LUZBY BERNAL

jueves, 3 de agosto de 2017

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Fuertes palabras de William Brownfield (USA) al gobierno de Juan Manuel ...

Enfoques sobre la Parashá Devarim - Palabras


Torá desde Jerusalem



Parashá Devarim - Palabras

Libro Devarim / Deuteronomio (1:1 a 3:22)
Enfoques sobre la Parashá

"Mas yo les había manifestado en aquel tiempo diciendo: No voy a poder, yo solo, soportaros a vosotros.  Hashem, vuestro Di-s los ha multiplicado, y he aquí que vosotros sois hoy, cual estrellas del cielo en profusión" (Devarim 1:9-10)
Los Hijos de Israel son comparados con la arena del mar y con las estrellas de los Cielos.  La naturaleza de la arena es que cada grano está ligado a su vecino.  Completamente lo contrario son las estrellas del cielo que forzadamente están a años luz unas de otras y cada estrella es un mundo aparte.  Cuando los Hijos de Israel están unidos, ligados en una unidad, es todavía posible para Moshé llevar su carga.  Pero cuando están divididos y distantes unos de otros, y cada uno es un "mundo aparte", la tensión del que tiene que liderarlos se hace insoportable.
(Adaptado de Afike Iehuda)


"No habréis de ser condescendientes, con conocidos, en el juicio.  Tanto al pequeño como al grande habréis de escuchar; no habréis de temer por causa de hombre, ya que el juicio ante Di-s es.  Empero, el caso que les sea difícil, me lo habréis de presentar a mi y yo lo entenderé". (Devarim1:17)
El Ramban dice que cuando una persona es estricta en determinar si la Torá le permite o prohíbe hacer una acción en particular, en primer lugar va a salirse de la situación completamente, imaginando que esto no le está pasando a ella.  Solo después podrá clarificar la verdad y determinar si lo que quiere hacer es realmente la voluntad de Di-s.  Esto es el significado de este versículo: "Empero, el caso que les sea difícil"--si es difícil para ustedes decidir si es correcto o no hacer algo, "me lo habréis de presentar a mi"--no miren a la situación con sus propios ojos, sino que solamente desde el punto de vista de lo que Di-s quiere, y así la verdad les será revelada.
(Sefat Emet)


Moshé le está diciendo al pueblo que los casos difíciles se los lleven a él para juzgar.  Pero cuando Itró le dio el mismo consejo a Moshé, viendo que Moshé estaba colmado de casos legales, dijo que los grandes asuntos deben ser traídos a Moshé y los pequeños reclamos deben ser dejados para un sistema legal jerarquizado.  Esto marca una interesante distinción entre la ley judía y la ley secular. En el mundo secular, personificado aquí por Itró, un caso es juzgado de acuerdo a la suma de dinero en juego.  En los casos que está en juego una gran suma se llega hasta la autoridad judicial suprema del país aunque el procedimiento para ese caso sea rápido y no competa más que a un juez regular. En el judaísmo, sin embargo, si la ley es clara, el caso puede ser resuelto por cualquier autoridad halájica; solo cuando el caso es "difícil" de juzgar es llevado a manos de una autoridad halájica más conocedora y experimentada (aun si el caso es por una pequeña suma de dinero).


"Y lo que te sea demasiado difícil, tráemelo a mí, y yo lo escucharé" (Devarim 1:17)
"Problema compartido es medio problema", dice el adagio. En el mundo de la psiquiatría, es bien sabido que parte del proceso de ayudar a la gente con sus problemas es alentarlos a que los verbalicen. El tener alguien que escuche nuestros problemas es en sí un alivio, a pesar de que el problema aun no se haya resuelto.
El Rebe de Gur señala que esta idea tiene su origen en las palabras de Moshé: "y lo que te sea demasiado difícil, tráemelo a mí, y yo lo escuchare". Moshé no dice "Yo te resolveré el problema", sino más bien "Yo lo escuchare". El dejar que una persona expresa su problema es terapéutico en sí mismo, y además puede ayudarlo a hallar una solución permanente.
(Adaptado de Rabí Abraham J. Twersky)


