lunes, 30 de abril de 2018

Programa: Mecanica diesel para personal operativo de empresas de transporte

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Mecánica Diesel para Personal Operativo de Empresas de Transporte
Mayo del  2018

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domingo, 29 de abril de 2018

Margarita Rosa de Francisco y su polémico mensaje en redes sociales

Reflexiones sobre la Parashá Kedoshim - Santos


Torá desde Jerusalem



Parashá Kedoshim - Santos

Libro Vayikrá / Levítico (19:1 a 20:7)
Reflexiones sobre la Parashá

"Seréis santos..." (Vayikrá 19:2)
En los Diez Mandamientos, la Mitzvá del Shabat va seguida de "Honrar a los padres".  Sin embargo, en esta parashá, el orden se invierte: primero viene la Mitzvá de temer a los padres, y recién después la Mitzvá del Shabat.
En el campo de la acción, el área más exigente de santidad es la Mitzvá de honrar y temer a los padres.  Por el otro lado, el Shabat es la realización esencial de la santidad de la mente.
En el camino a la santidad, que es el tema de la parashá de esta semana, las acciones deben venir antes que los pensamientos.  Pues el individuo primero debe santificar sus actos, y recién después puede elevarse al nivel de santidad del pensamiento.  Por eso, la Mitzvá de temer a los padres, que es santidad en la acción, aquí antecede a la Mitzvá del Shabat, que es la santidad en el pensamiento.
(Shem Mi Shmuel)


"Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy Hashem" (Vayikrá 19:18)
Rabí Akiva afirma que este es el principio fundamental de toda la Torá.  Pero, a decir verdad, ¿cómo es posible amar a otra persona como se ama a uno mismo?
La perspectiva que la persona tiene del mundo suele ser egocéntrica, y hasta cuando se comporta de un modo altruista, sus actos suelen emanar del deseo de sentirse bien consigo mismo.  Eso no es amar al prójimo como a uno mismo. ¡Eso es amarse a uno mismo!
Entonces, ¿cómo se puede amar a otro igual que a uno mismo?
La respuesta está al final del versículo: "Yo soy Hashem".  Cuando una persona se coloca en el centro del universo en vez de colocar a Hashem, entonces, necesariamente, todas las otras creaciones están a años luz de el.  Como el se siente el centro de todo, necesariamente siente que está alejado de su prójimo.  Puede haber un solo centro.  Y el centro lo acaparó para si mismo.
Pero cuando admite que él no es Di-s, sino que "Yo soy Hashem", Hashem es Di-s, entonces, como creación de Hashem, se ve a sí mismo unido a su prójimo.  Porque tanto él como su prójimo son puntos equidistantes del centro de todas las cosas.
En un sentido, ya no hay diferencia entre "yo" y "tú", pues todos somos expresiones de la voluntad del Creador, y tanto como me amo a mi mismo, soy capaz de amar a mi prójimo.
(Rabí Mordejai Perlman)
Shabat Shalom.

Enfoques sobre la Parashá Kedoshim - Santos


Torá desde Jerusalem



Parashá Kedoshim - Santos

 Libro Vayikrá / Levítico (19:1 a 20:7)
Enfoques sobre la Parashá

“Habla a toda la congregación de los Hijos de Israel y diles: Santos habréis de ser, ya que Santo Soy Yo Hashem, vuestro Di-s” (Vayikrá 19:2)
Frecuentemente pensamos que santidad es algo que solo pocos individuos pueden aspirar tener. Sin embargo, el hecho de que Di-s dio esta Mitzvá a Moshe Rabenu diciendo "Habla a toda la congregación..." nos enseña que no solo la excepción entre nosotros es capaz de obtener santidad, sino que a cada uno de nosotros se nos ha ordenado ser Santo.  Cuando fue dada la Torá en el Monte Sinai, el Midrash comenta que el versículo "Y todo el pueblo vio las voces" nos quiere decir "La Voz salió y fue dividida en muchas diferentes voces, y cada uno escuchó de acuerdo a sus fuerzas".  En otras palabras, cuando una persona escuchó "no matarás", entendió que quería decir: "¡No tomes un arma y mates!"  Mientras que otra entendió que si un cuerpo muerto es encontrado en los alrededores de su ciudad, se le adjudicará la responsabilidad por no haberle dado suficiente protección, comida y escolta, como si él mismo lo hubiese matado.  Otro entendió no avergüences a alguien en público, porque cuando la sangre drena de su cara y se pone blanco, es como si lo hubiesen matado.  Cada persona escuchó la Voz de acuerdo a su propia fuerza y talento particular.  Similarmente se espera que cada judío sea santo en su nivel, porque el es una chispa individual de la santidad de Di-s.
(Rab Shlomó Yosef Zevin)


“Habla a toda la congregación de los Hijos de Israel y diles: Santos habréis de ser, ya que Santo Soy Yo Hashem, vuestro Di-s” (Vayikrá 19:2)
Generalmente el método utilizado para transmitir las Mitzvot al Pueblo Judío era el siguiente: Primero Moshé enseñaba la Mitzvá a Aharón privadamente.  Luego se unían los hijos de Aharón, Nadav y Avihu.  Moshé repetía la Mitzvá otra vez.  Los Sabios entraban luego y Moshé la repetía por tercera vez.  Finalmente, la enseñaba a todo el pueblo.  Sin embargo, la Mitzvá de ser santos fue enseñada en el orden opuesto.  Todos estaban reunidos y Moshé primero enseñó la Mitzvá a toda la comunidad.  Esto fue para acentuar que la santidad que se le pide al judío no es la del ermitaño o el recluso, sentado en la cima de la montaña, perdido en meditación y contemplación.  Por el contrario, el solo puede alcanzar la santidad de Israel a través de ser parte del grupo - la comunidad del Pueblo Judío.
(Basado en Torat Moshe)


