sábado, 29 de abril de 2017

Parashat Metzora por el Roeh Dr. Javier Palacios Celorio - Kehila Gozo y...

LASHÓN HARÁ - LASHÓN TOV - LASHÓN HAKODESH - CLASE PARASHA TAZRIA

LASHÓN HARÁ - LASHÓN TOV - LASHÓN HAKODESH - CLASE PARASHA TAZRIA

Enfoques sobre la Parashá Metzorá - Leproso



Torá desde Jerusalem



Parashá Metzorá - Leproso

Libro Vayikrá / Levítico (14:1 a 15:33)
Enfoques sobre la Parashá

“Esta es la ley que rige para el Metzorá” (Vayikrá 14:2)
Metzorá: Motzí - sacar, (shem) ra - (un) mal (nombre):  Hablar mal sobre alguien. 
Hubo una vez un vendedor ambulante que viajaba de ciudad en ciudad.  Él llamaba a las personas diciendo "¿Quién quiere comprar la esencia de la vida?  ¿Quién quiere comprar la esencia de la vida?.  Rabí Ianai lo escuchó y quiso comprar un poco de su poción.  "Usted no necesita mi esencia, ni aquellos que son como usted"-contesto el vendedor.  Pero Rabí Ianai presiono al vendedor y finalmente el vendedor saco un "Libro de Tehilim"(Salmos), y le leyó a Rabí Ianai: "Quien quiere vida..."- "Cual es la siguiente línea?" - pregunto el vendedor.  Contesto Rabí Ianai "Cuide su lengua del mal!... Yo he leído este versículo toda mi vida y nunca me di cuenta de su significado hasta que este vendedor me lo enseñó!!".
(Midrash) 


“Y será traído al Cohén” (Vayikrá 14:3)
Cuando una persona habla lashón hará (malas lenguas), demuestra que no tiene idea del poder del habla.  Demuestra que para él las palabras son insignificantes en comparación con los actos.  Al hablar las malas lenguas, se despierta a un acusador en el Cielo, no solamente contra el objetivo de su lashón hará, sino también contra sí mismo.  Un ángel, provisto de un "grabador stereo" se para al lado de cada uno de nosotros y graba cada una de las palabras que pronunciamos.  Y para enseñarles a los que hablan lashón hará el poder que tiene hasta una sola palabra, la Torá ordena que el trasgresor sea traído al Cohén.  Pero, inclusive cuando va a ver al Cohén, con todo el cuerpo lleno de tzaraat, para que todos lo vean, y hasta que el Cohén pronuncie la palabra "Impuro", se lo sigue considerando totalmente puro.  Del mismo modo, no puede retornar a su antigua situación, a pesar de que la enfermedad se haya curado por completo, hasta que el Cohén pronuncie la palabra "Puro".  Así, el trasgresor aprende el poder que tiene hasta una sola palabra.  Porque con una sola palabra, se lo segrega, y con una sola palabra, se lo redime.
(Basado en Ohel Yaacob)


“Hashem le habló a Moshé, diciendo: Esta será la ley del Metzorá” (Vayikrá 14:1)
Metzo-ra ---Motzi-(shem)-ra----hablar mal de alguien (lit. "sacar un mal nombre", implica mentir).
Sobre gastadas ruedas de acero, las puertas de la fábrica se abrieron de par en par.  Allí, bajo la luz gris del alba, estaban las máquinas.  Una detrás de la otra, en una larguísima fila cuyo fin se encontraba lejos, muy lejos.  Eran grises y azul opaco.  Majestuosas.  Maravillosas.  Las 248.  Una máquina tras otra máquina tras otra máquina.  El supervisor condujo a su nuevo empleado por el pasillo central.  Pasaron junto a todas ellas en reverente silencio.  Después de lo que pareció como un siglo, llegaron al final.  Y allí se pararon, juntos, al final de este vasto despliegue de poder industrial, contemplándolo.
Allí estaba, diferente del resto de las maquinas igual que Moby Dick era diferente del resto de las ballenas.  Enorme, imponente, sola, formidable.  "Es esta" dijo el supervisor.  "Esta.  Sin esta máquina, todas las otras máquinas no valen absolutamente nada.  Nada de nada.  De esta máquina penden la vida y la muerte".
La lengua es la máquina más poderosa del mundo entero.
En esta vasta fábrica llamada el Hombre, hay doscientas cuarenta y ocho máquinas, cada tendón corresponde a una Mitzvá.  Pero la lengua tiene un poder mayor que el resto.
Una palabra puede matar a distancias que ni siquiera el más poderoso cohete puede alcanzar.  Una palabra puede causar una plaga más nociva que el ántrax.  Y aún así, una palabra puede curar con más poder que una cirugía a corazón abierto.  Una palabra puede decir más que el más brillante y colorido ramo de flores.
El mundo fue creado con palabras: "En el comienzo Di-s creó los Cielos y la Tierra...".  Él creó toda la existencia con las dos veintidós letras del alfabeto hebreo.  Y le dio al hombre esa máquina tan increíblemente poderosa: la lengua.  No hay ningún animal en el mundo que pueda hablar.  Podrán hacer ruidos, si.  Pero hasta la fecha, ninguna ballena publicó un libro de poemas.
El Hombre es el único Hablador de toda la existencia.  A él se le confió una máquina muchísimo más poderosa que el átomo, y además, mucho más peligrosa.  Porque con una sola palabra se pueden destruir mundos y con una sola palabra se los puede crear.
(Jafetz Jaim)
Shabat Shalom.

