sábado, 1 de julio de 2017

Enfoques sobre la Parashá Jukat - Precepto


Torá desde Jerusalem



Parashá Jukat - Precepto

Libro Bamidbar / Números (19:1 a 22:1)
Enfoques sobre la Parashá

"Este es el precepto de la Torá..." (Bamidbar 19:2)

La Mitzvá de la Pará Adumá (vaca roja) es de todos los preceptos, el que más desafía el entendimiento humano.

Si se nos pregunta por qué comemos, contestaríamos que debemos comer para vivir. Si nos preguntan además, por qué comemos pan y no piedras, contestaríamos que las piedras no contienen los nutrientes necesarios para vivir, pero por qué el ser humano necesita estos nutrientes, y por qué no podemos extraerlos de las piedras, no podríamos explicarlo, porque solo Di-s lo sabe.

Aunque comemos para vivir, Di-s creó el mundo de tal manera que nuestra comida también tiene un aroma y sabor placentero.

Pero este gusto nunca debe ser confundido con nuestra razón de comer.

Las Mitzvot son la comida espiritual para la Neshamá (alma). Por qué o cómo una Mitzvá particular sostiene nuestra alma, nosotros no podemos saberlo más de lo que sabemos sobre el por qué una proteína en particular sostiene nuestro cuerpo. Di-s quiso que las Mitzvot sean gustosas para nosotros, por eso les puso sabor -ideas y lecciones- eso podemos entender.

Sin embargo, nunca debemos confundir el sabor de la Mitzvá con su razón verdadera, así como nunca debemos comer meramente para satisfacer nuestro deseo.

(Adaptado de Shiurei Bina, Rabí Zev Leff)


"...Una vaca roja integra" (Bamidbar 19:2)
El Talmud relata la historia de un no-judío, Dama ben Netina, quien poseía una joya preciosa necesitada para reemplazar una piedra perdida de la pechera del Cohen Gadol. Los Sabios fueron a él y le ofrecieron una fortuna por la piedra, pero él no la iba a vender a ellos porque la llave de la caja de seguridad en donde estaba la joya, estaba bajo la cabeza de su padre que dormía. Él no iba a despertar a su padre, aun por la fortuna de un rey.

Puesto que él estaba dispuesto a dejar tanto para honrar a su padre, fue recompensado de tal manera que una vaca roja nació dentro de su ganado, y vendió este animal a los Sabios por la misma suma que había rechazado antes.

(Talmud, Kidushin 31a)

"...Una vaca roja integra" (Bamidbar 19:2)
¿Por qué en la historia anterior, Dama ben Netina fue recompensado específicamente con una Pará Adumá que nació entre su ganado?

El rol del Pueblo Judío es ser una nación de sacerdotes y personas sagradas, destacándose del resto de las naciones por su ejemplar comportamiento. Así, cuando Dama ben Netina un no-judío, demostró tal auto-sacrificio para honrar a su padre, despertó una acusación en las cortes celestiales en contra del Pueblo Judío, ya que aquí había un no-judío que tenia una devoción para la Mitzvá de honrar a los padres por lo menos igual a la de los judíos, y entonces ¿dónde estaba el ejemplar comportamiento del Pueblo Judío?

La vaca roja que fue comprada por los Sabios demostró que aunque Dama ben Netina fue capaz de dejar una fortuna por una Mitzvá que la lógica dicta, el Pueblo Judío es capaz de dar una fortuna similar por una Mitzvá que está infinitamente mas allá de la lógica humana, simplemente porque es la Voluntad de Di-s.

(Jidushei Harim)

"...que no tiene imperfecciones, que no le fue puesto yugo" (Bamidbar 19:2)
Alguien que ve en sí mismo que alcanzó su perfección, y se liberó de defectos y `manchas', puede estar seguro de que todavía no comenzó a tomar sobre si mismo el yugo del Reino del Cielo. Porque, si alguna vez experimentó este yugo, se hubiese dado cuenta que todavía consiste mayormente en imperfecciones y `manchas'.