“Amarás a tu prójimo como a ti mismo - Yo soy Di-s” (Vayikrá 19:18)
Rabí Akiva afirma que este es el principio fundamental de toda la Torá.  Pero, ¿cómo es posible amar a otra persona como uno se ama a si mismo?  Toda la visión de una persona sobre el mundo tiende a ser egocéntrica, y aun cuando se comporta de una manera altruista, esta basado, en general, en el deseo de sentirse bien respecto de si mismo, eso no es amar a otro como a ti mismo, eso se llama ¡amarse a si mismo!  Pero si leemos el final del versículo encontraremos la respuesta.  "Yo soy Di-s":  Cuando una persona se pone a si misma como el centro del universo en lugar de Di-s, entonces todas las otras creaciones estan a anos luz de el, porque se siente que el es unico, el centro de todo.  Pero cuando sabe que el no es Di-s sino que "Yo soy Di-s" -Hashem es Di-s, entonces, como una Creacion de Di-s, el se ve a si mismo conectado con su prójimo.  No existe diferencia entre “yo” y “tu”.  Como todos somos expresiones de la voluntad del Creador, todo el amor que yo puedo sentir por mi mismo,  podré sentir  por mi prójimo.
(Rabí Mordejai Perlman) 


“Ustedes deben ser santos porque Yo Soy santo” (Vayikrá 19:2)
Una persona no puede exigir que otra viva un estilo de vida correcto cuando él mismo no cumple con sus expectativas.  Aun cuando las personas le escucharían él todavía no tendría el derecho de juzgar a aquellos que no siguieron las directivas que impuso.  A pesar de que uno debe escuchar el consejo del doctor aunque el doctor mismo no lo siga, las exigencias morales no son las mismas que las médicas.  Nuestro comportamiento debe ser consistente con los valores que nuestros hijos están aprendiendo de la Torá si queremos que ellos desarrollen su judaísmo correctamente.  Similarmente Hashem dice que Él espera que nosotros seamos santos porque Él es Santo, y si no fuera por esto, Él no hubiera requerido que Israel sea santo.
(Rab. Moshe Feinstein)


“Ustedes deben ser santos...  Un hombre debe respetar a su padre y a su madre” (Vayikrá 19:2-3)
La Torá yuxtapone la Mitzvá de respetar a los padres de uno con la Mitzvá de ser santo, para indicarnos una metodología para prevenir encuentros ilícitos.  Los Sabios dicen que Yosef HaTzadik evitó un tropiezo fatal con la seductora esposa de Potifar porque él vio la imagen del rostro de su padre.  Los cabalistas dicen que la imagen de un padre aumenta el poder de santidad en un niño y lo ayudan a sobreponerse a sus deseos por encuentros ilícitos.  Por eso, una persona cuyo deseo por lo prohibido es fuerte debe imaginarse la imagen de sus padres o ancestros y esto le puede ayudar a alejarse de una trasgresión.
(Or Hajaim HaKadosh)


“Un hombre (adulto) debe respetar a su madre y a su padre” (Vayikrá 19:3)
Es comprensible que cuando somos niños, que necesitamos a nuestros padres para proveernos de comida y vestimenta, debemos honrarlos y respetarlos.  Sin embargo, aún como adultos independientes que no necesitamos de su asistencia del todo, estamos obligados a tratarlos con el mismo honor y respeto que ellos merecieron de nosotros cuando niños.
(K'sav Sofer)


“No odies a tu hermano en tu corazón; debes, sin duda alguna, regañar a tu compañero judío y cargues pecado por cuenta suya.  No guardes rencor y no cobres venganza... y ama a tu vecino” (Vayikrá 19:17-18)
La Torá nos aconseja que no debemos odiar a alguien en nuestro corazón cuando él hace algo contra nosotros.  Mas bien debemos regañarlo haciéndole una pregunta discretamente: "¿Por qué me has hecho esto a mi?"  Esto evitara que "carguemos con el pecado" y transgredir la orden "no odies a tu hermano en tu corazón".  También, al decirle como nos sentimos, él se disculpará o explicará su comportamiento, lo que evitará que lo odiemos del todo.  Sin embargo, después de todo esto debemos estar seguros de "no guardar rencor" o "tomar venganza" pues es posible que a pesar de que ya no lo odiemos, aún podemos tener rencor en nuestro corazón.  Asi pues, la Torá nos dice que borremos todo sentimiento negativo de nuestro corazón, a modo de "amarlo como a nosotros mismos".
(Rambán)


“Amarás a tu vecino como a ti mismo, Yo Soy Hashem” (Vayikrá 19:18)
La Torá nos ordena amar a nuestro vecino como a nosotros mismos porque "Yo Soy Hashem".  Ya que todos fuimos creados igualmente a la imagen de Hashem, se deduce que es nuestro deber procurar el bienestar de cada ser humano y preocuparnos por el asi como lo hacemos por nosotros mismos.
(Rab Yaacob Neiman)


