LUZBY BERNAL

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lunes, 10 de enero de 2011

ENCUENTRO DE LOS TRES SABIOS DE ORIENTE

  El cuadro utilizado en ésta pagina fue pintado por Doña CELIA MARCHETTO (cuyo seudónimo fue Emóneda) y corresponde al suceso descrito en Arpas Eternas -Tomo I- pag. 101:
"Gaspar y Baltasar, que venían del Indo y de la Persia, se encontraron sin buscarse en el mismo paraje, donde Melchor (con Filón de Alejandría) esperaba la caravana para continuar más acompañado este largo viaje; en Sela, a las faldas del Monte Hor. Los tres se preguntaron al mismo tiempo: -¿Hacia donde vais? y los tres contestaron: - Al país de los Hebreos, porque los astros lo han señalado como la tierra designada para recibir al Avatar Divino, que viene de nuevo y por última vez hacia los hombres." 

FRATERNIDAD CRISTIANA UNIVERSAL

jueves, 6 de enero de 2011


El Sacerdote Benedictino Max Alexander (Prov. de Buenos Aires, Argentina) convida un extenso texto sobre los Reyes Magos del cual extraje una pequeña parte para compartir con ustedes en este tiempo de Epifanía (Manifestación del Señor)


De las tres manifestaciones de Cristo [Caná, Bautismo, Magos], celebradas conjuntamente en la fiesta de Epifanía por las Iglesias de Oriente, en la liturgia romana y en nuestra piedad prevaleció la de los Magos, sin duda porque los creyentes hemos entrevisto que este recorrido de vida, guiado por una estrella, reflejaba nuestra propia historia.

La estrella que los Magos siguieron hasta Jerusalén brilló para ellos en un cielo tachonado de estrellas en su Oriente lejano, probablemente no se distinguía de las demás estrellas ni por su luz ni por sus dimensiones. Tal vez era como las demás estrellas, pero era la estrella del Mesías. Era una estrella desconocida, jamás vista. ¡Se habían visto tantas! ¡Tantas conocían! Muchos vieron esa estrella en el cielo. Muy pocos le hicieron caso. Solamente tres la siguieron, y sin embargo brillaba igualito que las demás. Los tres dejaron su patria y su familia, afrontando los riesgos de un viaje largo y peligroso para seguir a esa pequeña estrella que ellos no habían iluminado, que podía desaparecer en cualquier momento, y que, en una de esas, era una estrella como todas las demás
Partieron y se aventuraron, como en otros tiempos lo hizo Abrahán, sin saber a dónde dirigirse… Y lo que tenía que pasar, pasó…: la estrella, la pequeña estrella, se escondió, y los Magos, los tres magos quedaron solitos y desamparados, lejos de su patria, lejos de la meta de su viaje. Otros se habrían acobardado, habrían dado marcha atrás, pero la fe que ardía en sus corazones no se lo permitía. Para ellos este camino tenía una sola dirección: hacia adelante… Pertenecen a esa clase de personas de las que habla la Carta a los Hebreos, aquellos creyentes que dejando su patria para responder al llamado de Dios, no sabrían volver atrás porque oscuramente aspiran a una patria mejor (Heb 11,15-16).

Renegar de la estrella habría significado un peso insoportable para ellos, ya que gracias a ella habían conocido el llamado de Dios y habían comenzado a responder a él. No podían ser como los demás Magos, aquellos que se habían quedado tranquilamente en su tierra, ocupados en sus asuntos, sin enfrentar riesgo ninguno… Además, se sentían como marcados, llevaban la marca indeleble de la estrella, que como les obligaba-libremente a seguir y a proseguir. Continuaron su viaje, fatigoso y penoso, sin la estrella, en una tierra desconocida, hasta Jerusalén, la ciudad santa, relicario y custodio de las más santas tradiciones,… obligados a preguntar, pensaban que allí podrían recibir nuevas indicaciones.
Se consultaron los libros, se encontraron otras informaciones. Para los demás esas profecías eran otras tantas profecías, entre tantas otras, claro-oscuras y ambiguas como todas las demás. Habían sido los únicos en seguir la estrella, fueron los únicos en hacerle caso y en beneficiarse de la luz de las profecías relativas a ese pequeñísimo e insignificante pueblillo llamado Belén,…, eso porque las profecías, al igual que todos los demás signos que Dios envía están siempre envueltos en los pañales de la ambigüedad, para que logren ser iluminados por los corazones bien dispuestos, tocados por la gracia y el amor de Dios.