(El Seer de Lublin)

"Este es el decreto (jok) de la Torá" (Bamidbar 19:2)
La Mitzvá de la Pará Adumá (vaca roja) es el "jok" (decreto) esencial que desafía al entendimiento humano.

El mundo es como un 747. A ningún piloto se le ocurriría sentarse ante el panel de mando de un 747 antes de saber cómo navegar la aeronave en todas las condiciones climáticas, y en todas las situaciones posibles.

Tiene que saber cómo despegar, cómo aterrizar, cómo balancear los alerones. Tiene que conocer las funciones de cada uno de los botones y los interruptores que tiene enfrente. Tiene que ser profesional. Las vidas de 500 personas dependen de su juicio y su experiencia.

Cada judío es un "piloto". Tenemos que saber cómo volar el 747 de la vida. Cada halajá es un interruptor de la cabina de nuestro 747. Y únicamente con la ayuda de la Torá podremos volar por el cielo de la vida sin hundirnos en el mar.

La profundidad de las mitzvot es imposible de entender, puesto que las mitzvot son expresiones de la Voluntad del Creador, y trascienden el conocimiento de Sus creaciones. Pero lo que sí sabemos es que las mitzvot son el panel de mando que conducen al mundo espiritual.

No podemos comprender de qué modo obra cada Mitzvá, pero eso no debe interferir con la precisión y la escrupulosidad con que debemos llevarlas a cabo. Ningún piloto sabe por qué su avión vuela por el aire. Pero lo que sí tiene que saber es cómo hacer que vuele. El hecho de que no sepa explicar por qué el aire que pasa por debajo de las alas hace que el avión vuele, de ningún modo reduce su concentración, cuando está sentado sobre dos toneladas de metal que se lanzan en picada a más de cien millas por hora. En ese momento, a él no le importa en absoluto el hecho de que no entienda la dinámica del vuelo. ¡Él es conciente de que, a menos que tenga un desempeño impecable, este vuelo no tiene mucho futuro!

(Rabí Simja Waserman z''l)

"Este es el decreto (jok) de la Torá" (Bamidbar 19:2)
Existen dos clases de letras. Las letras que se escriben, y las letras que se graban. La diferencia está en que las letras que se escriben esencialmente se encuentran separadas del papel en el que fueron escritas. No son parte del papel o el pergamino. Las letras son de tinta, y se adhieren al papel, y recién entonces puede decirse que conforman un solo ente.

Sin embargo, las letras grabadas pertenecen al mismo medio sobre el que fueron escritas. No hay distinción entre lo que está escrito y sobre qué está escrito; las letras no son entes separados y externos, sino que más bien, surgen de la propia piedra.

La Torá fue dada en la forma de tablas grabadas, para enseñarnos que no debemos tomarla como algo ajeno a nosotros, sino que, por el contrario, el pueblo judío y la Torá son un ente único e indivisible. "Israel, la Torá y el Santo Bendito Sea, son Uno". Las palabras de la Torá están grabadas en la tela de nuestro corazón, no meramente bordadas. Ellas deben penetrar en las recámaras más profundas y más recónditas de nuestra identidad, deben atravesarnos, así como las tablas de la Torá podían leerse de ambos lados.

En hebreo, la palabra "grabado" tiene la misma raíz que la palabra que expresa el decreto que va más allá de la comprensión humana: jok. Nuestra actitud frente a la Torá debe ser la misma que respecto del jok. Si bien no entendemos el jok, de todos modos lo cumplimos, porque es la Voluntad de nuestro Padre del Cielo. Con esa misma actitud debemos cumplir con todas las mitzvot, inclusive aquellas que pensamos que sí entendemos, simplemente por el hecho de que están grabadas en las tablas de nuestro corazón, como decretos del Rey de Reyes.

