LUZBY BERNAL

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lunes, 6 de diciembre de 2010


 

Januca es una festividad que fue establecida para conmemorar justamente lo opuesto a la asimilación cultural.
por Jeff JacobyComo Januca usualmente cae en diciembre, en ocasiones se piensa que es como la "navidad judía". Por supuesto, no lo es. Y sin embargo es justo decir que la razón de la popularidad de Januca – especialmente en América, donde es la festividad judía más ampliamente respetada después de Pesaj y Iom Kipur – es precisamente por su proximidad a la navidad.
Januca solía ser considerada como una festividad menor, alegre pero de bajo perfil. Hoy en día se ha transformado en una festividad mucho más grande y deslumbrante en respuesta a la navidad, de esta manera, el mes de diciembre se transforma en un brillante festival de invierno lleno de fiestas, decoración y música. Atraídos por la alegría de la temporada, y como no querían dejar a sus hijos fuera de la diversión y de la entrega de regalos, los judíos americanos del siglo 20 comenzaron a celebrar Januca con mucho más énfasis que sus antepasados. Hoy Januca se ha establecido como parte integral de las "festividades estacionales", con celebraciones, decoraciones y música propia. Su preponderado status es un tributo tanto a la arrastrante asimilación de la cultura americana, como a la notable apertura hacia las costumbres y creencias judías.
Irónicamente, la celebración de Januca fue establecida para conmemorar justamente lo opuesto a la asimilación cultural. Esto se remonta a casi 22 siglos atrás, a la exitosa rebelión judía en contra de Antíoco IV, uno de los monarcas greco-sirios que gobernaron la parte norte del derrumbado imperio de Alejandro Magno. Alejandro había sido respetuoso con la religión monoteísta de los judíos, pero Antíoco estaba decidido a imponer el helenismo en todos sus dominios, con sus dioses paganos y el culto al cuerpo. Cuando él encontró resistencia en Judea, hizo que el judaísmo fuera ilegal.
La observancia del Shabat, la circuncisión, y el estudio de la Torá estaban prohibidos con pena de muerte. Una estatua de Zeus fue instalada en el Templo en Jerusalem y cerdos fueron sacrificados ante él. Algunos judíos acogieron el nuevo orden y voluntariamente abandonaron la religión de sus ancestros. Aquellos que no lo hicieron fueron cruelmente castigados. Antiguas escrituras cuentan la historia de Hannah y de sus siete hijos, quienes fueron capturados por las tropas de Antíoco. De acuerdo a las órdenes los niños debían postrase ante un ídolo. Uno a uno, los niños se negaron – y fueron torturados hasta la muerte frente a los ojos de su madre.
La lucha para reclamar la autonomía religiosa judía comenzó en 167 A.C. En la ciudad de Modiin, un sacerdote mayor llamado Matatías se negó a acatar una orden siria de hacer un sacrificio frente a un ídolo. Cuando un judío apóstata dio un paso al frente para llevar a cabo la orden, Matatías lo asesinó y derribó el altar. Entonces él y sus cinco hijos se fueron a las colinas y desplegaron una guerrilla contra los ejércitos del imperio. Cuando Matatías murió, su tercer hijo, Judah el macabeo, tomó el control. Él y su grupo de luchadores eran ampliamente superados en número, sin embargo ellos lograron milagrosas victorias, una tras otra. En 164 A.C., recobraron el Templo. Ellos lo limpiaron, lo purificaron y lo dedicaron nuevamente a Dios. Durante el día 25 del mes judío de Kislev, la menorá - el candelabro que simboliza la presencia divina - fue encendida nuevamente. Durante ocho días, multitudes de judíos celebraron la restauración del Templo. "Toda la gente se postró", registra el libro de los Macabeos, "venerando y alabando a Dios, ya que su causa había prosperado".
Sin embargo, su causa no había prosperado realmente – no aún. La lucha continuó por años. No fue sino hasta 142 A.C. que los judíos recuperaron el control de su tierra. Geopolíticamente, ese fue el momento del verdadero triunfo.

La guerra de los macabeos contra los helenistas fue en definitiva una guerra contra una cosmovisión que elevaba lo físico por encima de todo, una cosmovisión que veneraba la belleza, no la santidad; que veneraba el cuerpo, no el alma.

