LUZBY BERNAL

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jueves, 8 de marzo de 2012

FELIZ DIA MUJERES !!!!


Amigas; cid:image001.jpg@01CA3C31.D3C5CC60   
 

Aquí tienes una flor para ti
 
¡¡Que tengas un buen día!! 

Entrega de flores
 .......
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Esta es para ti!!!!!

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La felicidad te mantiene dulce,
 
Las dificultades te hacen fuerte,
 
Los errores te hacen humano,
 
Los fallos te hacen humilde,
 
El éxito te hace brillar 

Pero..... solo los amigos ....
 
nos hacen sentir cómodos y libres!!!
 
cid:3.2871253809@web63406.mail.re1.yahoo.com
Gracias amiga  por ser parte de mi vida, sin importar si eres por una razón, por una época, o por la vida entera.

DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER

  FOTO de Angel Galo Picon.


sábado, 17 de septiembre de 2011

Meditación Mundial Circulos de Mujeres– 23 Septiembre 22:22

Meditación Mundial Circulos de Mujeres – 23 Septiembre 22:22

Separador
 
 
 
 
la-diosa 
 
A todas las Mujeres de luz:
 
“Este es el momento de actuar, de juntarnos, de sanar las heridas de nuestras almas y las de la Madre Tierra. Es el momento de reir, de bailar, de dejar caer las máscaras y ser más nosotras mismas. Es el momento en que tenemos que dejar que nuestro corazón sea nuestro único guía, que el Amor sea el que nos muestre el camino y sus latidos marquen nuestros pasos. Es nuestro momento, mujeres de luz, para formar el Círculo.”
 
                                     “Nuevo reto: 22.222 mujeres”
 
Os convocamos el 23 de Septiembre para entonar 3 veces ”La Oración de las Guardianas de la Tierra”  a las 22:22 horas al unísono, conectando nuestros corazones al de la Madre Tierra.
 
Este año estamos haciendo un gran esfuerzo por expandir esta meditación y hemos creado blogs en distintos idiomas, gracias a la ayuda de varias hermosas mujeres, a las que les damos las gracias de corazón:
  
Castellano:    http://meditacionmundialmujeres.wordpress.com
 
Os pedimos que nos ayudéis a dar un gigantesco impulso a la meditación mundial y que gracias al esfuerzo de todas, pueda llegar la luz a los rincones más recónditos del planeta. Que este correo viaje por todo Gaia impulsado por la fuerza de nuestros corazones.
 
Aprovechamos para hablaros de un Servicio Planetario, para ayudar a Gaia en su proceso de Ascensión, sanando viejas heridas entre España y América. Podéis leer más en: http://puentedeamor.wordpress.com/
 
Desde nuestro corazón al vuestro,
Arminda y Ana Nery

miércoles, 24 de agosto de 2011

¿SABE UD. QUIENES ESTÁN EN RIESGO DE CONTRAER CÁNCER ANAL?

¿SABE UD. QUIENES ESTÁN EN RIESGO DE CONTRAER CÁNCER ANAL?

apologista | agosto 24, 2011 at 5:45 am | Etiquetas: ANAL, cáncer, hombres, INVESTIGACIÓN, mujeres | URL: http://wp.me/p6Hrw-bCr
La creencia popular era que el Virus del Papiloma Humano afectaba sólo a las mujeres y a su útero; ahora, diversos estudios contrastan las causas
La creencia popular refería que el Virus del Papiloma Humano (VPH) afectaba sólo a las mujeres y a su útero; sin embargo, diversos estudios y análisis científicos comprueban que hoy día los varones heterosexuales u hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH) –éste último grupo con mayores probabilidades– lo presentan y lo desconocen, indica Carlos Aranda Flores, especialista en oncología y ginecología.
En ese respecto, Aranda Flores explica que el cáncer anal no es un tema únicamente de mujeres ya que 48% de los casos de este padecimiento se presenta en HSH y 21% en los hombres heterosexuales. Asimismo, “existen más de 40 tipos de VPH (de un total de 120) que pueden infectar las zonas genitales, las cuales generalmente no presentan dolor o malestar en la mayoría de los casos”, señala Aranda Flores.
Por ejemplo, las variantes 16 y 18 son los causantes del cáncer, por otra parte, el seis y el 11 generan los llamados condilomas acuminados, mejor conocidos como verrugas genitales, aparecen en forma de bultos en el pene, los testículos, la región perianal, la ingle, los muslos y el ano, los cuales son elevados, planos o en forma de coliflor que generalmente no duelen.
Además de la zona rectal, la cavidad oral también puede afectarse. Al respecto, Jaime Edelson Tishman, presidente de la Asociación Dental Mexicana, afirma que la práctica de sexo oral sin protección, sobre todo con personas que hayan tenido infecciones de transmisión sexual como el VPH (en sus variantes tipos 16 y18), son factores de riesgo para padecer el cáncer bucal.
Asimismo, el abuso del alcohol y del tabaco genera susceptibilidad al cáncer oral. Ante ello, la autoexploración de la cavidad oral, así como evitar las prótesis dentales mal ajustadas y usar siempre el condón también durante el sexo oral, entre otros, son preventivos de la enfermedad oncológica.
La vacuna
Los varones mayores de 50 años se afectan, principalmente por el cáncer en la próstata, el colon, el recto y los pulmones. No obstante, Flores Aranda puntualiza que de las neoplasias vinculadas con el VPH, el cáncer de ano ocupa los primeros lugares, luego se ubican los tumores malignos de pene y en un tercer lugar se posiciona el oral.
Ante dicho panorama, es necesario que los hombres heterosexuales y los HSH, protejan su salud por medio de la vacunación, opción que reduce hasta 90% las probabilidades de padecer los distintos tipos de cánceres (anal, de pene y garganta, éste último por el sexo oral).
“Lo más conveniente es aplicar la vacuna antes de comenzar la vida sexual, sin embargo, si ya se tienen relaciones sexuales con mayor razón debe suministrarse”, subraya el ginecólogo.
Tres dosis integran la vacunación contra el VPH.
Todos los piquetes son el hombro, luego de la primera aplicación dejas pasar dos meses para el segundo refuerzo, y a los seis meses será el tercero.
Los efectos de las vacunas son mínimos, “podrían dar dolor muscular, fiebre y cansancio, entre otros pero con su aplicación se reduce el riesgo de padecer cáncer anal hasta en 77% de los casos en hombres”.
¿Cómo detectarlo?
Los hombres deben acudir, como mínimo cada 12 meses, a una revisión para que les realicen un Papanicolaou y, con ello, sepan si presentan algo extraño o inusual en su organismo, indica el experto. En ese sentido, por medio de pruebas locales e indoloras en el ano, como la anoscopía de alta resolución (revisión de la parte interna del ano a través de un espejo) junto con un colposcopio, se amplifica de 16 a 32 veces el tejido del ano y así se conocen los tipos de lesiones y qué tan avanzada está la infección, concluye Aranda Flores.
Factores de riesgo
No estar vacunado contra el VPH.
Tener más de una pareja sexual.
Adicciones al alcohol y al tabaco. Debido a las sustancias que contienen su consumo excesivo baja las defensas de tu organismo y te hacen propenso a infectarte con el virus.
Practicar el sexo anal.
Enrojecimiento e inflamación anal recurrentes.
 FUENTE: EL MUNDO AL INSTANTE