"Atended a los pleitos entre vuestros hermanos, y juzgareis en forma justa" (1:16)
 El juez no puede escuchar a un litigante en ausencia de su oponente (Sanhedrin 7b)
Un bebé. No hay nada más puro que un bebe. Nada más inocente. Nada que pueda simbolizar todo lo bueno más que un bebe... O... ¿tal vez si?
Desde el momento en que el bebe abre la boca y emite sus primeros gritos, expresa un egoísmo sin oposiciones. "¡Quiero comer!" "¡Quiero dormir!" "¡No quiero dormir!" "¡Quiero más de comer!". La vida del bebe no es mas que una letanía incesante de egoísmo. Veinticuatro horas por día. Hasta la edad de 12 o 13 años.
Cuando el niño o la niña se transforman en Bar o Bat Mitzvá, el mejor regalo que recibe no es una lapicera a fuente, o una computadora. El mejor regalo que recibe es el ietzer tov (la buena inclinación). Porque hasta ese momento, el ietzer hará (mala inclinación) gobierna sin ninguna oposición. (Rashi Kohelet 4:13).
Rabí Jonathan Eybechuetz fue un niño prodigio. Inclusive en su temprana infancia, domino su deseo natural de ir a jugar, y prefirió sumergirse en el estudio de la Tora. Cuando llego su Bar Mitzvá, le preguntaron cómo había podido evitar el ietzer hará cuando todavía era tan pequeño.
El pequeño Reb Jonathan respondió: "La Tora nos enseña que el juez no puede escuchar el testimonio de un litigante si el otro no se encuentra presente. Por eso, cada vez que el ietzer hará trataba de incitarme a que me alejara de mis estudios, le decía que no podía escuchar su planteo hasta que cumpliera trece años, y el otro litigante, mi ietzer tov, también pudiera estar presente para exponer su punto de vista".


"Moshé comenzó a explicar esta Torá..." (Devarim 1:5)
Cuando Moshé comenzó a explicar la Torá, lo hizo en los 70 idiomas básicos. ¿Para qué? Después de todo, los israelitas sabían la Lengua Santa, y no hacía falta que Moshé tradujera  a los otros idiomas...
Hashem sabía que el pueblo judío debería atravesar una larga noche de exilio disperso entre las naciones del mundo. Por eso, Moshé explico la Tora en los 70 idiomas, para que cada idioma y cada nación y cada tierra poseyeran una chispa de la Torá.
(Jidushei ha Rim)


"Porque el juicio es de Di-s"
"Imitatio Dei" no es una cantata de Bach. Ni tampoco es  un fresco de Donatello de la Capilla Sixtina. Imitatio Dei es una mitzvá de la Tora, según la cual nuestros actos deben emular a los de Hashem. Dice el Talmud: “Así como Él viste a los que no tienen ropa, uno debe vestir a los que no tienen ropa... Así como Él visita a los enfermos, uno debe visitar a los enfermos... Así como Él consuela al que está de luto, uno debe consolar al que está de luto... Así como Él entierra a los muertos, uno debe  enterrar a los muertos. (Sota 13b).
Resulta muy interesante que todos los rasgos mencionados en esta guemará son rasgos positivos. Por ejemplo, en ningún momento dice "Así como Él juzga a los malvados, uno debe juzgar a los malvados". No. El énfasis está puesto en nuestra obligación de cumplir con la justicia.
¿Por qué?
Porque cuando hablamos de virtudes, debemos parecernos a Di-s lo más posible, ser "imitatio Dei", ser como Hashem. Sin embargo, cuando se trata del juicio, debemos saber que "el juicio es de Di-s". Nosotros no somos más que sus agentes.
(Rabí Moshé Eisman, basado en el Ramban, oído de boca  de Rabí Moshé Zauderer)