“Ama a tu prójimo como a ti mismo, Yo soy Hashem” (Vayikrá 19:18)
Había una vez dos amigos.  Rara vez se ha visto una amistad semejante.  Literalmente hablando, no había nada que uno no hiciera por el otro, tan grande era su mutuo afecto.
Un día, uno de ellos fue acusado falsamente de cometer un pecado capital.  Fue arrestado y encarcelado en el calabozo del rey.  Tras un breve juicio, fue sentenciado a muerte.  Su amigo no escatimó esfuerzos, ni de día ni de noche, para que lo liberaran e indultaran.  Pidió audiencias con personalidades de poder e influencia.  En vano.
Se fijó la fecha de la ejecución.  Una mañana gris, ese hombre inocente fue caminando tristemente a la horca.  Una multitud de rostros; algunos truculentos de deleite, otros llorando, se amontonaron en su ruta a la muerte.  Y allí estaba tambien su amigo, con una mirada de indescriptible tristeza en el rostro.
El condenado ya estaba parado en el cadalso.  El verdugo, con una capucha negra, colocó el lazo alrededor del cuello y, como un macabro sastre, lo ajustó a medida.
Varios centímetros al costado del condenado había una trampa.  El verdugo probó a ver si la trampa se abriría eficientemente bajo los pies de ese pobre judío.  El acusado contempló el abismo hacia donde se había abierto la trampa.  Su entrada al otro mundo.
De pronto, hubo una interrupción desde la multitud.  Un hombre grita: "¡¡Detengan la ejecución!!  ¡¡Detengan la ejecución!!"  Era su amigo.  Incapaz de soportar la escena, fue corriendo hacia la horca gritando "¡¡Detengan la ejecución!!  ¡¡Detengan la ejecución!!"  Estan por colgar al hombre equivocado.  Yo soy el verdadero culpable.  ¡¡Cuélguenme a mi, no a él!!"
La multitud murmuró, sobresaltada.  Era más de lo que podían imaginar.  Cuando el acusado vio que su amigo estaba tratando de salvarlo sacrificándose el mismo, empezó a gritar: "¡¡No le hagan caso!!  ¡¡No le hagan caso!!  ¡¡Yo soy el culpable, no el, cuélguenme a mi!!"  A lo que el otro respondió: "¡¡No es verdad!!  ¡¡Yo fui el que lo hizo!!  ¡¡Cuélguenme a mi!!"
Los dos le gritaron al verdugo, que estaba en medio de los dos.  Con el grito de cada uno, la cabeza del verdugo giraba de acá para allá, y cuando los gritos escalaron en velocidad y volumen, parecía que si el verdugo llegaba a girar la cabeza mas rápido, ¡él sería el primero en perderla!
Sea como fuere, quedó en claro que ese día no habría ejecución.  La multitud, decepcionada, se dispersó lentamente.  El asunto llegó a oídos del rey, quien ordenó que los dos hombres se presentaran ante él.
"Muy bien, ¿qué es lo que en verdad ocurre?, preguntó el rey.  ¿Por qué los dos quisieron que los colgaran?  Si me dicen la verdad, los indultaré a ambos".  "La verdad es que ninguno de nosotros es culpable del delito, su majestad.  Somos amigos. Yo no soporté ver como mi amigo iba derecho hacia la muerte.  Y decidí que daría mi vida para que el pudiera vivir".  "Lo mismo ocurre conmigo", dijo el otro.
El rey contempló a ambos.  Obviamente, estaba muy conmovido por lo que había oído.  Entonces dijo lo siguiente: "Mantendré mi palabra y los indultaré a ambos.  Pero con una condición: que también sean amigos míos".
La Torá nos enseña: "Ama a tu prójimo como a tí mismo.  Yo soy Hashem".  Cuando una persona ama a su amigo tanto como a sí misma, entonces "Yo soy Hashem": el Propio Hashem Se hace amigo de ambos.
Un amigo en apuros.
(Maiana shel Torá)
Shabat Shalom.

Comentario sobre la Parasha Kedoshim


Torá desde Jerusalem



Parashá Kedoshim - Santos

Libro Vayikrá / Levítico (19:1 a 20:7)


Comentario sobre la Parashá

“Seréis santos...” (Vayikrá 19:1)
Habla a toda la comunidad de los Hijos de Israel y les dirás: “Kedoshim tihyu (seréis diferentes)…  Cada persona, a su madre y a su padre temerá, y mis Sábados guardaréis...”.  El temor y respeto a sus padres nos hace Kedoshim, ¡qué maravilla!.  Nuestros Sabios preguntaron por que la Torá en el tema del honor adelantó al padre, antes de la obligación para con la madre y en el temor mencionó a la madre antes que al padre.  A lo que respondieron: la norma en el mundo es que la persona teme más al padre y honra más a la madre, por lo que la Torá invirtió en esas obligaciones, para que llegáramos al ideal: la igualdad tanto en el temor como en el honor a los dos.
Que diferente es la educación de la Torá, a la de la calle.  Cuando la Torá nos obliga a no contradecir los dichos de un padre por el temor que le debemos, no por miedo.  No olvidemos la diferencia que existe entre ambos términos: miedo es la sensación de inseguridad por lo desconocido y temor es la sensación de respeto por la importancia o grandeza.  Así, como no debemos tener miedo del Todopoderoso porque Él seguro que no quiere nuestro mal, tampoco debemos tener miedo a un padre, sino respeto.  Es cierto que hoy parece ridículo el respeto al prójimo, en una sociedad donde la violencia y la fuerza son las que la dominan, tratar a un padre como, ¡viejo tu que entiendes!.  Es lo más normal.  El levantarse en señal de respeto cuando la madre se acerca, parece parte de la historia.
“No maldigas al sordo y delante del ciego no pongas obstáculo…”.  Qué principios tan elevados los de la Torá, pues nos advierte que no los hagamos, no porque nos parezcan incorrectos o injustos sino porque debemos temor y respeto al Todopoderoso.
La prohibición de no poner un obstáculo delante del ciego, es un concepto mucho más amplio de lo que parece.  Dijeron nuestros Sabios: dar un buen consejo al compañero sin advertirle el interés que pueda tener uno, recae dentro de dicha prohibición, aunque el consejo fuera bueno para el que lo reciba, sin relación al beneficio del que lo da.  El hecho de esconder lo que no se puede ver, se considera obstáculo delante del ciego.
“No hagas agravio en el juicio, no prefieras al necesitado, no honres al mayor, con justicia juzgaras a tu compañero”.  Asimismo, cuando la causa es justificable y a veces hasta necesaria.  Hamispat le Elokim hu, el juicio es del Todopoderoso.  La obligación de hacer justicia no es un privilegio, ni de jueces, es una obligación para cada uno de nosotros, dentro de sus posibilidades.  Quien fue testigo de un hecho, no puede evitar su testimonio.  Dijeron nuestros Sabios: Todo juez que dictamina correctamente se convierte en socio del Todopoderoso.
“No odies a tu hermano en tu corazón; reprender, reprenderás a tu compañero, y no llevarás por él su pecado”.  Dijeron nuestros Sabios: Qué grandeza la de los hermanos de Yosef, pues está escrito: “Y no pudieron hablar con él en paz”, mismo cuando pecaron y lo odiaban, no fueron capaces de odiarlo a escondidas, sino que le expresaron su crítica.  La responsabilidad por el prójimo es tal, que quien ve una falta en su compañero y no se lo critica, aún cuando deba criticarlo se le considera cómplice en su error.  El barco con los pasajeros en sus camarotes, se convirtió en un ejemplo clásico en la literatura de nuestros Maestros.  El agujerar la pared de un camarote no es de la sola incumbencia del pasajero de dicho camarote, sino de todo el barco.  Existe una causa particular y una causa general, donde la causa particular es también general por la influencia que tiene en los demás y por la responsabilidad que tenemos con el prójimo, “Israel Arebim Ze la Ze” somos garantes unos por los otros. 
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