Su historia es nuestra historia, es la historia del creyente que responde a la llamada de Dios que le llegó en medio del barullo y la confusión de nuestro mundo y que, no obstante las tinieblas y las noches del Espíritu que deba atravesar, persevera en su camino.

Muchísimas veces,- ¡la gran mayoría! -, Dios se esconde y se revela escondidamente a aquellos que llama a su servicio, y se muestra justito,- en tanto y en cuanto baste -, como para dar el primer paso en la dirección a seguir, como a los Magos, en la oscuridad, en la fidelidad y en la fe, hasta el encuentro,…, cara a cara

Que las tiernas manos de Dios te sostengan
hasta que encuentres la plenitud de tu alma.
Que el Señor habite en tu corazón.


Gracias Adriana


"Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".

La armonía, el amor y la luz están donde la vida te lleve. La iluminación de tus días y los colores con que los veas dependen de vos. No lo olvides, vos y sólo vos sos el hacedor de tus sueños y tu destino.
 
 
MEDITACIONES EN EL MAR ROJO








Gracias Adriana Guevara desde Argentina.


"Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".

 



La armonía, el amor y la luz están donde la vida te lleve. La iluminación de tus días y los colores con que los veas dependen de vos. No lo olvides, vos y sólo vos sos el hacedor de tus sueños y tu destino.
 
MEDITACIONES EN EL MAR ROJO

lunes, 3 de enero de 2011

un poco de historia .
Un poco de historia sobre los reyes magos

Reyes Magos

(Plural del latín magus; griego magoi)


Los «sabios de Oriente» que vinieron a adorar aL niño de Belen

I. Quiénes eran los Magos
II. Tiempo y circunstancias de su visita



I. QUIÉNES ERAN LOS MAGOS

A. Evidencia no-bíblica

Podemos conjeturar la evidencia no-bíblica a partir de un significado probable de la palabra magoi. Herodoto (I, ci) es nuestra autoridad para suponer que los Magos eran de la casta sagrada de los Medos. Proveían de sacerdotes para Persia y, dejando de lado vicisitudes dinásticas, siempre mantuvieron sobre sus dominios influencia religiosa. Al jefe de esta casta, Nergal Sharezan, Jeremías da el título de Rab-Mag, «Mago-Jefe» (Jeremías 39, 3; 39, 13, en el hebreo original -las traducciones de los Setenta y de la Vulgata son aquí erróneas). Después de la caída del poder de Asiria y de Babilonia, la religión de los Magos perdió influencia en Persia. Ciro sometió totalmente a la casta sagrada; su hijo Cambises la reprimió severamente. Los Magos se sublevaron y pusieron a Gaumata, su jefe, como Rey de Persia con el nombre de Smerdis. Sin embargo, fue asesinado (521 a. C.), y Darío fue nombrado rey. Esta caída de los Magos fue celebrada en Persia con una fiesta nacional llamada magophonia (Her., III, lxiii, lxxiii, lxxix). No obstante, la influencia religiosa de esta casta sacerdotal continuó en Persia a través del gobierno de la dinastía Aquemenida (Ctesias, «Persia», X-XV); y no es inverosímil pensar que en tiempos del nacimiento de Cristo fuese bastante floreciente bajo el dominio parto. Estrabon (XI, ix, 3) dice que los sacerdotes magos formaron uno de los dos consejos del Imperio parto.

B. Evidencia bíblica

La palabra magoi frecuentemente tiene el significado de «mago» [magician], tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento (ver Hch 8, 9; 13, 6, 8; también los Setenta en Daniel 1, 20; 2, 2, 10, 27; 4, 4; 5, 7; 11, 15). San Justino (Tryph., lxxxviii), Orígenes (Cels., I, lx), San Agustín (Serm. xx, «De epiphania») y San Jerónimo (In Isa. xix, 1) encontraron el mismo significado en el segundo capítulo de Mateo, aunque esta no es la interpretación común.