"Y lo que sea demasiado difícil para vosotros..." (Devarim1:17)
Moshé le dice al pueblo que le traiga los casos difíciles, para que él los juzgue. Pero cuando Itró aconsejó a Moshé en un tono parecido, al ver que Moshé se veía inundado con tantas demandas legales, le dijo que le trajeran a él los casos grandes, mientras que los casos pequeños deberían ser juzgados por un sistema legal jerárquico.
A partir de esto podemos apreciar una interesante distinción entre el sistema legal judío y el sistema legal secular: en el mundo secular, personificado en este caso por Itró, el caso se juzga de acuerdo con la cantidad de dinero que hay en juego. Los casos que tienen que ver con una suma importante de dinero suelen alcanzar a la autoridad judicial suprema, aunque la propia ley sea muy clara y dentro del margen de competencia de un juez corriente.
Sin embargo, en el judaísmo, si la ley es clara, puede ser arbitrada por cualquier autoridad halájica calificada. Pero si el caso es "difícil", si exige una fina delineación y una profunda evaluación, entonces puede llegar a los más  encumbrados árbitros halájicos, aunque estén en juego  solamente unos pocos pesos...
(Rabí Mordejai Perlman) 
"Ya no puedo transportaros yo solo. Que Hashem, vuestro Di-s, os incremente, y os coloque hoy como las estrellas del Firmamento por su número". (Devarim 1:9,10)
Los Bnei Israel se comparan con la arena del mar y las  estrellas del Cielo. La naturaleza de la arena es que cada  grano esta unido a su vecino. Con las estrellas del cielo  ocurre exactamente lo contrario, pues allí cada una está  separada de la otra por  millones de años luz, y cada  estrella es un mundo entero en sí misma.
Cuando el pueblo judío esta unido, conformando una sola  unidad, Moshé puede transportar su peso; pero cuando  están divididos y distantes los unos de los otros, y cada  uno es un mundo en sí mismo, entonces aquel que debe  conducirlos siente que la carga es insoportable.
(Afiki Yehuda) 

"Estas son las palabras que Moshé le dijo a todo Israel, del otro lado del Jordán, respecto del Desierto, respecto de la Arava, frente al Mar Rojo, entre Paran y Tofel y Lavan, y Jatzerot y Dei Zahav" (Devarim 1:1)
Cuando uno le tiene que decir a alguien algo que no es  precisamente un elogio, lo peor que puede hacer es  decírselo en forma directa. El oyente inmediatamente se  opondrá a lo que percibe como un ataque, apelando a todo  tipo de justificativos.
Mucho mejor es aludir al tema en forma sutil, implantando una inferencia en el inconsciente del oyente. De ese modo, no activa su mecanismo de defensa, y la idea queda implantada en su inconsciente, donde podrá crecer igual que una semilla que ha sido enterrada.
Eso es lo que hace Moshé en las primeras frases del Libro de Devarim. Los nombres de los lugares que se mencionan son los sitios donde se registraron todo tipo de pecados y rebeliones del pueblo judío: "respecto del desierto" (cuando codiciaban las ollas de carne de Egipto); "respecto de la Arava" (cuando se comportaron en forma inmoral con las hijas de Moab); "frente al Mar  Rojo" (cuando no tuvieron confianza en Hashem para cruzar el mar); "entre Parán y Tofel y Lavan" (todas sus quejas acerca de la comida milagrosa, el Man) "y Jatzerot" (la rebelión de Kóraj); "y Dei Zahav" (el becerro de oro).
Moshé se dirige a Bnei Israel en las últimas cinco semanas de su vida. Les quiere dejar un mensaje potente y duradero: que tengan cuidado con tendencias inherentes que ya en el pasado les causaron un enfrentamiento con Hashem.  Pero en vez de atacar el tema en forma directa, arriesgándose a que lo negaran de plano, Moshé planta las semillas del auto-examen en la psiquis colectiva del pueblo judío, para que, mucho después de su partida, aquellas todavía sigan dando frutos.
(Rashi, Jatam Sofer, oído de boca de Rabí Naftali Falk)
 
Shabat Shalom.