2 Comentario sobre la Parashá Metzorá - Leproso



Torá desde Jerusalem



Parashá Metzorá - Leproso

Libro Vayikrá / Levítico (14:1 a 15:33)


Comentario sobre la Parashá

“Sencillos sean para con el Creador”
La Haftará que acompaña la parashá de esta semana, nos comenta el relato sobre unos leprosos que desesperados por su situación y por el contexto de todo el Pueblo que se encontraba en la miseria, fruto de una extremada sequía, decidieron entregarse al campamento de Aram, cercano a la ciudad de Shomrom, y si los aceptaban se salvarían y, si no, su fin no podía ser más que el hambre.
El profeta nos cuenta cómo estos moribundos abandonados por su condición de leprosos, cuando descubren el milagro de encontrarse con un campamento abandonado por sus componentes y habiendo dejado en él todo, comida, vestidos, armas, recapacitan y consideran incorrecto no avisar al pueblo para que participe en el botín tan milagroso. No los domina ni la avaricia, ni el rencor.  No olvidemos que estamos hablando de unos desesperados hambrientos, y que el aviso al pueblo, el que no se encuentra en mejor situación, puede dejarlos vacíos sin el botín que ahora tienen en su mano. 
¡Qué grandeza la de esos hombres!.  No se pueden comparar con los filántropos que no saben qué hacer con sus riquezas.  Estamos hablando de personas que llegaron a un momento de desesperación, en que la vida o la muerte le eran igual, y de `pronto como en un juego de lotería se encuentran con todo lo que no habían podido ni soñar.
Nuestros sabios definieron a los ratones “Rashiá bar rashiá”, (malvados hijos de malvados), pues cuando el ratón descubre un botín, primero come él y después de hartarse avisa a los demás.  El hecho de comer de lo que no les pertenece es propio de la naturaleza de los animales, en eso no hay critica, sino en el hecho de avisar a los demás cuando él ya no necesita. 
El Pueblo de Israel se encontraba en su más bajo nivel.  Recordemos que estamos hablando de la época del profeta Elishá, donde tanto la dirección, a manos del rey de Israel como la gran mayoría del pueblo, se encontraban apartados del camino de la Torá y la idolatría reinaba por todas partes, pero como dijeron nuestros Sabios, que el pueblo de Israel fue comparado con la granada pues aún marchito, se encuentra lleno de frutos.
Continúa la Haftará comentando como tras haber tomado ciertas medidas de precaución y cerciorarse que el abandono del campamento no fuese una trampa, el pueblo sale a la búsqueda del botín y vuelve lleno de víveres; en tal cuantía, que se cumplirían las palabras del profeta Elishá quien un día antes había advertido al rey: Escuchen la voz del Todopoderoso.  Mañana a esta hora será el precio de una seá (13 litros) de sémola por 1 shekel, y 2 seá de cebada por 1 shekel, en las puertas de Shomrom, y a ello respondió el intendente del rey: Al profeta, aunque abra los cielos ¿podrá ocurrir algo semejante?  A lo que le respondió el profeta: Lo verás con tus ojos pero no podrás comer del mismo.  Así nos comenta la Biblia cómo al día siguiente, tras el botín del pueblo del campamento de Aram: “Y el rey nombró a su intendente a las puertas de la ciudad y lo atropelló el pueblo y murió como habló el profeta delante del rey”.
Un pueblo que tuvo un profeta como Elishá, que revivió al hijo de Shunamit, que le aseguró al rey de Israel dentro de la desesperación y castigo a través de siete años de sequía, donde comparan entregarse al enemigo o morir de hambre, ese profeta que advierte que al día siguiente a esa determinada hora, el trigo y la cebada estarían al alcance de todos, y el pueblo no reconoce el camino de Hashem nos obliga a seguir.
Ya dijo el Talmud que desde la destrucción del segundo Templo no se dio la profecía sino en los pocos inteligentes.  El mundo vive una realidad cambiante e innovadora que hace despertar en las personas el deseo por el conocimiento, llegando a anhelar no solamente lo que está a su alcance sino lo que lógicamente está por encima de sus posibilidades.  Es por eso que se desarrollan en todos los campos las fuentes de información populares, como las revistas seudos científicas, y toda la gama de ciencia ficción que desarrolló el interés por el futuro, producto de ello es la carrera por los estudios superiores de quienes tienen bachillerato o el estudio de Kabalá por parte de aquellos que ni siquiera saben el Shemá Israel.
“Tamim Tihyé Im Hashem Elokeija”, “Sencillos sean para con el Creador”, no queramos saber lo que no está a nuestro alcance de entender; no existen tabúes ni misterios, hace falta solamente nivel de conocimientos, no se puede ser ingeniero si no se estudian matemáticas.
La Torá es para todos y por todos, desde el momento en que el niño empieza a hablar estamos todos obligados a estudiarla, pero no olvidemos que existe un orden, no pretendamos construir el edificio por el techo, lógicamente que no tendrá apoyo y caerá, pero si empezamos por los cimientos: “Torá Ziva lanu Moshé Morashá Kehilat Yaacob”, “La leyes nos la obligó Moshé, la herencia la recibimos de la Comunidad de Yaacob”. 
La Torá es una esencia de vida de la que no se puede separar su realidad, de hecho de su inteligencia, por lo que no hay lugar al intelecto sin los hechos, ni hay lugar a los sentimientos sin los compromisos.
Tres mil años de historia nos han demostrado el camino a llevar, todos los intentos modernistas, intelectuales no son en absolutos nuevos, ya los adelantaron muchísimos grupos anteriores de los que no nos quedó sino un vago recuerdo histórico, en alguno de los casos la gran mayoría ni el recuerdo dejó.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