C. Evidencia Patrística

Ningún Padre de la Iglesia sostuvo que los Magos tenían que ser reyes. Tertuliano (Adv. Marcion., III, xiii) dice que fueron de estirpe real (fere reges), y por eso coincide con lo que hemos concluido en la evidencia no-bíblica. Por otra parte, la Iglesia en su liturgia aplica a los Magos las palabras: «Los reyes de Tarsis y de las islas ofrecerán presentes; los reyes de Arabia y de Saba le traerán sus regalos: y todos los reyes de la tierra le adorarán» (Salmo 71, 10). Pero este uso del texto refiriéndose a ellos no prueba más que eran reyes que viajaban desde Tarsis, Arabia y Saba. Como frecuentemente sucede, una acomodación litúrgica de un texto ha venido a ser considerada con el tiempo una interpretación auténtica fuera de él. No eran magos [magicians): el significado correcto de magoi, aunque no se halla en la Biblia, es requerido por le contexto en el segundo capítulo de San Mateo. Estos Magos pueden no haber sido otros que miembros de la casta sacerdotal anteriormente referida. La religión de los Magos era fundamentalmente la de Zoroastro y prohibía la hechicería; su astrología y habilidad para interpretar sueños fue ocasión de su encuentro con Cristo» (Ver ASPECTOS TEOLÓGICOS DEL AVESTA).

La narración evangélica no menciona el número de Magos, y no hay una tradición cierta sobre esta materia. Varios Padres hablan de tres Magos; en realidad se hallan influenciados por el número de regalos. En el Oriente, la tradición habla de doce obsequios. En el cristianismo primitivo el arte no es un testimonio consistente:

i una pintura en el cementerio de San Pedro y San Marcelino muestra a dos;

i otra en el Museo Laterano, tres;

i otra en el cementerio de Domitila, cuatro;

i un jarrón en el Museo Kircher, ocho (Marucchi, «Eléments d'archéologie chrétienne», Paris, 1899, I 197).

Los nombres de los Magos son tan inciertos como su número. Entre los Latinos, desde el siglo VII, encontramos ligeras variantes en los nombres, Gaspar, Melchor y Baltasar; el Martirologio menciona a San Gaspar el primero de Enero, San Melchor el día seis y San Baltasar el once (Acta SS., I, 8, 323, 664). Los sirios tienen a Larvandad, Hormisdas, Gushnasaph, etc.; los armenios Kagba, Badadilma, etc. (Cf. Acta Sanctorum, May, I, 1780). Dejando de lado la noción puramente legendaria según la cual representan a las tres familias que descienden de Noé, aparecen como provenientes de «oriente» (Mat., ii, 1, 2, 9). Al oriente de Palestina sólo la antigua Media, Persia, Asiria y Babilonia tienen un sacerdocio de Magos en el tiempo del nacimiento de Cristo. Los Magos vinieron desde alguna parte del Imperio Parto. Probablemente cruzaron el desierto de Siria, entre el Eufrates y Siria, llegando a Haleb (Aleppo) o Tudmor (Palmyra), recorriendo el trayecto hasta Damasco y hacia el sur, en lo que ahora es la gran ruta a la Meca (darb elhaj, «el camino de los peregrinos»), continuando por el Mar de Galilea y el Jordán por el oeste hasta cruzar el vado cerca de Jericó. No hay tradición precisa de la denominada tierra «del oriente». Según San Máximo (Homil. xviii in Epiphan.) es Babilonia; también Teodoto de Ancyra (Homil. de Nativitate, I, x); según San Clemente de Alejandría (Strom., I, xv) y San Cirilo de Alejandría (In Is. xlix, 12) es Persia; según San Justino (Cont. Tryphon., lxxvii), Tertuliano (Adv. Jud., ix) y San Epifanio (Expos. fidei, viii) es Arabia.

Tres Reyes Magos y estrella de Belén clipart.