Parashá Kedoshim - Santos



Torá desde Jerusalem



Parashá Kedoshim - Santos
Libro Vayikrá / Levítico (19:1 a 20:7)
Resumen de la Parashá

En el comienzo de esta parashá el Todopoderoso le transmite a Moshé una exhortación para el Pueblo de Israel, quienes debían ser “santos” (kedoshim). Este alto grado de espiritualidad comprendía el respeto a los padres, la observancia del Shabat, la no-adoración de ídolos. 
Se prohíbe comer de ofrendas luego del segundo día de ofrecida, y por ello debía quemarse.  Cuando se coseche lo sembrado, se dejará sin recolectar los límites del campo y las espigas caídas, que quedarán para los pobres y los forasteros.  No se debe comer de frutos de árboles dentro de los primeros tres años de plantados. 
Se prohíbe tatuarse o mutilar partes del cuerpo.  No se pueden hacer mezclas anormales, como cruza de animales, entretejido de lana y lino (shaatnez), etc. 
Recuerda el Eterno la prohibición de robar, de mentir al prójimo, calumniar.  Los Benei Israel deben comportarse honestamente, no debiendo demorar la remuneración a sus obreros, como observar que la balanzas y pesas sean exactas.  Los jueces deben ser imparciales en sus dictámenes.
El judío no puede acudir a nigromantes ni a adivinos, ni practicar adivinanzas o magias.  Está prohibido cortarse los contornos del cabello y de la barba.
El judío debe ser compasivo, considerado, amar a sus semejantes como a sí mismo.
Son reprimidos los pecados de adulterio, violación y perversión. 
Los Hijos de Israel deben observar una vida de pureza y moralidad.

Enfoques sobre la Parashá Ajaré Mot



Torá desde Jerusalem



Parashá Ajaré Mot - Después de morir

Libro Vayikrá / Levítico (16:1 a 18:30)
Enfoques sobre la Parashá

"Tras la muerte de los dos hijos de Aharón..." (Vayikrá 16:1)
La persona que oye las malas lenguas y no realiza ninguna objeción o, por lo menos, demuestra desagrado, en realidad está de acuerdo con lo que se dijo.  Es como si ella misma hubiera pronunciado esas palabras, y por lo tanto, es merecedora del mismo castigo.
Cuando los Bnei Israel viajaban por el desierto, Moshe y Aharón los conducían, seguidos por Nadav y Avihu, y, luego, por el resto de la nación.
Una vez, Nadav le dijo a Avihu: "¿Cuándo van a fallecer estos ancianos, así podremos llegar al liderazgo?"  Entonces Hashem dijo: "Veremos quién entierra a quién".  Y Él dejó que ellos cayeran, y finalmente fueran castigados con una muerte Divina.
Se entiende que Nadav haya sido castigado, pero ¿cuál fue la culpa de Avihu?  Él se quedó callado.  Avihu fue castigado porque no reaccionó con el desagrado que merecían las palabras de Nadav.  Y por eso, era tan culpable como su hermano.
(Najal Kadomim)


"Y él (Aharón) colocará el incienso en el fuego delante de Hashem" (Vayikrá16:13)
En la primera parte del servicio de Yom Kipur, en el Beit HaMikdash, el Cohén Gadol quemaba incienso en el Santo de los Santos.
Los Tzedukim (seduceos), quienes negaban la autoridad de la Tora Oral, afirmaban que el incienso primero debía colocarse en el fuego, en un brasero afuera del Santo de los Santos, y recién entonces el Cohén Gadol debía llevarlo adentro.  El Talmud (Yoma 53) cita el versículo antedicho como prueba de lo contrario: que el incienso debía colocarse en el fuego "delante de Hashem". 
En cada generación, el pueblo judío tiene sus "tzedukim", los que desean introducir todo tipo de novedades al judaísmo a partir de lo que vieron "afuera", imitando el mundo secular y trayendo "mejoras", "ajustes" y "modernizaciones" a la santidad de Israel.  Los Sabios de la Torá de cada generación libran una batalla amarga y constante contra dichas "mejoras".
Lo cual no significa que la Torá se haya estancado en una época pasada.  Por el contrario, la Torá le habla a cada generación acerca de todos los aspectos de la vida: a veces, introduciéndose en los más rebuscados detalles de la ciencia, a fin de expresar el modo en que se aplica la Halajá a todo lo que pertenece al mundo moderno.  Pero esa perspectiva se extrae de la esencia interna de la Torá, no al revés.
La Torá se dirige al mundo moderno, no en términos de un compromiso formal, no aplaudiendo la ideología de la hora, no siguiendo los dictados de las modas del mundo.  La Torá ve al mundo a través de principios intrínsecos conservados dentro de criterios inalterables.
(Basado en Hadrash ve ha Iyun)