(Rabí Shlomo Yosef Zevin, z''l)

"Entonces Moshé elevó su brazo y golpeó la roca con su vara dos veces" (Bamidbar 20:11)
Si alguna vez jugaste al golf, sabrás lo importante que es elegir un buen palo. A veces, como cuando se juega en una pista de golf, conviene un palo de madera, pero si juegas sobre arena, es mejor un palo de hierro, mientras que uno de madera prácticamente no sirve para nada.

Todo depende de usar la herramienta correcta para el trabajo que haga falta.

El "palo de golf" del judío es su voz. Gran parte de lo que hacemos, lo hacemos con la voz: el rezo, el estudio de la Torá, las bendiciones.

Como dijo Itzjak cuando palpó los brazos de Yaakov cubiertos de pieles de cabra: "La voz es la voz de Yaakov, y las manos son las manos de Esav" (Bereshit 26:22). La voz le fue dada a Yaakov. Y las manos, a Esav. El poder interno que emana del corazón, es la voz. La mano es el dominio de Esav.

En nuestros días, es Esav el que envía hombres a la luna, el que construye ciudades de vidrio y acero que arañan el cielo, el que se sumerge en las profundidades del océano. Esav sabe muy bien cómo usar las manos. Y si bien Yaakov también puede competir con Esav en estos campos, en realidad no está jugando con su palo "ideal".

Cuando Moshé golpeó la roca en vez de hablarle, estaba enviando un mensaje que contradecía la esencia fundamental del pueblo judío. Es como si hubiera dicho: "La voz no es adecuada. Hay que usar las armas de Esav, las manos de Esav".

El poder del pueblo judío no está en los brazos. Está en la voz. La voz que se eleva en una plegaria. La voz de la hermandad. La voz de la que resuena en las salas de estudio. Ese es el único "palo" que hace falta...


"vaca roja pura..." (Bamidbar 19:2)
A nosotros nos cuesta imaginar, pero no hace mucho tiempo, había personas de apariencia normal que demostraban poseer poderes extraordinarios. Existen, literalmente, cientos y cientos de historias acerca de judíos, en la época de la Segunda Guerra Mundial, que arriesgaron y renunciaron a sus vidas, antes que transgredir el más minúsculo precepto de la Torá. Una de esas almas santas fue Rabí Shmuel David Ungar, líder espiritual de Nitra. Rabí Ungar tenía fama de persona santa y de gran maestro, fama que iba más allá de su nativa Eslovaquia.

A comienzos de 1944, Rabí Ungar huyó a los bosques de las afueras de Nitra para escapar la deportación de los fascistas. A pesar de que se estaba muriendo de hambre, no hizo el más mínimo compromiso en su observancia de la Ley Judía.

Con el paso de las semanas, se puso más y más débil. Un amigo consiguió unas cuantas uvas (Solo Di-s sabe de dónde) y le rogó que las comiera. Él contestó: "¿Cómo las voy a comer ahora? Si las uso ahora, no voy a tener vino para hacer Kidush el viernes a la noche. ¿Acaso un judío tiene derecho a disfrutar de un puñado de uvas cuando no tiene vino para santificar el próximo Shabat?"

Cuando llegó el invierno, se empezó a deteriorar su salud. No obstante, siguió pasando horas sumergido en el estudio de la Torá, a pesar de la pesada nieve y el frió amargo.

Víctima del hambre y de la intempestad del clima, Rabí Ungar dejó este mundo unas cuantas semanas antes de la caída del Tercer Reich.

Y un judío santo, helándose en el invierno eslovaco, al que la lógica le dice que coma las uvas y después se preocupe del Shabat, tiene el poder de ignorar los retorcijones de hambre en su estomago. ¿Para qué? Para no perder la oportunidad de santificar el día de Shabat y a Aquél que lo creó.

(Maianá shel Torá: El espíritu inquebrantable)
Shabat Shalom

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