Pero Januca no se trata de poder político. No se trata de una victoria militar. Ni si quiera se trata de la libertad de culto, no obstante, la rebelión de los macabeos marca el primer momento en la historia en que un pueblo se levantó a pelear contra la persecución religiosa.
En el fondo, lo que Januca conmemora son las ansias judías de Dios, las ansias de la santidad del Templo y de su servicio. La derrota de los greco-sirios fue importante, pero el clímax espiritual de la rebelión de los macabeos fue cuando la menorá fue re-encendida y la presencia de Dios podía sentirse nuevamente.
Januca es la única festividad judía que no se encuentra en el Tanaj y es la única festividad judía que se basa en una campaña militar. Y aún así, su foco es casi puramente espiritual, no físico. Por ejemplo, no hay ningún banquete asociado a Januca, como lo hay con Pesaj o Purim, las otras dos festividades judías de liberación. Su observancia religiosa se concentra en una llama, nada más. Y las llamas de la menorá sólo pueden ser observadas; está prohibido utilizarlas con cualquier otro fin – ni si quiera se puede leer con su luz.
En Januca, la carencia de un lado físico es extraña pero apropiada. Ya que la guerra de los macabeos contra los helenistas fue en definitiva una guerra contra una cosmovisión que elevaba lo físico por encima de todo, una cosmovisión que veneraba la belleza, no la santidad; que veneraba el cuerpo, no el alma. Los judíos lucharon para preservar una cosmovisión diferente - una cosmovisión con Dios, no con el hombre, en su centro.
Como ellos triunfaron, la religión judía sobrevivió. 2.000 años más tarde, el helenismo y sus dioses paganos son sepultados en el polvo de la historia. Pero la sabiduría y la profundidad del judaísmo sigue iluminando al mundo entero.

AISHLATINO

viernes, 3 de diciembre de 2010

First Maccabees 01/15 (First Book of the Maccabees)


HISTORIA DE LOS MACABEOS.


miércoles, 15 de septiembre de 2010

Yom Kipur


Kaparot, la víspera de Yom Kipur
1. Se suele hacer Kaparot la víspera de Kipur, se degüella un pollo para cada miembro de la familia, gallos para los varones y gallinas para las hembras. Un solo gallo basta también para toda la familia.
2. Antes de Shejitá, se revolea el pollo sobre su cabeza y se dice la fórmula que se traduce así: “Este pollo viene en mi lugar, me reemplaza y es mi perdón; este pollo va a la muerte y yo entraré en una vida larga y apacible.” No se puede pretender que esta acción tenga el efecto de un verdadero perdón, pero si somete su naturaleza animal a la voluntad de Di-s y se piensa que, en vez del pollo, uno mismo merece la muerte por causa de sus pecados, esta Teshuvá será ciertamente recibida por el Todopoderoso.
3. Hay que escoger un Shojet experto y sinceramente religioso, pues si por causa del ritmo acelerado de la Shejitá en ese momento, ésta no se realizara, en vez de efectuar una acción expiatoria, se añadiría una grave trasgresión.
4. Se suelen ofrecer las Kaparot a necesitados, o aun mejor rescatarlas con dinero que se distribuye a los pobres.


Reconciliación la víspera de Yom Kipur
1. Las faltas cometidas hacia el prójimo no se perdonan a menos que el culpable repare el daño causado y pida excusas. Si el ofendido no quiere disculparse, debe solicitar de nuevo perdón haciendo intervenir a tres personas con él, y reiterar esta solicitación si es necesario.  Si después de tres veces el ofendido sigue rehusando disculparle, no tiene la obligación de insistir, pero reunirá a diez personas ante las cuales declarará: Cometí tal culpa hacia fulano y le pedí excusas, pero él rehúsa perdonarme.
2. Si el ofendido es su Maestro o su Rabino, debe seguir insistiendo tantas veces que sea necesario hasta obtener perdón.
3. El ofendido no debe de ser cruel, sino aceptar rápidamente las excusas sin guardar rencor. Sin embargo, si aquel le sacó mala fama, no tiene obligación de perdonarle.
4. Si el ofendido falleció, va a su tumba acompañado de diez personas y declara: pequé contra Di-s y contra esta persona.
5. Antes de ir a la sinagoga a la entrada de Kipur, hay que besar la mano de su padre y de su madre y pedirles perdón.  Es un deber sagrado hacerlo y el que se abstiene es llamado pecador, pues desprecia el honor de sus padres.  Si la Torá ordenó disculparse del prójimo la víspera de Kipur, esto se aplica con más razón al deber de los hijos hacia sus padres.  Maridos y mujeres deben igualmente pedirse perdón mutuamente por cualquier contrariedad ocurrida entre ellos.  El discípulo tiene también obligación de pedir perdón a su maestro. 
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