Comentario sobre la Parashá Devarim - Palabras



Torá desde Jerusalem



Parashá Devarim - Palabras

Libro Devarim / Deuteronomio (1:1 a 3:22)


Comentario sobre la Parashá

“Estas son las palabras...” (Devarim 1:1)
Estas son las palabras…  Así comienza el último libro de la Torá, sobre el que nos comenta Rashi: Debido a que Moshé se disponía a criticar al pueblo de Israel, enumerando todos los lugares en los que se revelaron en contra del Todopoderoso, pues lo hizo indirectamente recordando solamente los lugares por respeto al propio pueblo.  ¡Qué grandeza demostró Moshé hacia el pueblo!, enseñando así todo un capítulo de dirección, no solamente como dirigente de un pueblo sino para todos los niveles.
Moshé Rabenu esperó cuarenta años para criticar al pueblo, en momentos de despedirse del pueblo, ya que él sabía que no podía entrar a la Tierra de Israel, de lo que aprendieron nuestros Sabios: “No critique una persona a su hijo sino cerca de la separación, de manera que la crítica no sea bien recibida”.  Así se aprendió del mismo Yaacob, que reunió a sus hijos para indicarles todas las criticas que tenía hacia ellos, sino cerca de su fallecimiento.
La crítica no debe realizarse sino a quien quiere o sabe aprovecharla.  Como dijeron nuestros Sabios: “No se presiona sino al que quiere ser presionado”.
La Torá nos obliga con el precepto: “Indicar, indicarás a tu prójimo y no llevarás con el error”.  La responsabilidad que tenemos con el prójimo nos obliga no solamente a indicar, sino que nos considera cómplices en el caso de no hacerlo; sin embargo, tanto Yaacob con sus hijos y Moshé con el pueblo esperaron cerca de su fallecimiento para realizarlo.  Así nos quisieron enseñar, que aunque la crítica es una obligación y no un derecho, debe realizarse solamente cuando pueda alcanzar el mejor efecto y en absoluto, no debe realizarse si sospechamos que los efectos pudieran ser contradictorios.  Dijeron nuestros Sabios, por dos razones Yaacob no criticó a sus hijos sino cerca de su muerte: para que no critique y tenga que volver a criticar, para que no se aparten sus hijos de él, tal como ocurrió con el Rey Salomón que, mientras vivió su maestro, no se apartó del camino de la Torá.  Dice el refrán: más vale un amigo cerca, que un hermano lejos.
El valor de los preceptos es considerado por el esfuerzo necesario para realizarlos, como está dicho: “Según el esfuerzo, el valor”.  El precepto de la crítica se encuentra entre los preceptos más importantes que nos encomendó el Todopoderoso, no por el esfuerzo necesario ya que existe casi un instinto de crítica al prójimo, sino por la dificultad de realizarlo positivamente para corregir y no dañar.
Dijeron Nuestros Sabios: “La vida y la muerte en manos de la lengua”.  Cuántas críticas han matado no físicamente, aunque también han ocurrido, sino espiritual y sicológicamente, que no son menos graves que en lo físico.  El que mata al compañero le hace perder este mundo, pero el que lo desvía del buen camino le hace perder este y el otro mundo.  Por lo que, cuánto tenemos que preocuparnos, padres, maestros, amigos y a veces hasta un sencillo vecino, en el que nuestro deseo de corregir no se convierta en la razón de alejarlo y empeorar la situación.
Las palabras que salen del corazón, entran al corazón; así dijo el profeta: “Así como la cara se refleja en el agua, así es el corazón de la persona con su prójimo”.  La base de la educación tiene que estar en el aprecio y cariño del educador con respecto a su pupilo, y saber el valor de las palabras, las que pueden construir y por desgracia también pueden destruir.
Moshé Rabenu no solamente era un gran educador y un gran dirigente sino fue, sobre todo, un gran hombre en lo que supo esperar cuarenta años para indicar, de una manera indirecta, toda las rebeliones del pueblo de Israel en el desierto.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