"No imitéis las prácticas de la tierra de Egipto, en la que habitasteis..." (Vayikrá 18:3)
Un grupo de gente vive en la cima de una montaña que culmina en un brusco peñasco, tras lo cual hay un abismo de enorme profundidad.  Un ciudadano con sentido cívico, por propia iniciativa, construye un vallado de seguridad para evitar que las personas se acerquen demasiado al borde del peñasco y, sin darse cuenta, se caigan al precipicio.  ¿Acaso alguien va a quejarse de que esta persona está limitando su libertad de movimiento al reducir la probabilidad de que se caiga al precipicio y muera?  Cuántas veces oímos decir, a aquellos que no comprenden la verdadera naturaleza de la legislación rabínica, que nuestros rabinos restringieron nuestra vida a través de leyes y prohibiciones adicionales, innecesarias y complicadas.  Sin embargo, la persona que entiende la gravedad de transgredir la ley de la Torá, los devastadores efectos que tal acción tendrá en su neshamá, en su vida eterna, y en el mundo en general, se siente mucho más seguro de saber que se erigieron vallas de seguridad para evitar que caiga en el precipicio espiritual.
(Rabí Zev Leff)
Shabat Shalom.

Comentario sobre la Parashá Ajaré Mot



Torá desde Jerusalem



Parashá Ajaré Mot - Después de morir

 Libro Vayikrá / Levítico (16:1 a 18:30)


Comentario sobre la Parashá

“Y respetaréis mi Santuario” (Vayikrá 16:2)
“Y dijo Hashem a Moshé: Habla a tu hermano Aarón: Y no vendrá en todo momento al Templo…”.  Aunque el Todopoderoso pidió construir un Templo para habitar entre nosotros, nos exige la Torá un comportamiento intransigente dentro de él.  Solamente después de una preparación de purificación, usar ciertas vestimentas… etc.
La kedushá del Bet Hakneset o Bet Hamidrash es muy exigente, y estamos advertidos de respetarlos por parte de quien está presente en ellos, como está escrito: “Y respetaréis mi Santuario (Umikdashí Tirau)”.
El nivel de respeto, llega hasta el nivel de prohibir utilizarlos para beneficio personal, como usarlo de pasillo o para resguardarse de las lluvias o del calor o mismo para llamar a alguien que se encuentra dentro.  Solo deberán realizarse eventos que sean Mitzvot, como ser un Brit Milá o una Jupá (Boda), pero reuniones de carácter social que no tienen procedencia de alguna Mitzvá, no podrán desarrollarse dentro del Bet Hakneset.
Tras las imposiciones hacia el lugar, también nos recuerda la Torá la obligación del Sumo Sacerdote “Cohén Gadol” para con sus hermanos los cohanim y el pueblo en general.  Nos relata la Torá la obligación del Cohén Gadol de ofrecer el korbán, para pedir por el perdón de las equivocaciones realizadas por los mismos, en las obligaciones que se tienen con el Templo.
Así, como cuando una persona mataba no intencionalmente, en la que el causante debía ir al destierro a la ciudad de refugio, hasta la muerte del Sumo Sacerdote.  La Mishná nos comenta, que las madres de los Sumos Sacerdotes acostumbraban enviar regalos a los desterrados para que no pidieran por la muerte de sus hijos.  ¿Cómo podemos entender que el Todopoderoso acepte el rezo de un  presidiario que pide la muerte de alguien inocente, a menos que veamos al Sumo Sacerdote como responsable indirecto, ya que como dirigente del pueblo tenía que haber advertido para evitar los accidentes involuntarios.
“Mis juicios haréis y mis leyes respetareis... y viviréis en ellas, Yo soy el Todopoderoso”.  Así comienza el capítulo de la Torá que nos advierte sobre las relaciones matrimoniales prohibidas, por nuestro bien y para que vivamos; nos prohibió la Torá a los familiares cercanos, relaciones intimas con animales o con seres humanos del mismo sexo.  “No abominareis la Tierra, pues exigirá la Tierra el pecado y vomitará a sus habitantes, pues estas abominaciones hicieron los habitantes anteriores a vosotros e impurificaron la Tierra”.
La historia se repite.  Debemos cuidarnos de los nuevos aires del materialismo sin límites, en que los derechos se confunden con aberraciones.  Todas las grandes sociedades cayeron en el libertinaje y ellas las hundieron.  La Torá persiste en su intransigencia sobre las abominaciones.  Muchas costumbres cambiaron y las Halajot se adaptaron, otras desaparecieron pero los principios de la Torá se mantuvieron como pilares inamovibles que nos salvó de la desaparición como pueblo.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

Parashá Ajaré Mot - Después de Morir


Torá desde Jerusalem



Parashá Ajaré Mot - Después de Morir

Libro Vayikrá / Levítico (16:1 a 18:30)
Resumen de la Parashá

Con posterioridad a la muerte de los hijos de Aharón, Nadav y Avihú, el Eterno habló a Moshé para que transmitiera a su hermano que entrara al Santuario una vez al año, en el día de Yom Kipur (Día del Perdón).  Ese día se expiarían los pecados cometidos por la comunidad.  El Todopoderoso detalló cuales vestimentas debía ponerse el Cohén Gadol, todas de lino y de color blanco.  Debía ofrendar dos machos cabríos y un carnero, para expiación de pecados de la congregación, y el Sumo Sacerdote, por sus pecados, un novillo.  El ritual incluía incienso que debía arrojar sobre carbón encendido del Altar hasta quedar ésta envuelta en humo.
Continuaba sacrificando uno de los dos machos cabríos sobre el que confesaba los pecados de la comunidad y lo arrojaba por un precipicio.  Luego tomaba el otro cabruno y colocando sus manos sobre la cabeza del animal, confesaba todas la iniquidades de los Hijos de Israel.  El animal luego era llevado al desierto. 
El Eterno ordenó que todo este ritual, sea “ley eterna” para el Pueblo de Israel y que el día diez del mes séptimo, todas la almas de sus miembros debía afligirse (ayunar), y observar esa fecha como un Shabat de mayor solemnidad, no trabajando y arrepintiéndose de todas las malas actuaciones.  Esta es una fecha de estricta observancia por parte de los Hijos de Israel: Yom Kipur.
La parashá continúa recordando que todos los sacrificios debían ser ofrecidos únicamente en el altar del Santuario, ya que realizarlo en cualquier otro lugar, se consideraría una idolatría.
Hashem prohibió comer carne de un animal muerto o desgarrado, no proveniente de matanza.  También fue prohibido ingerir sangre de cualquier animal.
El Eterno ordenó al Pueblo conducirse en un alto grado de moralidad, para así continuar siendo el pueblo elegido por el Todopoderoso.

