
Madurez. Y no me refiero a la acumulación de conocimiento, sino a sabiduría vital. El placer, por ejemplo, lleva aparejado el desplacer. Si usted bebe por placer, acabará sufriendo por la bebida, a menos que aprenda a controlar su deseo –es la neutralización– y madure hasta descubrir que beber menos es la mejor forma de disfrutarlo más.
También depende de con quién bebas.
La causa de una relación mala no está en el otro, sino en tu propia actitud. El defecto no está en el amigo, el coche, la casa, la esposa… sino en ti mismo, en tu actitud hacia ellos. Todo conflicto de relación es una oportunidad para estudiarte y corregirte. 

 Antes de
quejarse de los demás, estúdiese y verá que el problema está en usted
.


Enviado-mail.LUIS E.SUAVITA

domingo, 26 de diciembre de 2010

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Hay un precioso cuento zen que narra la historia de un rico mercader que decidió donar una gran suma de dinero a un maestro zen que necesitaba una escuela más grande. El maestro aceptó el dinero sin dar las gracias, como si estuviera haciendo un favor al mercader. Este, irritado, recalcó al maestro en términos inequívocos que le estaba dando una suma considerable.



“¿Quieres que te lo agradezca?”, preguntó el maestro

“Deberías hacerlo”, respondió el mercader


“¿Por qué?”, replicó el maestro. “La persona que da es la que debe estar agradecida”




A los ángeles les gusta este cuento, porque ellos son donantes cuyas gracias se nos dan en forma de alegría y aumento de nuestra sabiduría. Ellos quieren que demos con el mismo espíritu, sin esperar las gracias; por el contrario, quedando agradecidos por la oportunidad de ejercer la virtud de la generosidad y de ver la alegría que proporcionamos a otros.



¿Esperas que te den las gracias cuando das algo? Agradecer un regalo es, sin duda, una señal de educación, pero nuestro maestro zen no era un maleducado, sencillamente quería comprobar con qué espíritu le daba el dinero aquel mercader. La próxima vez que des algo, abandona la necesidad de recibir agradecimiento; por el contrario, da tú las gracias por la oportunidad de devolver al universo una parte de lo que te ha dado a ti.



Oración de los ángeles: Disfruto dando


A los que todavía no concen mi otro blog, A EL QUE MÁS DE 15.000 PERSONAS HAN VISITADO EN SUS PRIMEROS 60 DÍAS,los invito a conocerlo, gracias por estar,Helen. Meditaciones en el Mar Rojo-Imágenes.

Y a la red Social espiritual de los amigos del blog, compuesta por 250 amigos y 50 blogs amigos,vení y unite Meditaciones en el Mar Rojo grou-ps
"Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".
 
 
La armonía, el amor y la luz están donde la vida te lleve. La iluminación de tus días y los colores con que los veas dependen de vos. No lo olvides, vos y sólo vos sos el hacedor de tus sueños y tu destino.

martes, 30 de noviembre de 2010

DAR Y RECIBIR

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Las antiguas civilizaciones practicaban la ley del diezmo, es decir, daban el 10 % de sus cosechas al templo, devolviendo al creador parte de sus ingresos. Con el transcurso de los siglos esta ley fue olvidada, pero actualmente todas las almas evolucionadas la practican. ¿Qué sería del agricultor si no devolviera a la tierra parte de su cosecha para la nueva siembra? Así es en todos los niveles de la vida, de lo que recibimos debemos dar el diezmo, para hacer una obra de bien, para aliviar alguna necesidad de nuestro prójimo, de nuestros seres queridos.

El Arte de Dar y Recibir

Debemos darlo sin reserva mental, libremente, como una ofrenda de amor. El otorgar el diezmo ha dado siempre grandes beneficios, y prosperidad, cuando se practica con amor y compresión. Es el método de consagrar sus finanzas a Dios. Cuando se da con amor, toda necesidad será suplida, pues se ve de acuerdo a las leyes cósmicas y se recibe siempre multiplicando por diez mil.
Uno se hace receptivo a las bendiciones de lo Alto, trayendo así toda clase de experiencias gratas a nuestra vida. Siempre debemos dar en cualquier caso, aun cuando nuestro bolsillo sea magro, o aún más, es el momento más indicado para hacer que la prosperidad vuelva a nosotros. Siempre tenemos algo que podemos dar a alguien, aunque no sea más que una palabra de aliento, un gesto cálido, una flor o una sonrisa.
Debemos disponer de todo lo que no usamos o no necesitamos, produciendo así un vació que llenará con mejores cosas y más nuevas, abasteciendo así las necesidades de otros seres menos afortunados, aquellos que no saben lo que nosotros sabemos. Esto es aliento de vida, es una ley cósmica y humana tal como la respiración, inhalar-exhalar. ¿Si no exhalamos. Cómo tomaremos el próximo aliento? Debemos volver al éter exhalando el aire que tomamos para volver a llenar nuestros pulmones con aire puro y fresco. Así ocurre en todos los niveles y muy especialmente en el del bienestar económico, en el mejoramiento de nuestra personalidad y en el desarrollo y crecimiento espiritual.
Hay que dar para recibir, o mejor dicho: tenemos sólo lo que damos.