LUZBY BERNAL

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miércoles, 15 de junio de 2011

17 DE JUNIO: DIA MUNDIAL...

17 DE JUNIO: DIA MUNDIAL

DE LA LUCHA CONTRA LA

DESERTIFICACION Y 

LA SEQUIA



La Asamblea General de Naciones Unidas estableció en 1994, el 17 de junio, como el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. La desertificación, es la degradación de los suelos de las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas, a causa de las variaciones climáticas y de las actividades productivas y extractivas del hombre. La sequía es el fenómeno que se produce en forma natural, cuando las lluvias son inferiores a los niveles normales; causando así un desequilibrio hídrico al suelo y a los sistemas de producción agrícolas. 

Las distintas regiones del mundo se encuentran afectadas por los procesos de desertificación y sequía, con sus consecuencias adversas para el desarrollo sustentable y para los equilibrios ecológicos, los ecosistemas, la diversidad biológica, la salud bienestar de las poblaciones, así como la seguridad alimentaria. En Paraguay, la desertificación es todavía poco significativa; no así la degradación de los suelos que resulta de prácticas de laboreo intensivo que conllevan a la erosión y a la compactación de los terrenos agrícolas. El fenómeno es más acentuado en la región del  Chaco, lo que también afecta a Bolivia y Argentina; pese a antecedentes de proyectos de desarrollo sostenible conjuntamente con estos países, para reducir la degradación social, ambiental y económica que causa la desertificación en esa gran región.


CAUSAS

Tienen su origen en la falta de una planificación integral de la producción y de la urbanización con enfoque sostenible. Los principales son: la degradación de la cubierta vegetal a causa de la quema de rozados y a las sucesivas deforestaciones, con deterioro de las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo; la salinización de  los suelos bien en forma natural, debido a terrenos que son inundados por ríos o arroyos que contienen sales disueltas, o por las actividades humanas, como el riego y la deforestación que provoca el ascenso a la superficie de las aguas subterráneas y de sales ubicadas en el subsuelo. Otro proceso es la erosión causada por el viento o el agua, con pérdidas de productividad y del suelo superficial (el más fértil).

De ahí, entre otros, el valor de los sistemas agroforestales y silvopastoriles de producción.
Sumados a los anteriores se incluyen: el exceso de pastoreo de los animales; una reducción del contenido de materia orgánica de los suelos; el encostramiento y compactación  del suelo por un manejo poco sostenible o conservacionista del mismo; y la contaminación química del ambiente y recursos naturales por acumulación de sustancias y desechos tóxicos para las plantas y animales.

CONSECUENCIAS

Se verifica una disminución en la producción y productividad de los suelos; con una reducción en los rendimientos pecuarios y de cultivos; salinización de los cursos de agua, con sus consecuencias sobre la disponibilidad de agua potable para riego y consumo. Desde el punto de vista social, se produce un deterioro de la calidad de vida de la población; y se acentúa la migración rural a distintas zonas del país y del exterior; también un deterioro ecológico de las zonas afectadas.


RECOMENDACIONES

Es necesario adoptar y aplicar modelos de desarrollo sostenible, que se articulen con políticas de crecimiento socioeconómicas y ambientales ajustadas a la situación de cada país. Esto es válido para Paraguay que debe implementar un proceso continuo de educación ambiental, en todos los niveles sociales y culturales de la población.

También, extender el mecanismo de aprovechamiento sostenible de bosques nativos o cultivados y su combinación con sistemas agroforestales de producción familiar y comercial, conforme a las características sociales y culturales de cada región. Promover el empleo de fuentes de energía alternativa no convencionales y sustitutivas de la madera, petróleo y derivados, tales como los paneles solares y  la energía eólica.

CONCLUSIÓN

El combate a la desertificación debe tener en cuenta los valores culturales de los habitantes; un cambio actitudinal hacia un uso más racional y sostenible de los recursos naturales, y una firme colaboración entre los diversos actores privados y oficiales vinculados con el quehacer productivo del país.
Fuente:
Ing. Agr. Fernando Díaz Shenker
Especialista en Comunicación Rural.