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viernes, 27 de abril de 2018

Ya se conoce el nombre del tercer hijo de los duques de Cambridge

INICIO DEL SHABAT - VIERNES 27/04/2018 A LAS 20HS ARG.

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GERENTES o SUPERVISORES.

Fecha: 17/Mayo/2018

Horario: 10:00 a 13:00 y 15:00 a 18:00 horas

 

"Elimine para siempre la frase "No nos alcanza el tiempo" "

 

En este seminario online en vivo aprenderá:

  • Aprenda a planificar y organizar.
  • 10 Soluciones para el control.
  • Tiempos y movimientos.
  • Medición de la efectividad.

 

Cómo controlar verdaderamente la jornada laboral.

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Evento Actualizado: Deteccion y control de la fatiga en el autotransporte

¡Comprenda cómo afecta la fatiga y cuáles son sus características para poder controlarla!
La fatiga en sus operadores es altamente peligrosa porque puede ocurrir sin somnolencia y sin que el conductor tenga plena conciencia acerca de la reducción de sus capacidades de manejo. En este imprescindible curso conocerá la propuesta de la Norma Oficial Mexicana para la gestión de la fatiga, así como otras prácticas que puede implementar en su empresa para mejorar la salud de sus conductores. ¡Construya un ambiente de trabajo más seguro para sus operadores, administrando las horas de servicio y de sueño! ¡No ponga en riesgo a sus empleados y a sus unidades; protéjalos de accidentes originados por problemas de fatiga!
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23 DE MAYO
CD. DE MÉXICO
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jueves, 26 de abril de 2018

Conferencia: La Kabbalah de la Redención del Mundo (México 2017) - parte 3

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domingo, 22 de abril de 2018

Comentario sobre la Parashá Metzorá


Torá desde Jerusalem



Parashá Metzorá - Leproso

Libro Vayikrá / Levítico (14:1 a 15:33)


Comentario sobre la Parashá

“Sencillos sean para con el Creador”
La Haftará que acompaña la parashá de esta semana, nos comenta el relato sobre unos leprosos que desesperados por su situación y por el contexto de todo el Pueblo que se encontraba en la miseria, fruto de una extremada sequía, decidieron entregarse al campamento de Aram, cercano a la ciudad de Shomrom, y si los aceptaban se salvarían y, si no, su fin no podía ser más que el hambre.
El profeta nos cuenta cómo estos moribundos abandonados por su condición de leprosos, cuando descubren el milagro de encontrarse con un campamento abandonado por sus componentes y habiendo dejado en él todo, comida, vestidos, armas, recapacitan y consideran incorrecto no avisar al pueblo para que participe en el botín tan milagroso.  No los domina ni la avaricia, ni el rencor.  No olvidemos que estamos hablando de unos desesperados hambrientos, y que el aviso al pueblo, el que no se encuentra en mejor situación, puede dejarlos vacíos sin el botín que ahora tienen en su mano. 
¡Qué grandeza la de esos hombres!.  No se pueden comparar con los filántropos que no saben qué hacer con sus riquezas.  Estamos hablando de personas que llegaron a un momento de desesperación, en que la vida o la muerte le eran igual, y de `pronto como en un juego de lotería se encuentran con todo lo que no habían podido ni soñar.
Nuestros sabios definieron a los ratones “Rashiá bar rashiá”, (malvados hijos de malvados), pues cuando el ratón descubre un botín, primero come él y después de hartarse avisa a los demás.  El hecho de comer de lo que no les pertenece es propio de la naturaleza de los animales, en eso no hay critica, sino en el hecho de avisar a los demás cuando él ya no necesita. 
El Pueblo de Israel se encontraba en su más bajo nivel.  Recordemos que estamos hablando de la época del profeta Elishá, donde tanto la dirección, a manos del rey de Israel como la gran mayoría del pueblo, se encontraban apartados del camino de la Torá y la idolatría reinaba por todas partes, pero como dijeron nuestros Sabios, que el pueblo de Israel fue comparado con la granada pues aún marchito, se encuentra lleno de frutos.
Continúa la Haftará comentando como tras haber tomado ciertas medidas de precaución y cerciorarse que el abandono del campamento no fuese una trampa, el pueblo sale a la búsqueda del botín y vuelve lleno de víveres; en tal cuantía, que se cumplirían las palabras del profeta Elishá quien un día antes había advertido al rey: Escuchen la voz del Todopoderoso.  Mañana a esta hora será el precio de una seá (13 litros) de sémola por 1 shekel, y 2 seá de cebada por 1 shekel, en las puertas de Shomrom, y a ello respondió el intendente del rey: Al profeta, aunque abra los cielos ¿podrá ocurrir algo semejante?  A lo que le respondió el profeta: Lo verás con tus ojos pero no podrás comer del mismo.  Así nos comenta la Biblia cómo al día siguiente, tras el botín del pueblo del campamento de Aram: “Y el rey nombró a su intendente a las puertas de la ciudad y lo atropelló el pueblo y murió como habló el profeta delante del rey”.
Un pueblo que tuvo un profeta como Elishá, que revivió al hijo de Shunamit, que le aseguró al rey de Israel dentro de la desesperación y castigo a través de siete años de sequía, donde comparan entregarse al enemigo o morir de hambre, ese profeta que advierte que al día siguiente a esa determinada hora, el trigo y la cebada estarían al alcance de todos, y el pueblo no reconoce el camino de Hashem nos obliga a seguir.
Ya dijo el Talmud que desde la destrucción del segundo Templo no se dio la profecía sino en los pocos inteligentes.  El mundo vive una realidad cambiante e innovadora que hace despertar en las personas el deseo por el conocimiento, llegando a anhelar no solamente lo que está a su alcance sino lo que lógicamente está por encima de sus posibilidades.  Es por eso que se desarrollan en todos los campos las fuentes de información populares, como las revistas seudos científicas, y toda la gama de ciencia ficción que desarrolló el interés por el futuro, producto de ello es la carrera por los estudios superiores de quienes tienen bachillerato o el estudio de Kabalá por parte de aquellos que ni siquiera saben el Shemá Israel.
“Tamim Tihyé Im Hashem Elokeija”, “Sencillos sean para con el Creador”, no queramos saber lo que no está a nuestro alcance de entender; no existen tabúes ni misterios, hace falta solamente nivel de conocimientos, no se puede ser ingeniero si no se estudian matemáticas.
La Torá es para todos y por todos, desde el momento en que el niño empieza a hablar estamos todos obligados a estudiarla, pero no olvidemos que existe un orden, no pretendamos construir el edificio por el techo, lógicamente que no tendrá apoyo y caerá, pero si empezamos por los cimientos: “Torá Ziva lanu Moshé Morashá Kehilat Yaacob”, “La leyes nos la obligó Moshé, la herencia la recibimos de la Comunidad de Yaacob”. 
La Torá es una esencia de vida de la que no se puede separar su realidad, de hecho de su inteligencia, por lo que no hay lugar al intelecto sin los hechos, ni hay lugar a los sentimientos sin los compromisos.
Tres mil años de historia nos han demostrado el camino a llevar, todos los intentos modernistas, intelectuales no son en absolutos nuevos, ya los adelantaron muchísimos grupos anteriores de los que no nos quedó sino un vago recuerdo histórico, en alguno de los casos la gran mayoría ni el recuerdo dejó.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