domingo, 17 de julio de 2011

La violencia doméstica contra la mujer

Por un NUEVO PARADIGMA PLANETARIO / For a NEW PARADIGM

A message to all members of SER REAL/BEING REAL


Actualmente, el problema de la violencia doméstica contra la mujer es tan serio que es comparable con el problema del SIDA. De 2 a 4 millones de mujeres anualmente son agredidas por su compañero, esposo, novio, o amante. Entre el 15 y el 25 % de esas mujeres están embarazadas; lo cual hace más grave aún el problema.


Las estadísticas nacionales muestran que la esposa golpeada resulta con más daños y necesita más ayuda y tratamiento médico que las afectadas por violación, accidentes de autos y asaltos, en conjunto. Las mujeres maltratadas constituyen el 20% de las mujeres que acuden a los servicios de emergencia con heridas...




http://serreal.ning.com/group/bienestarysanacnemocional/forum/topics/la-violencia-domestica-contra-
Visit SER REAL/BEING REAL at: http://serreal.ning.com/?xg_source=msg_mes_network

sábado, 9 de julio de 2011

"ELOGIO A LA MUJER BRAVA"

"ELOGIO A LA MUJER BRAVA" 
Para quien no lo sepa, Héctor Abad nació en Colombia en 1958 y se recibió en Literatura moderna en Italia. Regresa a Colombia en 1987 cuando un grupo paramilitar asesina a su padre (médico defensor de derechos humanos y fundador de la que ahora es la facultad de medicina), pero vuelve a Italia por amenazas recibidas. Regresa en 1993, aproximadamente, y en la actualidad reside en Bogotá.    Por Héctor Abad
Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, mandonas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias). A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten siempre y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan,dan su punto de vista, contradicen,  hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos. Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho, el estomago, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre a diario, pero siendo tercos no escuchamos), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y senos perfectos, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.... Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, y con las que realmente podemos contar, porque está basada en algo más de lo fisico, de abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.   ¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas!
    Oro por que mis 2 hijas sean de éste maravilloso grupo y encuentren hombres que sepan apreciar a esta clase de nuevas mujeres !!!   Héctor Abad

lunes, 28 de marzo de 2011

Tener 60 en el Siglo XXI…


:godbless
LA SEXALESCENCIA. (anonimo)  
Es una generación que ha pateado fuera del idioma la palabra "sexagenario", porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales el hecho de envejecer.
Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del siglo veinte para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entónces dónde meterse, ni cómo vestirse.
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria. 
Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta litaeratura rioplatense le dio durante décadas  al concepto del trabajo. 
Lejos de las tristes oficinas de J.C. Onetti o Roberto Arlt, esta gente buscó y encontró hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganó la vida con eso. 
Supuestamente debe de ser por esto que se sienten plenos...algunos ni sueñan  con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen de adentro en uno y en la otra. Disfrutan estando al "pedismo", porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía o volar una paloma desde el 5º piso del depto.
Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante. 
Ella tras décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres sólo podían obedecer  y de ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado con ocupar. 
Esta mujer sexalescente pudo sobrevir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los 60´, en aquellos momentos de su juventud en el que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad. 
Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, otras eligieron tener hijos, otras eligieron no tenerlos, fueron periodistas, atletas o crearon su propio "YO S.A.". 
Pero cada una hizo su voluntad.
Reconozcamos que no fue un asunto fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente. 
Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo;  la gente de sesenta, hombres y mujeres, maneja la computadora como si lo hubiera hecho toda la vida. 
Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias.
Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo.  Raramente se deshacen en un llanto sentimental. 
A diferencia de los jóvenes; los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, a lo sumo... y a otra cosa
La gente grande comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada.  Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo...Ellos, los varones, no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura tuneada de una vedette. 
En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.
Hoy la gente de 60, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE, antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, por que la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben.
La gente de 60 de hoy, celebra el sol cada mañana  y sonríe para sí misma muy a menudo...Quizás, por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los de sesenta en el siglo XXI.
Enviado-Mail:Rosa Elvira Agudelo

miércoles, 9 de marzo de 2011

Gestas en ti 
la nueva humanidad
Despertar, encauzar, sanar, Recordar, 
sostener, integrar y expandir
Posted: 08 Mar 2011 06:21 AM PST
A los que todavía no concen mi otro blog, los invito a conocerlo ya 30.000 amigos lo han visitado en estos  primeros 4 meses de vida, gracias a todos por estar y ser ,Helen. Meditaciones en el Mar Rojo-Imágenes.

Y a la red Social espiritual de los amigos del blog, compuesta por 330 amigos y 
los 100 blogs y Nings amigos,vení y unite Meditaciones en el Mar Rojo grou-ps


Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".