II. TIEMPO Y CIRCUNSTANCIAS DE SU VISITA

La visita de los Magos tuvo lugar después de la Presentación del Niño en el Templo (Lucas 2, 38). Los Magos habían partido poco antes de que el ángel dijese a José que tomase al Niño y a su Madre y fuese a Egipto (Mateo 2, 13). Antes Herodes había intentado infructuosamente que los Magos retornasen, lo que deja fuera de toda duda que la presentación ya habría tenido lugar. Surge con ello una nueva dificultad: después de la presentación, la Sagrada Familia volvió a Galilea (Lucas 2, 39). Se piensa que este retorno no fue inmediato. Lucas omite los incidentes de los Magos, la huida a Egipto, la matanza de los Inocentes y el retorno desde Egipto, y retoma la historia con la vuelta de la Sagrada Familia a Galilea. Nosotros preferimos interpretar las palabras de Lucas como indicando un retorno a Galilea inmediatamente después de la presentación. La estancia en Nazaret fue muy breve. Tiempo después la Sagrada Familia volvió probablemente a permanecer en Belén. Entonces vinieron los Magos. Era «en tiempos del rey Herodes» (Mateo 2, 1), i. e., antes del 4 a. C. (A.V.C. 750), fecha probable de la muerte de Herodes en Jericó. No obstante, sabemos que Arquelao, hijo de Herodes, sucedió como etnarca a su padre en una parte del reino, y fue depuesto o en su noveno año (Josefo, Bel. Jud., II, vii, 3) o en el décimo (Josefo, Antiq., XVII, xviii, 2), durante el consulado de Lepido y Arruntio (Dion Cassis, lv, 27), i. e., 6 d. C. Por otra parte, los Magos vinieron mientras el rey Herodes estaba en Jerusalén (vv. 3, 7), no en Jericó, i. e., o al comienzo del 4 a. C. o al final del 5 a. C. Por último, eso fue probablemente un año, o un poco más de un año, después del nacimiento de Cristo. Herodes preguntó a los Magos el tiempo en que apareció la estrella. Considerando esto como el tiempo del nacimiento del Niño, mató a los varones de dos años para abajo en Belén y sus alrededores (v. 16). Algunos Padres concluyen de esta cruel matanza que los Magos llegaron a Jerusalén dos años después de la Navidad (San Epifanio, «Haer.», LI, 9; Juvencio, «Hist. Evang.», I, 259). Su conclusión tiene visos de probabilidad; aunque la matanza de los niños de dos años puede haberse debido a alguna otra razón -por ejemplo, al temor de Herodes de que los Magos le hubiesen engañado en lo que a la aparición de la estrella se refiere o que los Magos se hubiesen equivocado en la unión de la aparición de la estrella con el nacimiento del Niño. Arte y arqueología favorecen nuestro punto de vista. Únicamente un monumento primitivo representa al Niño en el pesebre mientras los magos adoran; en otros Jesús permanece sobre las rodillas de María y bastante crecido (ver Cornely, «Introd. Special in N. T.», p. 203).

Desde Persia, de donde supuestamente vinieron los Magos, hasta Jerusalén había un trayecto de entre 1000 y 1200 millas. En semejante distancia debieron emplear entre tres y doce meses en camello. Además del tiempo del viaje, emplearon probablemente varias semanas de preparación. Los Magos pudieron haber llegado a Jerusalén un año o más después de la aparición de la estrella. San Agustín (De consensu Evang., II, v, 17) opina que la fecha de la Epifanía, el seis de Enero, prueba que los Magos llegaron a Belén trece días después de la Natividad, i. e., después del 25 de Diciembre. Su argumento conforme a las fechas litúrgicas era incorrecto. Ninguna fecha litúrgica es, ciertamente, fecha histórica (Para una explicación de las dificultades cronológicas, ver Cronología Bíblica, Fecha de la Natividad de Jesucristo). En el siglo IV las Iglesias de Oriente celebraban el 6 de Enero como la fiesta del Nacimiento de Cristo, la Adoración de los Magos y el Bautismo de Cristo, mientras que en el Occidente el Nacimiento de Cristo era celebrado el 25 de Diciembre. Esa fecha tardía de la Natividad fue introducida en la Iglesia de Antioquía en tiempos de San Juan Crisóstomo (P. G., XLIX, 351), y todavía más tarde en las Iglesias de Jerusalén y Alejandría.