2Comentario sobre la Parashá Metzorá


Torá desde Jerusalem



Parashá Metzorá - Leproso

Libro Vayikrá / Levítico (14:1 a 15:33)


Comentario sobre la Parashá

“Sencillos sean para con el Creador”
La Haftará que acompaña la parashá de esta semana, nos comenta el relato sobre unos leprosos que desesperados por su situación y por el contexto de todo el Pueblo que se encontraba en la miseria, fruto de una extremada sequía, decidieron entregarse al campamento de Aram, cercano a la ciudad de Shomrom, y si los aceptaban se salvarían y, si no, su fin no podía ser más que el hambre.
El profeta nos cuenta cómo estos moribundos abandonados por su condición de leprosos, cuando descubren el milagro de encontrarse con un campamento abandonado por sus componentes y habiendo dejado en él todo, comida, vestidos, armas, recapacitan y consideran incorrecto no avisar al pueblo para que participe en el botín tan milagroso.  No los domina ni la avaricia, ni el rencor.  No olvidemos que estamos hablando de unos desesperados hambrientos, y que el aviso al pueblo, el que no se encuentra en mejor situación, puede dejarlos vacíos sin el botín que ahora tienen en su mano. 
¡Qué grandeza la de esos hombres!.  No se pueden comparar con los filántropos que no saben qué hacer con sus riquezas.  Estamos hablando de personas que llegaron a un momento de desesperación, en que la vida o la muerte le eran igual, y de `pronto como en un juego de lotería se encuentran con todo lo que no habían podido ni soñar.
Nuestros sabios definieron a los ratones “Rashiá bar rashiá”, (malvados hijos de malvados), pues cuando el ratón descubre un botín, primero come él y después de hartarse avisa a los demás.  El hecho de comer de lo que no les pertenece es propio de la naturaleza de los animales, en eso no hay critica, sino en el hecho de avisar a los demás cuando él ya no necesita. 
El Pueblo de Israel se encontraba en su más bajo nivel.  Recordemos que estamos hablando de la época del profeta Elishá, donde tanto la dirección, a manos del rey de Israel como la gran mayoría del pueblo, se encontraban apartados del camino de la Torá y la idolatría reinaba por todas partes, pero como dijeron nuestros Sabios, que el pueblo de Israel fue comparado con la granada pues aún marchito, se encuentra lleno de frutos.
Continúa la Haftará comentando como tras haber tomado ciertas medidas de precaución y cerciorarse que el abandono del campamento no fuese una trampa, el pueblo sale a la búsqueda del botín y vuelve lleno de víveres; en tal cuantía, que se cumplirían las palabras del profeta Elishá quien un día antes había advertido al rey: Escuchen la voz del Todopoderoso.  Mañana a esta hora será el precio de una seá (13 litros) de sémola por 1 shekel, y 2 seá de cebada por 1 shekel, en las puertas de Shomrom, y a ello respondió el intendente del rey: Al profeta, aunque abra los cielos ¿podrá ocurrir algo semejante?  A lo que le respondió el profeta: Lo verás con tus ojos pero no podrás comer del mismo.  Así nos comenta la Biblia cómo al día siguiente, tras el botín del pueblo del campamento de Aram: “Y el rey nombró a su intendente a las puertas de la ciudad y lo atropelló el pueblo y murió como habló el profeta delante del rey”.
Un pueblo que tuvo un profeta como Elishá, que revivió al hijo de Shunamit, que le aseguró al rey de Israel dentro de la desesperación y castigo a través de siete años de sequía, donde comparan entregarse al enemigo o morir de hambre, ese profeta que advierte que al día siguiente a esa determinada hora, el trigo y la cebada estarían al alcance de todos, y el pueblo no reconoce el camino de Hashem nos obliga a seguir.
Ya dijo el Talmud que desde la destrucción del segundo Templo no se dio la profecía sino en los pocos inteligentes.  El mundo vive una realidad cambiante e innovadora que hace despertar en las personas el deseo por el conocimiento, llegando a anhelar no solamente lo que está a su alcance sino lo que lógicamente está por encima de sus posibilidades.  Es por eso que se desarrollan en todos los campos las fuentes de información populares, como las revistas seudos científicas, y toda la gama de ciencia ficción que desarrolló el interés por el futuro, producto de ello es la carrera por los estudios superiores de quienes tienen bachillerato o el estudio de Kabalá por parte de aquellos que ni siquiera saben el Shemá Israel.
“Tamim Tihyé Im Hashem Elokeija”, “Sencillos sean para con el Creador”, no queramos saber lo que no está a nuestro alcance de entender; no existen tabúes ni misterios, hace falta solamente nivel de conocimientos, no se puede ser ingeniero si no se estudian matemáticas.
La Torá es para todos y por todos, desde el momento en que el niño empieza a hablar estamos todos obligados a estudiarla, pero no olvidemos que existe un orden, no pretendamos construir el edificio por el techo, lógicamente que no tendrá apoyo y caerá, pero si empezamos por los cimientos: “Torá Ziva lanu Moshé Morashá Kehilat Yaacob”, “La leyes nos la obligó Moshé, la herencia la recibimos de la Comunidad de Yaacob”. 
La Torá es una esencia de vida de la que no se puede separar su realidad, de hecho de su inteligencia, por lo que no hay lugar al intelecto sin los hechos, ni hay lugar a los sentimientos sin los compromisos.
Tres mil años de historia nos han demostrado el camino a llevar, todos los intentos modernistas, intelectuales no son en absolutos nuevos, ya los adelantaron muchísimos grupos anteriores de los que no nos quedó sino un vago recuerdo histórico, en alguno de los casos la gran mayoría ni el recuerdo dejó.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