Comentario sobre la Parashá Metzorá - Leproso



Torá desde Jerusalem



Parashá Metzorá - Leproso

Libro Vayikrá / Levítico (14:1 a 15:33)


Comentario sobre la Parashá

“Esta es la ley del Metzorá...” (Vayikrá 14:1)
“Esta es la ley del Metzorá (infección especial parecida a la lepra)… y saldrá el cohén fuera del campamento… y tomará para el que se purifica dos pájaros vivos y puros, un palo de madera de cedro, lana pintada de carmesí y una mata de hisopo”, a lo que comenta Rabí Shlomó Ben Ishakí (Rashi): debido a que estas infecciones llegan a la persona por su mal hablar (Lashón Hará), que proviene del susurro de palabras, y por ello le exigieron traer dos pájaros que susurran continuamente.
El Metzorá es obligado a abandonar el campamento hasta su purificación. Debe de separarse de la comunidad por el daño tan grande que hizo “su mal hablar”
Rabí Israel Meír Hacohén autor del Mishná Berurá en su libro Jafetz Jayim (Quien desea vivir), en su introducción comienza con el párrafo de Salmos (34:13, 14, 15): “¿Quién es el hombre que desea la vida, que quiere muchos días en que vea el bien?  Cuida tu lengua del mal hablar y tus labios de la mentira.  Apártate de la maldad y haz el bien, busca la paz y persíguela”.
La vida se encuentra en la lengua, como dijeron nuestros Sabios: “La vida y la muerte en manos de la lengua”, o como dijo Rabí Shimón Ben Gamliel en Pirké Avot: “Toda mi vida me crié entre los Sabios y no vi mejor para el cuerpo que el silencio”.  Muchos consejos al respecto nos transmitieron a lo largo de las generaciones sobre el cuidado que debe tener la persona en el uso del potencial Nefesh Jaiá (alma viva) que lo define el Targum Onkelos: “Ruaj Hamelalá” (espíritu que habla) y Rashi comenta: Que aunque también los animales fueron denominados “espíritus vivos”, el hombre fue denominado por excelencia, pues se le concedió entendimiento y habla.  Los animales tienen la capacidad de expresarse y de comunicarse, pero les falta la capacidad de entender lo que hablan, de comprender la profundidad del contenido, de las intenciones.
“Bendito sea el Todopoderoso… que nos dio la Torá para que podamos cumplir Sus preceptos, y toda Su intención para beneficiarnos…” como nos advirtió Moshé Rabenu antes de despedirse del pueblo (Deuteronomio 12:13): “Qué es lo que os exige el Todopoderoso… cuidar las leyes y los preceptos que os encomiendo hoy para vuestro bien”.
Entre las limitaciones que nuestros Sabios dictaminaron con relación al mal hablar dijeron: Tres pecan en el mal hablar: el que habla, quien escucha y del que hablan.  A lo que nos preguntaremos ¿qué culpa tiene la persona de la que hablan para considerarla cómplice en este pecado?  La respuesta se encuentra en el fondo de la persona y su responsabilidad con el prójimo.  La persona es un ser simpático como dijo el Rey Shlomó en los Proverbios (27:19): “Como en el agua se refleja el rostro, así el corazón del hombre con el prójimo”, así como es muy difícil sonreír delante del que llora, es difícil criticar al que nos hace el bien.