Que los Magos pensaron que la estrella les dirigía es evidente por las palabras (eidomen gar autou ton astera) que emplea Mateo en 2, 2. ¿Era realmente una estrella? Los racionalistas y los protestantes racionalistas, en sus esfuerzos por evadirse del sobrenatural, elaboraron algunas hipótesis:

i La palabra aster puede significar un cometa; la estrella de los Magos era un cometa.

i La estrella pudo haber sido la conjunción de Júpiter y Saturno (7 a. C.), o de Júpiter y Venus (6 a. C.).

i Los Magos pudieron haber visto una stella nova, una estrella que aumenta de repente en tamaño y brillo y luego disminuye de nuevo.

Estas teorías dejan de lado la explicación de que «la estrella que habían visto en el oriente, estaba delante de ellos hasta que vino a pararse sobre el lugar donde estaba el Niño» (Mateo 2,9). La posición de una estrella fija en el cielo varía al menos un grado cada día. Una estrella no fija pudo moverse delante de los Magos hasta conducirles a Belén; ninguna estrella fija ni ningún cometa pudo haber desaparecido y aparecido ni tampoco pararse. La Estrella de Belén sólo pudo haber sido un fenómeno milagroso, como fue la columna de fuego que permaneció en el campamento durante el Éxodo de Israel (Éxodo 13, 21), o el «resplandor de Dios» que brilló en torno a los pastores (Lucas 2, 9), o «la luz proveniente del cielo» que abatió a Saulo (Hechos 9, 3).

La filosofía de los Magos, aunque errónea, les condujo en su viaje hasta que encontraron a Cristo. La astrología de los Magos postulaba una contrapartida celestial como complemento del hombre terreno y condicionaba por completo la personalidad humana. Su «doble» [los fravashi de los parsis) se desarrollaba junto con cada hombre bueno, unidos los dos hasta la muerte. La aparición repentina de una nueva y brillante estrella sugirió a los Magos el nacimiento de una persona importante. Ellos vinieron a adorarlo -i. e., a conocer la divinidad de este Rey recién nacido (vv. 2, 8, 11). Algunos Padres (San Ireneo, «Adv. Haer.», III, ix, 2; Progem. «in Num.», homil. xiii, 7) pensaron que los Magos vieron en «su estrella» un cumplimiento de la profecía de Balaam: «Una estrella brillará sobre Jacob y un cetro brotará de Israel» (Números 24, 17). Pero en el paralelismo de la profecía, la «Estrella» de Balaam es un gran príncipe, no un cuerpo celeste; no es probable que en virtud de este mensaje profético los Magos siguieran a una estrella especial del firmamento como un signo del Mesías. Además, es probable que los Magos estuvieran familiarizados con las grandes profecías mesiánicas. Muchos judíos no volvieron del exilio con Nehemías. Cuando nació Cristo, había indudablemente población hebrea en Babilonia, y probablemente también en Persia. Por alguna razón, la tradición hebrea sobrevivió en Persia. Por otra parte, Virgilio, Horacio, Tácito (Hist., V, xiii) y Suetonio (Vespas., iv) dan testimonio de que, en tiempos del nacimiento de Cristo, había por todo el Imperio Romano una inquietud y expectación generalizadas de una Edad de Oro y un gran liberador. Podemos admitir sin dificultad que los Magos estaban guiados por tales influencias hebraicas y gentiles para esperar al Mesías que pronto vendría. Pero debió de ser alguna revelación especial divina el motivo por el cual conocieron que «su estrella» significaba el nacimiento de un rey, que ese rey recién nacido era verdadero Dios y que debían seguir «su estrella» hasta el lugar del nacimiento del Dios-Rey (San León, Serm. xxxiv, «In Epiphan.», IV, 3).
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La venida de los Magos causó gran conmoción en Jerusalén; todos, incluso el rey Herodes, escucharon su pregunta. Herodes y sus sacerdotes deberían haberse puesto contentos con las noticias, pero estaban tristes. Llama la atención que los sacerdotes mostrasen a los Magos el camino, de lo cual se deduce que no habrían hecho el camino por sí mismos. Los Magos siguieron la estrella unas 6 millas hacia el sur de Belén, «y entrando en la casa [eis ten oikian], encontraron al niño» (v. 11). No hay razón para suponer, con algunos Padres (San Agustín, Serm. cc, «In Epiphan.», I, 2), que el Niño aún estaba en el establo. Los Magos adoraron (prosekynesan) al Niño Dios, y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Dar regalos obedecía a una costumbre oriental. La intención del oro es clara: el Niño era pobre. No conocemos la intención de los otros regalos. Los Magos no pretenden probablemente un significado simbólico. Los Padres han encontrado numerosos y variados significados simbólicos en los tres regalos; no está claro que alguno de estos significados sea inspirado (cf. Knabenbauer, «in Matth.», 1892).