Comentario sobre la Parashá Metzorá


Torá desde Jerusalem



Parashá Metzorá - Leproso

Libro Vayikrá / Levítico (14:1 a 15:33)


Comentario sobre la Parashá

“Esta es la ley del Metzorá...” (Vayikrá 14:1)
“Esta es la ley del Metzorá (infección especial parecida a la lepra)… y saldrá el cohén fuera del campamento… y tomará para el que se purifica dos pájaros vivos y puros, un palo de madera de cedro, lana pintada de carmesí y una mata de hisopo”, a lo que comenta Rabí Shlomó Ben Ishakí (Rashi): debido a que estas infecciones llegan a la persona por su mal hablar (Lashón Hará), que proviene del susurro de palabras, y por ello le exigieron traer dos pájaros que susurran continuamente.
El Metzorá es obligado a abandonar el campamento hasta su purificación.  Debe de separarse de la comunidad por el daño tan grande que hizo “su mal hablar”
Rabí Israel Meír Hacohén autor del Mishná Berurá en su libro Jafetz Jayim (Quien desea vivir), en su introducción comienza con el párrafo de Salmos (34:13, 14, 15): “¿Quién es el hombre que desea la vida, que quiere muchos días en que vea el bien?  Cuida tu lengua del mal hablar y tus labios de la mentira.  Apártate de la maldad y haz el bien, busca la paz y persíguela”.
La vida se encuentra en la lengua, como dijeron nuestros Sabios: “La vida y la muerte en manos de la lengua”, o como dijo Rabí Shimón Ben Gamliel en Pirké Avot: “Toda mi vida me crié entre los Sabios y no vi mejor para el cuerpo que el silencio”.  Muchos consejos al respecto nos transmitieron a lo largo de las generaciones sobre el cuidado que debe tener la persona en el uso del potencial Nefesh Jaiá (alma viva) que lo define el Targum Onkelos: “Ruaj Hamelalá” (espíritu que habla) y Rashi comenta: Que aunque también los animales fueron denominados “espíritus vivos”, el hombre fue denominado por excelencia, pues se le concedió entendimiento y habla.  Los animales tienen la capacidad de expresarse y de comunicarse, pero les falta la capacidad de entender lo que hablan, de comprender la profundidad del contenido, de las intenciones.
“Bendito sea el Todopoderoso… que nos dio la Torá para que podamos cumplir Sus preceptos, y toda Su intención para beneficiarnos…” como nos advirtió Moshé Rabenu antes de despedirse del pueblo (Deuteronomio 12:13): “Qué es lo que os exige el Todopoderoso… cuidar las leyes y los preceptos que os encomiendo hoy para vuestro bien”.
Entre las limitaciones que nuestros Sabios dictaminaron con relación al mal hablar dijeron: Tres pecan en el mal hablar: el que habla, quien escucha y del que hablan.  A lo que nos preguntaremos ¿qué culpa tiene la persona de la que hablan para considerarla cómplice en este pecado?  La respuesta se encuentra en el fondo de la persona y su responsabilidad con el prójimo.  La persona es un ser simpático como dijo el Rey Shlomó en los Proverbios (27:19): “Como en el agua se refleja el rostro, así el corazón del hombre con el prójimo”, así como es muy difícil sonreír delante del que llora, es difícil criticar al que nos hace el bien.
El hacer el bien nos es algo elegible, sino es una obligación en nuestra responsabilidad con el prójimo.  El hacer bien al prójimo es nuestro propio beneficio, ya que todos nos encontramos en el mismo barco, como cuando un pasajero hace un agujero en su camarote no está peligrando su cuarto, sino todo el navío, todos nosotros.
El defecto humano se encuentra en la extrañeza que sentimos, con respecto al prójimo.  Así, es difícil encontrar quien critique a su mejor amigo y menos a su hijo y mucho menos así mismo.  La critica no constructiva viene solamente por las malas condiciones humanas, como la envidia, el odio, la codicia, etc.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón