Metzorá(Levítico 14-15)
Metzorá 5771
Comienza la parashá diciéndonos: “Zot tihiyé torat hametzorá”. Esta será la Torá de un hombre con Lepra. (Levítico 14:2).
Nos dice el Baal Haturim de bendita memoria, que debía traer como sacrificio de expiación 2 pájaros puros (Levítico 14:4), explicando que así como los pájaros van de nido en nido, así la persona va de lugar en lugar.
Esta es sin duda la historia del pueblo judío. Somos un pueblo, que ha peregrinado de lugar en lugar a través de toda nuestra historia.
Nuestro patriarca Abraham partió de Ur-Kasdim, con la promesa de Hashem, rumbo a una tierra que se le mostraría, para convertirse en un pueblo grande. (Génesis 12:1)
Después Jacob bajó con 70 almas a Egipto (Génesis 46:5), y 210 años después, el pueblo judío salió de Mitzraim con mano fuerte y grandes milagros, peregrinando 40 años por el desierto.
En la época de oro del judaísmo en España, vivieron grandes luminarias como: Rabeinu Asher, el Rambán, el Rambam, Baal Haturim y otros muchos. La comunidad judía floreció y vivieron allí durante 600 años. Finalmente fueron expulsados, muertos y robados (Santa inquisición) en el año 1492.
En Inglaterra en el año 1100, Guillermo el conquistador llegó al trono gracias a los Iehudim que lo financiaron, y 100 años después fueron expulsados con violencia.
En Lituania los Iehudim vivimos casi 900 años y de 350.000 almas que había antes de la guerra (1939-1944), donde fueron exterminados casi en su totalidad, hoy hay sólo 5.000.
La comunidad judía más grande y antigua del mundo, se concentró en Polonia, en donde los Iehudim vivimos 1040 años (900-1940) y el censo de 1918 reveló en Polonia una población judía de 3.000.000 de almas, hoy hay tan solo 10.000.
* * *
Sucedió en una ciudad europea, había un comerciante judío muy exitoso, sólo una cosa le faltaba en la vida, hijos. Casados ya 20 años, no veían la gracia de procrear.
En aquella ciudad, el señor feudal escuchó que lo que este comerciante tocaba se transformaba en oro. Le llamó diciéndole: “He escuchado que eres un hombre recto, confiable y exitoso. Mis hijos viven lejos en Rusia y yo y mi esposa hemos decidido emigrar.
Te ofrezco venderte todos mis negocios y bienes por la décima parte de su valor, pero con la condición que la transacción se haga en efectivo y dentro de 45 días”. Salió el Iehudí muy emocionado y corrió a contarle a su esposa.
Al escuchar ella le dijo: “Pero no tenemos ni la décima parte del dinero”. “No te preocupes, venderemos la casa, los negocios y el resto lo pediremos prestado, así lograremos la negociación en el tiempo pactado”.
El tiempo corrió y Hashem los bendijo y justo un día antes, habían logrado la suma que tanto anhelaban. A la mañana siguiente el comerciante Iehudí partió muy temprano rumbo a la casa del señor feudal a concretar su sueño tan anhelado.
De repente, en el camino, escuchó que salían llantos y gritos de desesperanza de una casa judía. El Iehudí, se dijo: Me detendré a ver que pasa, quizás pueda ayudar. La puerta de la casa estaba abierta y en el piso yacía el cuerpo de un padre de familia, a su lado 7 huérfanos pequeñitos lloraban y una viuda joven que decía: “Se fue y no nos dejo nada, no tenemos que comer”. Sin pensarlo dos veces, el Iehudí que se dirigía al negocio de su vida, le dijo a la viuda: “Toma estas maletas, Dios me mandó a traértelas”, y salió de allí sin nada en el mundo.
Se fue de pueblo en pueblo, buscando los Batei-Knesiot, en donde daba drashot de Torá (Maguid) y la gente le daba Tzedaká y de eso sobrevivía, pidiéndole a Hashem que lo ayudara.
Esta historia hizo un enorme ruido en el Shamaim y en el Beit Din Shel Maala, decidieron recompensarlo de gran manera. Vino el Satán y le dijo a Hashem: “¿Como van a recompensarlo tanto?, déjame probarlo antes”. Vino Eliyahu Hanaví y le pidió a Hashem: “Si hay que probarlo, deja que yo sea el que lo pruebe”.
Mientras tanto el Iehudí, que vivía como peregrino de lugar en lugar, llegó de noche a una ciudad y en el Beit-Hakneset no se encontraba nadie, no había comido en todo el día y se dijo a sí mismo: “Está bien, mañana Hashem va a ayudar. Voy a estudiar un rato y luego dormiré aquí en el piso”.
Repentinamente entró al lugar un anciano y empezaron a platicar. “Cuéntame” le dijo al Iehudí, “de dónde eres y a qué te dedicas”. Continuaron charlando y el Iehudí entró en confianza y abrió su corazón platicándole toda su historia.
Al escuchar el anciano le dijo: “Sigue mi consejo, Yo soy muy rico y me conmueve tú historia, véndeme el Sejar (mérito) de la mitzvá que hiciste con la viuda y los huérfanos por la misma cantidad que pagaste y podrás volver a ser rico”. Por un momento pensó que lo estaba soñando, pero contestó: “No, no la vendo. El anciano volvió a insistir: “Con esa cantidad vas a tener mucho éxito, podrás hacer muchas más mitzvot como esa”.
“¡No!”, volvió a repetir, “si Hashem me dio el zejut de lograr una mitzvá con tal mesirut nefesh, ¿cómo la puedo vender? Mi respuesta es NO”. “Bueno”, dijo el anciano “véndeme la mitad por toda la cantidad” y el volvió a decir que no, definitivamente No. No se rindió el anciano: “Véndeme aunque sea una pequeña porción y te pago todo”. “No y no, ya no me insistas más”, contestó.
Sonrió el anciano y le dijo: “Que sepas, yo soy Eliyahu Hanaví y me mandaron del Cielo a probarte, pero pasaste todas las pruebas. Elije lo que deseas, puede ser una fortuna enorme o tener un hijo”. El Iehudí respondió: “Para que quiero fortuna sin hijo, prefiero tener el Sejut de un hijo”. “Lo tendrás, mas tu destino será ser Maguid y deambular por los Batei-Knesiot por siempre”. Aceptó, y un año después tuvieron un hijo que iluminó al mundo con su luz, HaRav Hagaón Menajem Mendel de Riminob ZT’’L.
* * *
Este es el extraño destino del pueblo de Israel, donde Hashem nos Dice: “Ustedes son peregrinos en este mundo, su verdadero lugar es conmigo en el Mundo Venidero”.
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