Los Magos escucharon en sueños que no volviesen a Herodes y «volvieron a su país por otro camino» (v. 12). Ese camino pudo haber sido un camino por el Jordán, de tal manera que eludiese Jerusalén y Jericó; o un rodeo hacia el sur a través de Berseba, al este del camino principal (ahora la ruta de la Meca) en el territorio de Moab y allende el Mar Muerto. Se dice que después de su retorno a su patria los Magos fueron bautizados por Santo Tomás y trabajaron mucho para la propagación de la fe en Cristo. La historia es narrada por un escritor arriano no antes del siglo VI, cuya obra está impresa como «Opus imperfectum in Mattheum» entre los escritos de San Juan Crisóstomo (P. G. LVI, 644). Este autor admite que lo ha descrito a partir del apócrifo Libro de Seth, y escribe sobre los Magos algo que es claramente legendario. La catedral de Colonia contiene los que pretenden ser los restos de los Magos; éstos, se dice, fueron descubiertos en Persia, llevados a Constantinopla por Santa Elena, transferidos a Milán en el siglo V y a Colonia en 1163 (Acta SS., I, 323).

WALTER DRUM

Transcrito por John Szpytman

Traducido por José Demetrio Jiménez



La armonía, el amor y la luz están donde la va
 
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"Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".


La armonía, el amor y la luz están donde la vida te lleve. La iluminación de tus días y los colores con que los veas dependen de vos. No lo olvides, vos y sólo vos sos el hacedor de tus sueños y tu destino.

meditaciones en el mar rojo

VILLANCICOS DE LOS REYES ,PASTORES.

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Ay ay ay que alegres van
Ay ay ay si volverán
con la pan pan pan
con la pan con la de
con la pandereta
y las castañuelas
Un pastor se tropezó
a media vereda
y un borreguito gritó
¡Ese ahí se queda!
Ay ay ay que alegres van
Ay ay ay si volverán
con la pan pan pan
con la pan con la de
con la pandereta
y las castañuelas




Los pastores de Belén
están muy contentos
porque nació el Niño Dios,
uno como ellos.
Ay ay ay que alegres van
Ay ay ay si volverán
con la pan pan pan
con la pan con la de
con la pandereta
y las castañuelas.




"Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".


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meditaciones en el mar rojo

ESTE ES MI REY, SU MAJESTAD, EL SEÑOR JESUCRISTO

apologista | enero 4, 2011 at 1:04 am | URL: http://wp.me/p6Hrw-88d

jueves, 30 de diciembre de 2010

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El relato del los Reyes Magos me recuerda el poder de la sabiduría divina. Aunque no me guíe una estrella en el cielo, sé que puedo experimentar la luz de Dios en mi vida cada día –dirigiendo mi camino y llenando mi alma de satisfacción. La luz divina me brinda paz y éxito. Así como los Reyes Magos siguieron la estrella que los llevó al Cristo niño, yo sigo mi estrella –mi luz guiadora– a un mayor despertar espiritual.
Tengo la seguridad de que al seguir la dirección que recibo de mi Creador, mi camino es claro, mi viaje es bendecido y disfruto de paz. Al abrir mi mente y corazón al Espíritu divino, soy guiado por caminos de gozo y bien ilimitado.
Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea… Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios del Oriente. –Mateo 2:1 (Versión Popular)

 SENDERO ESPIRITUAL