El hacer el bien nos es algo elegible, sino es una obligación en nuestra responsabilidad con el prójimo.  El hacer bien al prójimo es nuestro propio beneficio, ya que todos nos encontramos en el mismo barco, como cuando un pasajero hace un agujero en su camarote no está peligrando su cuarto, sino todo el navío, todos nosotros.
El defecto humano se encuentra en la extrañeza que sentimos, con respecto al prójimo.  Así, es difícil encontrar quien critique a su mejor amigo y menos a su hijo y mucho menos así mismo.  La critica no constructiva viene solamente por las malas condiciones humanas, como la envidia, el odio, la codicia, etc.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

Parashá Metzorá - Leproso



Torá desde Jerusalem



Parashá Metzorá - Leproso

Libro Vayikrá / Levítico (14:1 a 15:33)
Resumen de la Parashá

El Eterno transmitió a Moshé, las leyes referidas al leproso para su purificación.  La persona enferma de tzaraat, era declarada metzorá y enviada fuera del campamento de la congregación, para vivir y con sus ropas rasgadas.  Debía gritar “impuro, impuro”, como señal para que nadie se acercara a tocarle.
Cuando la enfermedad se reducía, la persona era nuevamente examinada por un Cohén, fuera del campamento, y así asegurarse de que la recuperación era total.  Las ceremonias de purificación se extendían durante ocho días, y se observaban ciertos ritos especiales durante el primero y el último día.  El Cohén ofrecía sacrificios y en el proceso de purificación se usaba madera de cedro e hisopo.  El ex metzorá era declarado miembro pleno de la comunidad.
Las leyes de tzaraat se aplicaban tanto a una vestimenta como a una casa.  Si las ropas mostraban signos de tzaraat, podían llegar a ser quemadas.  Si una casa aparecía repentinamente marcada con rayas verdes o rojas, era cerrada por siete días.  Si las rayas se extendían, las piedras afectadas eran reemplazadas por otras nuevas.  La casa era revocada y las viejas piedras y el polvo eran arrojados en un área contaminada, fuera del campamento.  Si aún quedaban signos de tzaraat en las paredes, todo la casa era destruida y los materiales arrojados en el área contaminada fuera del campamento.
El  Eterno también indicó sobre ciertas impurezas físicas, como ser pérdida de semen, flujo, que afectaban a las personas y por ello tenían prohibido entrar al Santuario o tocar objetos sagrados. Esta situación terminaba luego de un proceso de ceremonias específicas para su purificación.