La armonía, el amor y la luz están donde la vida te lleve. La iluminación de tus días y los colores con que los veas dependen de vos. No lo olvides, vos y sólo vos sos el hacedor de tus sueños y tu destino.

viernes, 4 de marzo de 2011

SEMANA DE LA MUJER.-MENSAJE

Posted: 02 Mar 2011 10:07 PM PST
 


Si has intentado encajar en algún molde y
no lo has conseguido probablemente
has tenido suerte.
Es posible que seas una exiliada,
pero has protegido tu alma...
Es peor permanecer en un lugar
que no nos corresponde
en absoluto, que andar perdidas
por algún tiempo,buscando
el parentesco psíquico y
espiritual que necesitamos.
Jamás es un error buscar
lo que una necesita.
Jamás.

Clarissa Pinkola Estes.



"Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma".


La armonía, el amor y la luz están donde la vida te lleve. La iluminación de tus días y los colores con que los veas dependen de vos. No lo olvides, vos y sólo vos sos el hacedor de tus sueños y tu destino.

sábado, 1 de enero de 2011

Dilma Rousseff asume como primera presidenta de Brasil

1 hora, 35 minutos
BRASILIA (AFP) - La economista Dilma Rousseff, de 63 años, se convirtió el sábado en la primera mujer presidente de Brasil, ocupando el lugar del popular Luiz Inacio Lula da Silva, a quien rindió homenaje con un llamado a profundizar las reformas sociales de su gobierno.
Ex integrante de la resistencia armada a la dictadura militar (1964-1985), por lo que pagó con torturas y tres años de cárcel, y pieza fundamental del gobierno de Lula en dos ministerios, Rousseff asumió el mando de la octava economía del mundo con un homenaje a su padrino político, quien la condujo a la Presidencia.
"El mayor homenaje (a Lula) es ampliar y avanzar las conquistas de su gobierno", dijo Rousseff ante los miembros de las dos cámaras del Congreso que la ovacionaron de pie.
Rousseff dijo que Brasil tiene la "oportunidad" de convertirse en una "nación desarrollada" con "estilo brasileño" y un fuerte componente de sostenibilidad ambiental.
Para ello, llamó a la unión de las instituciones para mantener los buenos fundamentos que sostuvieron el crecimiento brasileño en los últimos años, y pidió apoyo para asumir el "compromiso con la erradicación de la pobreza extrema" en Brasil, un flagelo que afecta a 20 millones de personas en el país de 190 millones de habitantes.
"Aún existe una pobreza que avergüenza a nuestro país", lanzó durante su primer discurso tras asumir el cargo ante el Congreso.
"No voy a descansar mientras haya en Brasil brasileños sin alimentos en su mesa, y niños pobres abandonados a su propia suerte", prometió, en medio de aplausos de legisladores y jefes de Estado presentes en el Parlamento, entre ellos la mayoría de presidentes latinoamericanos, el príncipe Felipe, heredero de la Corona española y la secretaria de estado norteamericana Hillary Clinton.
Rousseff se comprometió además a profundizar la integración latinoamericana.
"Seguiremos empeñados en profundizar la integración con nuestros hermanos latinoamericanos", sostuvo ante el plenario del Legislativo.
Su gobierno buscará "asociar su desarrollo económico y político a nuestro continente", remarcó.
Rousseff enfatizó que pretende dar una "consistencia cada vez mayor al Mercosur" integrado por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, además de Chile y Bolivia como miembros asociados externos y Venezuela en proceso de adhesión.
"Vamos a dar especial atención a los países emergentes", dijo.
"Profundizaremos el relacionamiento con Estados Unidos y la Unión Europea", añadió.
Rousseff, elegida para gobernar por cuatro años, terminó su discurso en el Congreso y se dirigió al Palacio do Planalto en donde recibió la banda presidencial del ahora ex presidente Lula, con quien se abrazó emotivamente.
"La alegría que siento por mi investidura, se mezcla con la emoción de su despedida", dijo Rousseff durante su discurso a la nación.
Luego de su discurso, la flamante mandataria acompañó a Lula, quien deja el poder con una popularidad récord de 87% después de ocho años de gobierno, a bajar la rampa de acceso del palacio de gobierno.
El presidente se despidió de su sucesora y se acercó a saludar a la multitud que esperaba. Minutos después se subió a un auto con banderas brasileñas y se fue saludando hacia la base área de Brasilia, desde donde regresó a su residencia privada del suburbio industrial obrero de Sao Bernardo do Campo, próximo a Sao Paulo.
Allí fue recibido con una fiesta organizada por su Partido de los Trabajadores y expresó: "Vuelvo a mi casa con la cabeza erguida. Y con la sensación de deber cumplido".
Rousseff pasará a ocupar el Palacio do Planalto en un momento de expansión sostenida de la economía, con una previsión de crecimiento de 7,6% del Producto Interno Bruto en 2011 y una tasa de desempleo de 5,7% en noviembre, un mínimo histórico.
No obstante, la supervalorización de la moneda local ya afectó seriamente la balanza comercial y el desempeño del segmento industrial exportador.
Además, la inflación cierra el año por encima de la meta oficial de 4,5% al año e inicia 2011 con tendencia al alza.
Bajo el gobierno de Lula, 29 millones de personas salieron de la miseria, según cifras oficiales, pero casi la mitad de la población sigue sin acceso a saneamiento y la tasa de analfabetismo roza el 10%.
Rousseff, que tomó juramento a sus ministros este sábado, contará con parte del equipo de gobierno de Lula.
En el plano externo, Rousseff asume el poder en medio de una incipiente crisis diplomática con Italia, ante la decisión adoptada por Lula en su último día de gobierno de no extraditar al ex militante de ultraizquierda italiano Cesare Battisti, condenado por cuatro asesinatos en su país.

viernes, 31 de diciembre de 2010

QUE TRISTE

  1. con el permiso de mis hermanos-amigos de este blog, quiero compartir con Ustedes este hermoso poema,  que me llega al alma, y a quién alguna vez no le pasó algo así. Y les dejo un enlace de una actriz española que admiro, respeto y adoro que lo recita. Gracias
  2.  
  3.  
  4. Qué doloroso es amar y no poderlo decir

    Si es doloroso saber que va marchando la vida
    como una mujer querida que jamás ha de volver
    Si es doloroso ignorar dónde vamos a morir
    más doloroso es amar y no poderlo decir

    Triste es ver que la mirada hacia el sol levanta el ciego
    y el sol la envuelve en su fuego y el ciego no siente nada
    ver su mirada tranquila, a la luz indiferente
    y saber que eternamente la noche va en su pupila bajo el dosel de su frente
    Pero si es triste mirar y la luz no percibir
    más doloroso es amar y no poderlo decir

    Conocer que caminamos bajo la fuerza del sino
    recorrer nuestro camino y no saber adonde vamos
    Ser un triste peregrino de la vida, en el sendero no podernos detener
    por ir siempre prisioneros del amor o del deber
    Mas si es triste caminar y no poder descansar más que al tiempo de morir
    más doloroso es amar y no poderlo decir

    Vivir, como yo, soñando con cosas que nunca vi
    y seguir... seguir andando sin saber por qué motivo ni hasta cuando
    Tener fantasía y vuelo que pongan al cielo escalas
    y ver que nos faltan alas que nos remonten al cielo
    Más si es triste no gozar lo que podemos soñar
    no hay más amargo dolor que ver al alma morir
    prisionera de un amor y no poderlo decir.

martes, 30 de noviembre de 2010

CUIDANDO LA SALUD DE LOS MARIHUANEROS

apologista | Noviembre 30, 2010 at 2:20 pm | Etiquetas: cáncer, enfermedades, inmunidad, MARIHUANA, salud | URL: http://wp.me/p6Hrw-7Kx

 ¡Volare, oh, oh...cantare..."
El cannabis suprime la función inmunológica del cuerpo
Un equipo internacional de inmunólogos ha estudiado los efectos del cannabis sobre la salud humana, y ha descubierto que fumar marihuana puede llevar a la supresión de la función inmunológica del organismo. Esta investigación resultará clave para comprender porqué los consumidores de cannabis son más propicios a padecer cierto tipo de cánceres e infecciones, explican los investigadores.
Los científicos, dirigidos por Prakash Nagarkatti, de la University of South Carolina, se centraron en su estudio en los cannabinoides, que son sustancias que se encuentran en la planta del cannabis. Entre los cannabinoides analizados se incluyó el THC (o tetrahidrocannabinol), que es un ingrediente psicoactivo de la marihuana que se utiliza actualmente también con fines médicos, como calmante del dolor.
Según los investigadores, un elemento clave del proceso inmunodepresor que propicia el cannabis son unas células denominadas MDSCs (células supresoras derivadas de mieloide), que se sabe atacan al sistema inmunológico.
Los científicos demostraron en su estudio que los cannabinoides pueden activar masivamente las células MDSCs y, en consecuencia, afectar a la capacidad de respuesta inmunológica del cuerpo humano.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Para algunas personas, la navidad nunca cumple su promesa. Pero cuando yo era niña, la navidad nunca fallaba. Siempre era mágica, siempre un misterio, siempre el único día del año en el que podíamos confiar para unirnos como familia. En otras palabras, era la única celebración (aparte de la cena de Pesaj en la casa de Tía Sofía) que mi padre, Norman Cousins editor de la revista Saturday Review, no
Para algunas personas, la navidad nunca cumple su promesa. Pero cuando yo era niña, la navidad nunca fallaba. Siempre era mágica, siempre un misterio, siempre el único día del año en el que podíamos confiar para unirnos como familia. En otras palabras, era la única celebración (aparte de la cena de Pesaj en la casa de Tía Sofía) que mi padre, Norman Cousins editor de la revista Saturday Review, no se perdería por nada.
 Para él, un hijo de inmigrantes en la ciudad de Nueva York durante la depresión, las festividades judías eran una cosa nefasta. La observancia era impuesta por adultos con buenas intenciones quienes – en su propia aflicción, y en su ignorancia del judaísmo y de psicología infantil básica – imponían temor vestido de piedad. Aburridas horas en la sinagoga, pronunciar rezos interminables en una lengua antigua, recitar palabras cuyo significado nunca era explicado… mientras en ese mismo momento, afuera en la calle, identificarse a uno mismo como judío era involucrarse en violencia antisemita.
La única festividad que observábamos por completo era aquella que mi padre nunca había experimentado personalmente.
 Como padre, el resolvió muy temprano que sus propios hijos serian perdonados: nadie le diría a sus hijas tonterías supersticiosas a la fuerza. De hecho, la única festividad que observábamos por completo era aquella que mi padre nunca había experimentado personalmente – la única sin trasfondo religioso, y cuyas caprichosas tradiciones él y mi madre podían de alguna manera crear desde el comienzo, improvisando en el camino. Para él – por lo tanto para nosotros – no era más que entretención y una resplandeciente alegría, y el hecho de que pudiera conferirlo sin culpas a sus hijos representaba, para él, la maravillosa liberación americana de las ataduras del mundo antiguo de sus padres y del cautiverio tribal. Cuando llegaba el 24 de diciembre ninguna reunión urgente en Washington, ninguna conferencia en Des Moines, ni siquiera un plazo editorial, podía alejarlo de nosotras en la nevada Connecticut.
 Festejo Familiar
 Mi padre puede haber apuntado hacia la liberación del ritual, pero nuestra observancia de la navidad tenía varios rituales, y los cuidábamos celosamente, inflexiblemente. Desde finales de noviembre en adelante, el suspenso crecía deliciosamente día tras día. Regalos – algunos ya envueltos y con cinta – eran escondidos en el frío cobertizo donde estaba la mesa de ping-pong, esperando ociosamente por un clima más tibio, tambaleándose bajo su carga anual. Yo me asomaba ahí a veces para mirar un poquito, y la pila seguía aumentando. El árbol era decorado en la víspera de navidad, no antes, y sólo pequeñas luces blancas eran permitidas – no luces multicolores de mal gusto. Lo mismo para las ampolletas – nada más que plateadas y doradas. Cada año, cuatro ángeles de papel hechos a mano aparecían sobre el mantel, uno para cada hija. Yo era el más pequeño, último en la fila, en bata roja y con alas doradas.
 Una vez (era a mediados de los años 50, y el Holocausto ya había tenido un rápido y temporal entierro sobre un grueso y profundo silencio), una de las amigas de mi hermana nos llevó al centro de la ciudad para el canto comunitario anual de villancicos en la víspera de navidad. Ahí, en el encantador parque municipal conocido como “El Pequeño Acre de Dios”, rodeadas por todos lados por las más blancas y adorables iglesias de la era colonial – congregacionalista, metodista y episcopal – nos sumamos a la concurrencia de nuestros ciudadanos mientras “noche de paz, noche de amor” se elevaba en sus felices y sonoras voces hacia el frío aire.
Antes del amanecer de la mañana siguiente, cuando abría mis ojos y veía que el esperado momento finalmente había llegado, saltaba de la cama a despertar a mis hermanas mayores (quienes siempre estaban unos cuantos pasos más adelante que yo con sofisticación displicente). Una misteriosa alegría lo animaba todo, y aquí en la cafetería de Jerusalem en donde escribo en mi computadora cuarenta años después, justo ahora, un fugaz recuerdo pasó a través de una enterrada región de mi cerebro (como una estrella fugaz, a penas apareció ya se había ido), un recuerdo del entusiasmo casi insoportable, paradas ahí esperando en la parte superior de las escaleras.
Luego, la magia – ¡la maravilla de ella! – cuando desde los escalones de abajo fijábamos nuestros ojos sobre las cuatro medias rojas colgadas sobre la chimenea, y el brillante árbol con su estrella en la punta, ¡y la pila de relucientes regalos bajo sus ramas! Botábamos nuestras medias al suelo para ver que habíamos recibido, y si alguna vez tuve la esperanza de que Santa Claus fuera real, las nueces y las naranjas me convencían de lo contrario. La comida sana era el sello inconfundible de mi madre. Sin grasa y restringiendo nuestro consumo de azúcar a un bastón de caramelo de rayas rojas y blancas por media.
No debíamos abrir nada más hasta que nuestros padres se levantaran, e incluso entonces, nadie podía meterse ahí egocéntricamente. Teníamos que hacerlo por turnos – abriendo los regalos de a uno a la vez, mientras todos los demás observaban – así que siempre tomaba toda la mañana, abriendo todos los regalos, todos juntos como familia. Luego venía el enorme desayuno familiar, la única vez en todo el año en que hacíamos una cosa como esa, tomar desayuno todos juntos, formalmente, en el comedor – con velas blancas sobre la mesa, y servilletas de tela, y el mantel escocés rojo guardado exclusivamente para este día. Incluso el menú era una tradición firmemente fijada: salchichas y huevos revueltos.
Luego, finalmente, la corona de gloria: mi padre aparecería en su disfraz anual de Santa Claus, que a medida que pasaban los años, se hizo más cómico y absurdo: Santa como una ancianita, Santa como un gorila, Santa con pequeñas campanitas y una lata colgada penosamente de su cola.
Mi montón de regalos de navidad siempre era grande, y satisfactorio. A pesar de que siempre había una cierta deflación y colapso hacia la nada al día siguiente – ¿eso es todo? – recuerdo haberme sentido celosa del regalo de alguien más solamente en una ocasión en esos años. En una tarde de 25 de diciembre, luego de que todos mis juguetes y ropa nueva habían sido guardados – y el mundo repentinamente privado de misterio, había colapsado en si mismo como un hoyo negro – estaba hablando por teléfono con Linda, una amiga de primaria. Estábamos hablando acerca de nuestro respectivo botín – entre otras cosas, yo había recibido una perinola musical y una chaqueta amarilla – cuando ella reportó un par de medias rojas, las cuales incitaron mi intensa envidia. Pero en la misma conversación, ella me dejó atónita con las noticias de que ella y sus hermanos se habían puesto a pelear por un regalo. Fue impactante. ¿En el día de navidad? Yo estaba horrorizada, y silenciosamente aliviada. La familia de Linda había permitido que este día – ¿este día? – fuera contaminado con la rutina. Medias rojas o no, yo era más afortunada después de todo.
Mis padres tuvieron tanto éxito en crear una maravillosa navidad para sus hijos, y para ellos mismos. ¿Cómo podrían haber sospechado que en algún lugar en mi interior, algo no encajaba?
Aquella víspera de navidad cuando nos aventuramos a compartir con una comunidad más grande y me paré ahí, en toda mi pequeñez, rodeada de altas y sonrientes personas en el parque municipal, estampando sus pies en el frío y riéndose y hablando, con todos los elegantes y blancos campanarios elevándose a nuestro alrededor en la estrellada noche… quizás esa fue la primera vez que tuve un presentimiento.
Sin importar cuan radiante, glorioso y encantador era todo… algo decadente y penoso estaba ocurriendo.
Todas estas personas estaban familiarizadas con el lugar. Ellos venían aquí todos los domingos. Nosotros no. Nunca veníamos a un lugar como este. ¿La resurrección? Incluso Santa Claus parecía más real. Y esa historia acerca del bebé en el pesebre: incluso los adultos parecían creerla. Para nosotros era solamente… una linda fiesta.
Algo era repentinamente muy lógico, y yo no quería verlo. Una niña judía cantando villancicos navideños era… un poco tonto. Me sentía como una inadaptada. Estaba haciendo el ridículo ante mis propios ojos. Toda esta ansia de pertenecer… de ser parte de la alegría de otros. Sin importar cuan radiante, glorioso, mágico y encantador era todo… sin importar cuan profundamente conmovida estaba por estas desconcertantes palabras que salían de mis propios labios… algo decadente y penoso estaba ocurriendo. Algo había estado oculto, o yo me estaba escondiendo de algo. Y toda la situación había generado algo así como… desprecio. ¿Hacia qué?
¿Hacia… mí?
Era inútil.
No entendía porque tenia que ser así, pero en mi corazón yo lo sabía. Ser una niña judía en navidad… era tener miedo de ser lo que yo era.
En el Coche
A los 22 años, comencé a anunciarle a mi familia que había descubierto mi identidad judía. Conseguí trabajo enseñando idioma en la sociedad más ortodoxa de la vieja escuela que pudiera encontrar – La jasídica Williamsburg – y mi primer día de trabajo fue justo un domingo, 25 de diciembre.
En el coche regresando a Connecticut unos días antes de la festividad, ahí estaba yo, en el asiento trasero y mis padres adelante, cuando hice el anuncio. No iba a estar con la familia este año para los festejos de la mañana de navidad. Tenía un trabajo. No solamente era un gran golpe en cuanto a la religión; era además la primera vez en mi vida en que iba a ganar dinero.
Recuerdo ahora (con pesar) como mi padre agarró el volante y dio vuelta su cabeza. “¡Sara!” fue como si lo hubieran golpeado. “¿A qué te refieres?”
“Conseguí un trabajo enseñando idioma, y comienza el 25 de diciembre en la mañana”, expliqué orgullosamente.
“Pero Sara, ¡esta es una tradición familiar! Siempre estamos juntos en este día. ¡No puedes hacer eso!” Mi madre tomó la mano de mi padre.
“Sí que puedo”, disparé de vuelta, alzando mi voz. “Navidad es una festividad cristiana, y nosotros no somos cristianos. ¡Soy judía y tú también lo eres!”
“¡Nosotros no lo tomamos como una festividad religiosa! ¡No tiene nada que ver con la religión!” Su voz se quebró. “¡Para nosotros es una festividad nacional!”
Finalmente fui a mi primer día de trabajo, y todas las pequeñas niñas parecieron disfrutar de la clase, aunque el director me despidió muy correctamente cuando me presenté a la mañana siguiente. Evidentemente algunos de los padres se habían quejado de que la nueva maestra de idioma había hecho a sus hijas memorizar una extraña canción, que sonaba como de gentiles, acerca de una mujer llamada Alicia.
Alicia va en el coche, Carolín
Alicia va en el coche, Carolín
A ver a su papá
Carolín Ca Cao Leo Lao
Mis padres se hubieran unido rápidamente. Esa canción era una de nuestras tradiciones familiares, que databa de la infancia de mi madre. La había compartido con mis nuevas alumnas con placer, y todas sus dulces y vividas voces habían cantado:
Qué lindo pelo lleva, Carolín
Qué lindo pelo lleva, Carolín
Quién se lo peinará
Carolín Ca Cao Leo Lao
Poco sabía yo, viniendo de una familia cuyo árbol de navidad estaba en pie en ese momento con todo su esplendor en nuestro salón, que las pequeñas niñas llamadas Raizie, Feiga y Sorale, de antiguas familias jasídicas en Williamsburg nunca habían escuchado acerca de niñas llamadas Alicia. Y tampoco sabían nada acerca de andar en coche, y mucho menos que las jovencitas salían solas en coche con el pelo al viento.
Mi vergüenza fue gigante. Había perdido la navidad con mi padre, y también a los jasídicos de Brooklyn. Mi demostración de independencia había sido una farsa, y la judeidad que había afirmado como mía, no era mía para nada.
Entre la Luz y la Oscuridad
Mis propios hijos, y los hijos de mis hijos, no tuvieron que pasar por este particular tipo de confusión, esta división interna… esto de estar parado afuera mirando hacia adentro. Las pequeñas llamas que alumbran nuestra ventana durante Januca siempre se ven reflejadas en todas las ventanas del vecindario, y por todo Jerusalem, y alrededor del mundo.
Ellos no comparten mi persistente sensación de pérdida, cuando llega el 25 de diciembre… no pérdida de la festividad cristiana alguna vez celebré, sino de mi padre, que no sabia que no es la liberación de un ritual lo que una pequeña niña necesita, sino sus propios rituales. Las tradiciones religiosas que él abandonó – porque cuando él era niño, su significado nunca había sido revelado – fueron las mismas que podían haber contenido a todos mis años de anhelar diferenciación en su firme abrazo. Solamente ellas podrían haber saciado mi infantil anhelo de belleza, drama, entusiasmo, orden, por la autoestima engendrada por la autodisciplina, y por sobre todo, de inclusión – de sentir que pertenecía.
¿Qué necesitaba yo, como toda niña? Necesitaba saber que existe tal cosa como los milagros en el mundo – algo invisible y trascendente, más allá de lo mundano. ¿Mágico? Sí, pero más que mágico. Algo real. Porque lo ideal es real. Lehavdil bein kodesh lejol. Bendito eres Tú que distingues entre lo sagrado y lo profano, entre la luz y la oscuridad.
Todos alrededor de ese pequeño niño (que posteriormente se convirtió en mi padre) estaban en la oscuridad. Nadie pudo decirle: Tu pueblo celebra el milagro de la creación cada viernes por la noche. En ese día, cada semana, se reúnen padres e hijos – sin importar lo que ocurra, pueden contar con eso – con manteles especiales sobre la mesa y cantando, a la luz de las velas.
se perdería por nada.
 Para él, un hijo de inmigrantes en la ciudad de Nueva York durante la depresión, las festividades judías eran una cosa nefasta. La observancia era impuesta por adultos con buenas intenciones quienes – en su propia aflicción, y en su ignorancia del judaísmo y de psicología infantil básica – imponían temor vestido de piedad. Aburridas horas en la sinagoga, pronunciar rezos interminables en una lengua antigua, recitar palabras cuyo significado nunca era explicado… mientras en ese mismo momento, afuera en la calle, identificarse a uno mismo como judío era involucrarse en violencia antisemita.
La única festividad que observábamos por completo era aquella que mi padre nunca había experimentado personalmente.
 Como padre, el resolvió muy temprano que sus propios hijos serian perdonados: nadie le diría a sus hijas tonterías supersticiosas a la fuerza. De hecho, la única festividad que observábamos por completo era aquella que mi padre nunca había experimentado personalmente – la única sin trasfondo religioso, y cuyas caprichosas tradiciones él y mi madre podían de alguna manera crear desde el comienzo, improvisando en el camino. Para él – por lo tanto para nosotros – no era más que entretención y una resplandeciente alegría, y el hecho de que pudiera conferirlo sin culpas a sus hijos representaba, para él, la maravillosa liberación americana de las ataduras del mundo antiguo de sus padres y del cautiverio tribal. Cuando llegaba el 24 de diciembre ninguna reunión urgente en Washington, ninguna conferencia en Des Moines, ni siquiera un plazo editorial, podía alejarlo de nosotras en la nevada Connecticut.
 Festejo Familiar
 Mi padre puede haber apuntado hacia la liberación del ritual, pero nuestra observancia de la navidad tenía varios rituales, y los cuidábamos celosamente, inflexiblemente. Desde finales de noviembre en adelante, el suspenso crecía deliciosamente día tras día. Regalos – algunos ya envueltos y con cinta – eran escondidos en el frío cobertizo donde estaba la mesa de ping-pong, esperando ociosamente por un clima más tibio, tambaleándose bajo su carga anual. Yo me asomaba ahí a veces para mirar un poquito, y la pila seguía aumentando. El árbol era decorado en la víspera de navidad, no antes, y sólo pequeñas luces blancas eran permitidas – no luces multicolores de mal gusto. Lo mismo para las ampolletas – nada más que plateadas y doradas. Cada año, cuatro ángeles de papel hechos a mano aparecían sobre el mantel, uno para cada hija. Yo era el más pequeño, último en la fila, en bata roja y con alas doradas.
 Una vez (era a mediados de los años 50, y el Holocausto ya había tenido un rápido y temporal entierro sobre un grueso y profundo silencio), una de las amigas de mi hermana nos llevó al centro de la ciudad para el canto comunitario anual de villancicos en la víspera de navidad. Ahí, en el encantador parque municipal conocido como “El Pequeño Acre de Dios”, rodeadas por todos lados por las más blancas y adorables iglesias de la era colonial – congregacionalista, metodista y episcopal – nos sumamos a la concurrencia de nuestros ciudadanos mientras “noche de paz, noche de amor” se elevaba en sus felices y sonoras voces hacia el frío aire.
Antes del amanecer de la mañana siguiente, cuando abría mis ojos y veía que el esperado momento finalmente había llegado, saltaba de la cama a despertar a mis hermanas mayores (quienes siempre estaban unos cuantos pasos más adelante que yo con sofisticación displicente). Una misteriosa alegría lo animaba todo, y aquí en la cafetería de Jerusalem en donde escribo en mi computadora cuarenta años después, justo ahora, un fugaz recuerdo pasó a través de una enterrada región de mi cerebro (como una estrella fugaz, a penas apareció ya se había ido), un recuerdo del entusiasmo casi insoportable, paradas ahí esperando en la parte superior de las escaleras.
Luego, la magia – ¡la maravilla de ella! – cuando desde los escalones de abajo fijábamos nuestros ojos sobre las cuatro medias rojas colgadas sobre la chimenea, y el brillante árbol con su estrella en la punta, ¡y la pila de relucientes regalos bajo sus ramas! Botábamos nuestras medias al suelo para ver que habíamos recibido, y si alguna vez tuve la esperanza de que Santa Claus fuera real, las nueces y las naranjas me convencían de lo contrario. La comida sana era el sello inconfundible de mi madre. Sin grasa y restringiendo nuestro consumo de azúcar a un bastón de caramelo de rayas rojas y blancas por media.
No debíamos abrir nada más hasta que nuestros padres se levantaran, e incluso entonces, nadie podía meterse ahí egocéntricamente. Teníamos que hacerlo por turnos – abriendo los regalos de a uno a la vez, mientras todos los demás observaban – así que siempre tomaba toda la mañana, abriendo todos los regalos, todos juntos como familia. Luego venía el enorme desayuno familiar, la única vez en todo el año en que hacíamos una cosa como esa, tomar desayuno todos juntos, formalmente, en el comedor – con velas blancas sobre la mesa, y servilletas de tela, y el mantel escocés rojo guardado exclusivamente para este día. Incluso el menú era una tradición firmemente fijada: salchichas y huevos revueltos.
Luego, finalmente, la corona de gloria: mi padre aparecería en su disfraz anual de Santa Claus, que a medida que pasaban los años, se hizo más cómico y absurdo: Santa como una ancianita, Santa como un gorila, Santa con pequeñas campanitas y una lata colgada penosamente de su cola.
Mi montón de regalos de navidad siempre era grande, y satisfactorio. A pesar de que siempre había una cierta deflación y colapso hacia la nada al día siguiente – ¿eso es todo? – recuerdo haberme sentido celosa del regalo de alguien más solamente en una ocasión en esos años. En una tarde de 25 de diciembre, luego de que todos mis juguetes y ropa nueva habían sido guardados – y el mundo repentinamente privado de misterio, había colapsado en si mismo como un hoyo negro – estaba hablando por teléfono con Linda, una amiga de primaria. Estábamos hablando acerca de nuestro respectivo botín – entre otras cosas, yo había recibido una perinola musical y una chaqueta amarilla – cuando ella reportó un par de medias rojas, las cuales incitaron mi intensa envidia. Pero en la misma conversación, ella me dejó atónita con las noticias de que ella y sus hermanos se habían puesto a pelear por un regalo. Fue impactante. ¿En el día de navidad? Yo estaba horrorizada, y silenciosamente aliviada. La familia de Linda había permitido que este día – ¿este día? – fuera contaminado con la rutina. Medias rojas o no, yo era más afortunada después de todo.
Mis padres tuvieron tanto éxito en crear una maravillosa navidad para sus hijos, y para ellos mismos. ¿Cómo podrían haber sospechado que en algún lugar en mi interior, algo no encajaba?
Aquella víspera de navidad cuando nos aventuramos a compartir con una comunidad más grande y me paré ahí, en toda mi pequeñez, rodeada de altas y sonrientes personas en el parque municipal, estampando sus pies en el frío y riéndose y hablando, con todos los elegantes y blancos campanarios elevándose a nuestro alrededor en la estrellada noche… quizás esa fue la primera vez que tuve un presentimiento.
Sin importar cuan radiante, glorioso y encantador era todo… algo decadente y penoso estaba ocurriendo.
Todas estas personas estaban familiarizadas con el lugar. Ellos venían aquí todos los domingos. Nosotros no. Nunca veníamos a un lugar como este. ¿La resurrección? Incluso Santa Claus parecía más real. Y esa historia acerca del bebé en el pesebre: incluso los adultos parecían creerla. Para nosotros era solamente… una linda fiesta.
Algo era repentinamente muy lógico, y yo no quería verlo. Una niña judía cantando villancicos navideños era… un poco tonto. Me sentía como una inadaptada. Estaba haciendo el ridículo ante mis propios ojos. Toda esta ansia de pertenecer… de ser parte de la alegría de otros. Sin importar cuan radiante, glorioso, mágico y encantador era todo… sin importar cuan profundamente conmovida estaba por estas desconcertantes palabras que salían de mis propios labios… algo decadente y penoso estaba ocurriendo. Algo había estado oculto, o yo me estaba escondiendo de algo. Y toda la situación había generado algo así como… desprecio. ¿Hacia qué?
¿Hacia… mí?
Era inútil.
No entendía porque tenia que ser así, pero en mi corazón yo lo sabía. Ser una niña judía en navidad… era tener miedo de ser lo que yo era.
En el Coche
A los 22 años, comencé a anunciarle a mi familia que había descubierto mi identidad judía. Conseguí trabajo enseñando idioma en la sociedad más ortodoxa de la vieja escuela que pudiera encontrar – La jasídica Williamsburg – y mi primer día de trabajo fue justo un domingo, 25 de diciembre.
En el coche regresando a Connecticut unos días antes de la festividad, ahí estaba yo, en el asiento trasero y mis padres adelante, cuando hice el anuncio. No iba a estar con la familia este año para los festejos de la mañana de navidad. Tenía un trabajo. No solamente era un gran golpe en cuanto a la religión; era además la primera vez en mi vida en que iba a ganar dinero.
Recuerdo ahora (con pesar) como mi padre agarró el volante y dio vuelta su cabeza. “¡Sara!” fue como si lo hubieran golpeado. “¿A qué te refieres?”
“Conseguí un trabajo enseñando idioma, y comienza el 25 de diciembre en la mañana”, expliqué orgullosamente.
“Pero Sara, ¡esta es una tradición familiar! Siempre estamos juntos en este día. ¡No puedes hacer eso!” Mi madre tomó la mano de mi padre.
“Sí que puedo”, disparé de vuelta, alzando mi voz. “Navidad es una festividad cristiana, y nosotros no somos cristianos. ¡Soy judía y tú también lo eres!”
“¡Nosotros no lo tomamos como una festividad religiosa! ¡No tiene nada que ver con la religión!” Su voz se quebró. “¡Para nosotros es una festividad nacional!”
Finalmente fui a mi primer día de trabajo, y todas las pequeñas niñas parecieron disfrutar de la clase, aunque el director me despidió muy correctamente cuando me presenté a la mañana siguiente. Evidentemente algunos de los padres se habían quejado de que la nueva maestra de idioma había hecho a sus hijas memorizar una extraña canción, que sonaba como de gentiles, acerca de una mujer llamada Alicia.
Alicia va en el coche, Carolín
Alicia va en el coche, Carolín
A ver a su papá
Carolín Ca Cao Leo Lao
Mis padres se hubieran unido rápidamente. Esa canción era una de nuestras tradiciones familiares, que databa de la infancia de mi madre. La había compartido con mis nuevas alumnas con placer, y todas sus dulces y vividas voces habían cantado:
Qué lindo pelo lleva, Carolín
Qué lindo pelo lleva, Carolín
Quién se lo peinará
Carolín Ca Cao Leo Lao
Poco sabía yo, viniendo de una familia cuyo árbol de navidad estaba en pie en ese momento con todo su esplendor en nuestro salón, que las pequeñas niñas llamadas Raizie, Feiga y Sorale, de antiguas familias jasídicas en Williamsburg nunca habían escuchado acerca de niñas llamadas Alicia. Y tampoco sabían nada acerca de andar en coche, y mucho menos que las jovencitas salían solas en coche con el pelo al viento.
Mi vergüenza fue gigante. Había perdido la navidad con mi padre, y también a los jasídicos de Brooklyn. Mi demostración de independencia había sido una farsa, y la judeidad que había afirmado como mía, no era mía para nada.
Entre la Luz y la Oscuridad
Mis propios hijos, y los hijos de mis hijos, no tuvieron que pasar por este particular tipo de confusión, esta división interna… esto de estar parado afuera mirando hacia adentro. Las pequeñas llamas que alumbran nuestra ventana durante Januca siempre se ven reflejadas en todas las ventanas del vecindario, y por todo Jerusalem, y alrededor del mundo.
Ellos no comparten mi persistente sensación de pérdida, cuando llega el 25 de diciembre… no pérdida de la festividad cristiana alguna vez celebré, sino de mi padre, que no sabia que no es la liberación de un ritual lo que una pequeña niña necesita, sino sus propios rituales. Las tradiciones religiosas que él abandonó – porque cuando él era niño, su significado nunca había sido revelado – fueron las mismas que podían haber contenido a todos mis años de anhelar diferenciación en su firme abrazo. Solamente ellas podrían haber saciado mi infantil anhelo de belleza, drama, entusiasmo, orden, por la autoestima engendrada por la autodisciplina, y por sobre todo, de inclusión – de sentir que pertenecía.
¿Qué necesitaba yo, como toda niña? Necesitaba saber que existe tal cosa como los milagros en el mundo – algo invisible y trascendente, más allá de lo mundano. ¿Mágico? Sí, pero más que mágico. Algo real. Porque lo ideal es real. Lehavdil bein kodesh lejol. Bendito eres Tú que distingues entre lo sagrado y lo profano, entre la luz y la oscuridad.
Todos alrededor de ese pequeño niño (que posteriormente se convirtió en mi padre) estaban en la oscuridad. Nadie pudo decirle: Tu pueblo celebra el milagro de la creación cada viernes por la noche. En ese día, cada semana, se reúnen padres e hijos – sin importar lo que ocurra, pueden contar con eso – con manteles especiales sobre la mesa y cantando, a la luz de las velas.

AISHLATINO