viernes, 13 de julio de 2018

Mario Saban Investigador y Cabalista

MARIO SABAN
Investigador y profesor de Cábala, especializado en la Cábala aplicada a la psicología, al desarrollo personal y espiritual del ser humano. Enseña cómo la Cábala puede ayudarnos a vivir una vida más plena y consciente, a ser más felices, por el camino del autoconocimiento personal con el método del Árbol de la Vida. Es doctor en Filosofía (2008), en Antropología (2012), en Psicología (2015) y en Historia (2016). Sus últimas obras publicadas están dedicadas a la Cábala: Sod 22: el secreto (2011), Maasé Bereshit. El Misterio de la Creación (2013) y La Cábala. La psicología del misticismo judío (2016).
La sabiduría y el mal
El sabio aprende (como decía el Baal Shem Tov) inclusive del mal. Para el sabio el mal es un instrumento de Dios para comprender mejor la realidad. Aunque el mal es doloroso, no debemos mirar el mal en su literalidad, sino en su profundidad.
Los antiguos cabalistas llamaban maamuquim a los que conocían profundamente el mal. Los sabios, en general, llegan a serlo porque conocen el mal y saben cómo funciona.
El sabio siempre siente que es un sujeto nunca terminado de construir y que se encuentra dentro del proceso de construcción personal.
Dicen los antiguos cabalistas que el hombre, cuando se levanta por la mañana, tiene que sentir que ha nacido nuevamente y debe considerar todo lo que ve como visto por primera vez. Ver las cosas por primera vez hace que cada uno de nosotros pueda formular preguntas que nunca antes se había realizado.
La sabiduría está en la pregunta, no en la respuesta
Jojmá es el nombre hebreo para ‘la sabiduría’. El rabino y cabalista Aryeh Kaplan dice que también podemos comprender esta palabra como Koaj Ma (‘la fuerza de la pregunta’).
Es sabio el que hace la pregunta correcta, no el que tiene la respuesta correcta. Porque la respuesta mata el deseo y la pregunta es el deseo latente. La pregunta nos abre al deseo, potencia nuestra búsqueda, nos hace buscar y descubrir el secreto del universo.
En definitiva, sin las preguntas no tenemos herramientas para descubrir el secreto. Y el sabio sabe que la existencia esconde un secreto. El secreto del sabio es saber que nunca se llega, que todo es “camino” y que el camino siempre es de retorno al Ein Sof.
Los honores, el poder y la exterioridad material no son para el sabio, sino para el idólatra.
En una próxima entrega explicaremos brevemente quién es inteligente, cómo funciona la inteligencia y la diferencia con la sabiduría.
Intentemos cada día alcanzar la sabiduría dentro de la sencillez de la existencia. Todo sabio sabe que la sabiduría comienza en las cosas simples, para alcanzar, como la escalera del sueño de Jacob, los niveles más elevados.

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