Parashá Devarim - Palabras


Torá desde Jerusalem



Parashá Devarim - Palabras

Libro Devarim / Deuteronomio (1:1 a 3:22)
Resumen de la Parashá

Con esta parashá comenzamos la lectura del último libro de nuestra Torá: Devarim (Deuteronomio).  Moshé se dirigió al Pueblo reseñando a la nueva generación que entraría a la Tierra de Israel, los acontecimientos y vivencias ocurridos a los Benei Israel durante los cuarenta años de transitar en el desierto. 
Les recordó cuando en el monte Jórev el Eterno les ordenó levantar el campamento y proseguir su camino hacia la tierra de Canaán.  Fue entonces, que Moshé sintió la imposibilidad de continuar sólo soportando la carga del liderazgo, por lo que designó jueces y administradores para ayudarlo en su ardua misión.  Así, organizó social y judicialmente al Pueblo y promulgó leyes para los jueces. 
Moshé les recuerda el momento en que les mostró la Tierra Prometida y designó enviados, uno por cada tribu, para investigar la Tierra, y cuando regresaron los espías, desanimaron al Pueblo de Israel con un informe negativo, hablando mal sobre la Tierra que el Todopoderoso prometió a los Benei Israel y éstos cayeron en el pecado y no confiaron en Hashem.  Este hecho provocó el enojo del Todopoderoso, Quien los castigó con no entrar a Eretz Israel que la peregrinación por el desierto se extendiera en el tiempo, lapso en el que murió la vieja generación, salvo Caleb y Yehoshúa. También la irritación fue contra Moshé y nombró como sucesor a Yehoshúa hijo de Nun, quien entraría al Pueblo a la Tierra de Israel. 
Los israelitas acamparon en el Monte Seír.  De allí continuaron su recorrido a través de la tierra de Edom, tierra prometida a los descendientes de Esav, no debiendo guerrear con sus habitantes ni tampoco con los Moab, tierra destinada a los descendientes de Lot.  Pero sí tuvieron que luchar contra Sión, rey de Jeshbón, derrotándolo, pues no había permitido el paso del Pueblo por su territorio.  Lo mismo ocurrió con Og, rey de Basán. 
También recordó Moshé que el territorio de Guilad había sido destinado para las tribus de Reuvén, Gad y parte de Menashé, pero con la condición de que debían unirse al resto del Pueblo para conquistar Canaán.
Por último, Moshé alentó a Yehoshúa a no temer a las naciones que habitaban en Eretz Israel, ya que el Eterno pelearía por los Benei Israel.


Enfoques sobre la Parashá Masé - Marchas


Torá desde Jerusalem



Parashá Masé - Marchas

Libro Bamidbar / Números (33:1 a 36:13)
Enfoques sobre la Parashá

"Estos son los preceptos y las leyes que ordenó Di-s por manos de Moshé a los Hijos de Israel, en las llanuras de Moab, cerca del Jordán, a la altura de Jericó" (Bamidbar 36:13)
Estas palabras finales del Libro de Bamidbar dicen que las Mitzvot fueron dadas "en la mano de Moshé", un término que no aparece al final del Libro de Vayikrá, el Libro anterior. Esto alude al cambio básico en la naturaleza del pacto entre Di-s e Israel: El pacto de Vayikrá estaba fundado en las primeras Tablas de la Ley que rompió Moshé. Ahora, en las llanuras de Moab, Moshé hace un nuevo pacto basado en las segundas Tablas que el tiene "en su mano"- simbolizando que este pacto es eterno.

(Jumash)

"Estos son los viajes de los israelitas, que salieron de la tierra de Egipto... guiados por la mano de Moshé y Aharón" (Bamidbar 33:1)
Nada que haya sido creado por mano del hombre puede durar eternamente.

Las estatuas se derrumban; la poesía se olvida. No hay nada que dure por siempre. Por ese motivo, la redención de Egipto no fue algo definitivo, pues llegó "por la mano de Moshé y Aharón", y, a pesar de su elevadísimo nivel espiritual, no eran más que seres de carne y hueso.

Por eso, era inevitable que el pueblo judío fuera sometido a otros exilios, pues su Éxodo de Egipto fue mortal y terrenal, y, por lo tanto, incompleto.

"Estos son los viajes de los israelitas...".  Estos son los viajes del exilio que los israelitas realizaran en la larga noche de la historia, porque "salieron de la tierra de Egipto... guiados por la mano de Moshé y Aharón”. Sin embargo, cuando el Propio Hashem redima a Su pueblo, con toda Su Gloria y Su Majestad, la redención no contendrá ningún elemento de imperfección humana, y, por lo tanto, será absoluta y eterna.

(Mayaná shel Torá)


"Estos son los viajes de los Bnei Israel..." (Bamidbar 33:1) 
El carruaje del Baal Shem Tov se desplazaba velozmente por la espesa bruma de la mañana rusa.

Dentro del carruaje, el Revé y su asistente estaban sentados, en silencio. Lo único que se oía era el monótono ruido de los cascos galopando por el césped. El rostro del Baal Shem Tov, impasivo. De pronto, le hace señas al shamash para que detenga el vehículo. El shamash se asoma por la ventana y le grita al conductor que se detenga. Rápidamente, el carruaje llega a un descanso. Silencio. Aparte de los caballos, y de los pájaros que entonan su coro matinal al Creador. Silencio. Entonces, proveniente del campo, comienza a oírse el más delicioso sonido. La voz de un hombre que canta una canción que casi hace llorar a los árboles. La más hermosa canción que jamás se haya oído.

El Baal Shem Tov escucha con atención, y frunce el ceño, como si tratara de recordar algo. Un recuerdo que iba tan atrás, que parecía ir más allá de esta encarnación.

De pronto, sus ojos se entrecerraron y su boca se ensanchó, con una sonrisa de incontenible alegría.

"¡Por favor, pídale al hombre que venga!", le ordenó a su shamash. Tras unos momentos, el shamash retornó con un campesino ruso, el dueño de tan melodiosa voz.

"Cuando lo oí cantar, no pude más que pensar 'qué bella melodía'", dijo el Rebe.

"Si, me gusta mucho", dijo el campesino.

"No creo que la haya oído en su totalidad. ¿Le molestaría volver a cantarla para mi?, preguntó el Baal Shem Tov.

"Si, ¿por qué no?" respondió el campesino, y comenzó a cantar nuevamente. Una vez que terminó, parecía que hasta los pájaros se habían detenido a escuchar.

"Hermosísima", dijo el Rebe. "Dígame, ¿le molestaría volver a cantarla?"

"Como no", dijo el campesino, y volvió a repetir la melodía.

Cuando terminó de cantar, el Rebe dijo: "Si, creo que la tengo. ¿Es así?". Y el Baal Shem Tov comenzó a entonar la melodía. Y con todo lo bella que había sido la versión del campesino, el Rebe le infundió un deseo desgarrador, como la reunión de una madre con su hijo.

"Si, exactamente así", dijo el campesino.

"Me pregunto... si no sería demasiada molestia... antes de que me vaya, ¿podría oír como la canta Ud. otra vez más?

"Bueno", dijo el campesino, y abrió la boca para cantar. No salió nada. Ni una nota. Ni un chirrido. El hombre cerró la boca y lo intentó nuevamente. Nada. El Baal Shem Tov lo contempló con una mirada de extraña intensidad, y luego le dijo: "Que tenga buen día...". Y con eso, volvió a subir al carruaje. El Rebe y su shamash se sentaron en silencio durante unos cuantos minutos, y entonces el shamash ya no pudo contener su curiosidad.

"¿Que fue lo que ocurrió?" "Cuando oí cantar a ese campesino, me di cuenta de que estaba cantando una de las canciones que cantaban los Leviim (Levitas) en el Beit ha Mikdash (Templo Sagrado). Durante dos mil años esa melodía estuvo en el exilio, pasando de un extraño a otro, deambulando de un país a otro. Ese campesino era como una cáscara que contenía una preciosísima chispa de santidad. Ni bien esa chispa fue devuelta a sus dueños, al pueblo judío, ya no había necesidad de que él la recordara más, y por lo tanto, la olvidó.

Al comienzo de la Parashat Masei, la Torá enumera los cuarenta y dos lugares donde acampó el pueblo judío en su camino a Eretz Israel. ¿Cuál es el motivo de esas cuarenta y dos paradas en el desierto?

Existe un concepto místico, según el cual el propósito de esos campamentos era para que los Hijos de Israel liberaran y recolectaran las chispas de santidad que están atrapadas en la desolación del desierto. Cada una de esas paradas corresponde a una letra del Nombre de Hashem, y al reunir las chispas de cada sitio, se revela un poquito más el Nombre de Hashem, y Su reconocimiento en el mundo. Tres mil años más tarde, el pueblo judío sigue de viaje. Cien años acá, doscientos allá. Por sus viajes por España, Inglaterra, China y América, el pueblo judío "extrae" y redime las chispas de santidad que están atrapadas por todo el mundo. Cuando acabe este proceso, el Mashíaj, el Ungido, reunirá a todo el pueblo judío, conduciéndolos a la Tierra de Israel, y entonces volverán a oírse todas las canciones de santidad. Entonces, Hashem será revelado como el Único Di-s Verdadero. Y Su Nombre estará completo. "Ese día, Hashem será Uno y Su Nombre, Uno".

(Or haJaim haKadosh; Malbim; Rabí Shmuel Mi Ostropole, Rabí Mordejai Perelman, Rabí David Gotlieb)
Shabat Shalom.

Comentario sobre la Parashá Masé - Marchas


Torá desde Jerusalem



Parashá Masé - Marchas

Libro Bamidbar / Números (33:1 a 36:13)


Comentario sobre la Parashá

“Aparejaréis ciudades, ciudades de refugio...” (Bamidbar 35:11)
Y habló... “Aparejaréis ciudades, ciudades de refugio para vosotros y se refugiará allí todo el que mata por error”.  Una parashá muy especial se abre delante nuestro cuando la Torá nos obliga a construir seis ciudades de refugio después del reparto de la tierra, tres del lado oriental del río Jordán y tres del otro lado, en la tierra de Canaán.  Nueve tribus y media recibieron solamente tres ciudades de refugio, mientras que las otras dos tribus y media, en el otro lado del río Jordán, recibieron el mismo número de ciudades, a lo que comentaron nuestros Sabios que la distancia del Templo y de la kedushá de la Tierra de Israel fueron la razón de la diferencia entre ambos terrenos. 
La Torá advierte al que mató por error que, deberá vivir en la ciudad de refugio hasta la muerte del Sumo Sacerdote, a lo que comenta la Mishná, que las madres de los Sumos Sacerdotes acostumbraban enviar todos los días, regalos a los refugiados para que no pidieran por la muerte de sus hijos.  ¿Cómo podemos entender que las madres tenían que enviar regalos para que no pidieran por la muerte de sus hijos?  ¿Acaso el Todopoderoso escucharía una petición como esa?  ¿Qué culpa tenía el Sumo Sacerdote para ser la “causa” de la desgracia de estos refugiados?  Aquí la Torá da una lección a los dirigentes y a todos nosotros, que no somos responsables solamente de nuestros hechos, sino también de los que pudimos evitar y no lo hicimos.  El Sumo Sacerdote como máxima instancia espiritual, tenía la obligación de educar y encaminar al pueblo en su comportamiento. 
Existen situaciones imposibles de evitar y que el causante está totalmente liberado de toda responsabilidad de esos hechos, pero, por ejemplo, el leñador que bajando el hacha no tomó precauciones para evitar que la cabeza del hacha o una astilla salieran disparados por el efecto de la bajada del mismo, o quien bajaba el rodillo de alisar los techos y no tomó prevención, o el que bajaba las escaleras…, todos ejemplos donde el accidente puede ocurrir y no se tomaron medidas lógicas de precaución, están mas cerca de la negligencia que de lo inevitable.
¡Cuántos deberían ir a la ciudad de refugio!, cuando en una noche de fuertes lluvias circulan dentro de una ciudad a excesiva velocidad y los frenos no pueden evitar el accidente.
Un terremoto, casas derrumbadas, familias sin agua ni electricidad, el mundo entero sigue con preocupación el desarrollo de los acontecimientos.  Miles de soldados, fuerzas de rescates, bomberos y perros buscadores unen fuerzas para salvar a ese único damnificado y qué bueno que sea así, ya que nos enseñó la Torá: “El que salva un alma, es como si salvara al mundo entero”.  La vida humana no tiene precio y no depende de números, pero ¿por qué no somos iguales en los accidentes de tránsito?  ¿Por qué no luchamos con el mismo empeño, no para salvar al que ya se encuentra enterrado bajo los escombros que no pudimos evitar, sino por algo mucho mejor, para evitar el accidente y no solamente para curar al herido?  Más aún cuando la gran mayoría de los accidentes de tráfico pudieran ser evitados con un poco más de esfuerzo y educación cívica.
¡Cuántos regalos tendría que mandar la madre del Sumo Sacerdote!.  Pero no se preocupen el Sumo Sacerdote de nuestros días tendría la excusa que todos conocemos: ¡Los accidentes ocurren en todo el mundo!.
No está a nuestro alcance evitar los terremotos, apenas podemos paliar en algo sus efectos, pero los accidentes de tránsito, así como muchos otros casos de negligencia, a veces, hasta previstos de antemano por las estadísticas, son de nuestra responsabilidad y debemos considerarlos como casi intencionales.  Las estadísticas enseñan que muchos trabajos realizados en ciertas condiciones como ser los efectuados por las noches como las grandes construcciones, tienen una probabilidad de accidentes trágicos exageradamente mayores que los realizados de día.  ¿Cómo puede ser que las autoridades los autorizan, por más importantes y necesarios que sean esos proyectos?
La respuesta por lo visto no está en la necesidad, sino en el valor de la vida.  Mientras la vida sea un concepto de estadística, un número o un caso interesante, no podremos exigir al Sumo Sacerdote la responsabilidad de lo ocurrido, solamente cuando la vida sea un valor por la que todos sintamos la obligación de luchar, podremos entender el mensaje de nuestra parashá.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

Parashá Masé - Marchas

Torá desde Jerusalem



Parashá Masé - Marchas

Libro Bamidbar / Números (33:1 a 36:13)
Resumen de la Parashá

Moshé registró por escrito el trayecto del Pueblo de Israel a través del desierto desde el momento en que partieron de Egipto hasta su llegada a las llanuras de Moab.  Los israelitas acamparon en cuarenta y dos lugares distintos durante sus cuarenta años de deambular.
Con posterioridad a haber expulsado a los habitantes de Canaán, el pueblo recibió la orden de destruir todo rastro de idolatría en ese territorio.  La tierra sería distribuida en partes proporcionales a la cantidad de miembros de cada tribu.  Fueron designados diez dirigentes, uno para cada una de las tribus respectivas.  A ellos, juntamente con Yehoshúa y Elazar, el Cohén Gadol, se les confió la entrega equitativa de la tierra.  Los Leviim no recibieron ningún territorio.  En parte de ello se les otorgaron cuarenta y ocho ciudades a ambos lados del Jordán.
Seis de ellas, tres a cada lado de este río, fueron instituidas como arei miklat (ciudades de refugio). Ellas se utilizarían como asilo para cualquier persona que hubiera matado a otra accidentalmente, permitiéndole así escapar a la acción vengadora de los parientes del muerto.  Luego de un asesinato accidental, el que lo hubiera consumado podía huir a esas ciudades de refugio, donde sería llevado ante un tribunal.  Si los jueces decidían que se trataba de un caso de asesinato intencional, la persona sería entregada al vengador de la víctima (un pariente cercano). 
Por otra parte, cualquiera que cometiese un asesinato deliberado, sería ejecutado.  Asimismo, si el crimen no había sido premeditado y no tenía intención maligna, el que lo hubiera realizado tendría que permanecer en la ciudad de refugio hasta la muerte del Sumo Sacerdote.  También un asesinato intencional no podía ser condenado a muerte, salvo que hubiera dos testigos que imputaran al asesino.  La sentencia de muerte por asesinato premeditado no podía ser conmutada por medio del pago de dinero, ni tampoco podía el asesino por accidente, librarse del exilio en la ciudad de refugio con ese subterfugio.
Relata la parashá que los dirigentes de la familia de Guilad, de la tribu de Menashé, plantearon el problema de la tierra heredada por hijas, tales como las de Tzelofjad.  Si estas mujeres se casaban con miembros de otras tribus, sus propiedades se perderían para su tribu original y pasarían a las nuevas.  Entonces, esto llevaría a la reducción de las posesiones de la tribu a la que perteneciesen las mujeres.  El problema fue resuelto con la decisión de que en tales casos, la heredera debía casarse con un miembro de la tribu de su padre.  Y esto es lo que ocurrió, justamente, en el caso de las hijas de Tzelofjad, que se casaron con sus propios primos.

martes, 1 de agosto de 2017

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I believe we have a lot in common and talking to you will be much pleasure for me.

My email riedepmojunc@gmx.com

Looking forward to getting your letter,
Anastasia