LUZBY BERNAL

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domingo, 9 de octubre de 2011

Parashá Vezot Haberajá - Y ésta es la bendición

Torá desde Jerusalem


Parashá Vezot Haberajá - Y ésta es la bendición

Libro Devarim / Deuteronomio (33:1 a 34:12)


Comentario sobre la Parashá

“Y esta es la bendición...” (Devarim 33:1)
Donde finaliza la Torá, termina la misión del gran guía Moshé Rabenu, a las puertas de la Tierra de Israel sin poder cumplir con su gran deseo de entrar y vivir en Israel.  Hashem le obliga a subir al monte Nevó desde donde verá la tierra pero no la pisara.
Moshé fue castigado por ese fallo que tuvo cuando Hashem le ordenó hablar a la roca y Moshé la golpeóNuestros Sabios desarrollaron mares de explicaciones sobre por qué Moshé reaccionó así, pero nada sirvió para un dirigente como él.  “Uvemeurabai Etkadesh”, “Y los que están cerca de Mí, con ellos seré diferente”.
Moshé como buen dirigente no puede despedirse sin antes bendecir al pueblo y así le recuerda a los Hijos de Israel el mayor regalo que les pudo dar en sus cuarenta años de dirigente, “Torá Ziva Lanu Moshé, Morashá Kehilat Yaacob”, Moshé nos encomendó la Torá, herencia es para la comunidad de Yaacob, y fue en Yeshurún (Pueblo de Israel) Rey, reuniéndose los principales representantes del pueblo, juntas las Tribus de Israel; así nos comenta Moshé la secuencia de los hechos, Moshé nos trajo la Torá pero en verdad es una herencia que nos pertenece y en el nivel que nosotros aceptemos la Torá, está la proclamación del reinado Divino en la Tierra que sólo se podrá conseguir cuando nuestros dirigentes se unan y nosotros nos sintamos todos juntos.
La unión en el pueblo de Israel no es una necesidad como lo pudiera ser en cualquier otro pueblo, sino que es parte de su identidad.  El Talmud comenta cómo durante la generación del Rey Ahhab, generación idólatra y apartada de los mandamientos de la Torá, el Pueblo de Israel no conoció una época de mayor tranquilidad y éxito como esa, pues estuvieron unidos.  “Ma Tob Umanaim Shebet Ahim Gam Yahad”, “Que bueno y agradable es, cuando los hermanos se encuentran unidos.
Donde termina la Torá ahí comienza, pues la Torá no tiene final, pues su fin es la persona en sí, y así como el matrimonio se simboliza con un simple anillo que no tiene comienzo ni fin, pues cada generación es un eslabón más que une la generación anterior con la siguiente; asimismo la Torá une a las generaciones.  El último día de Sucot es denominado Simjá Torá la alegría de la Torá, pues no hay espacio sino dentro de la alegría, como dijeron nuestros Sabios: Mitzvá Guedolá Lihyot BeSimjá”, “Una gran obligación es estar siempre alegre”, pues la alegría es el catalizador de los hechos y este es el mundo de los hechos y la Torá la guía de los mismos.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

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miércoles, 14 de septiembre de 2011

COMENTARIO Video PARASHA KI-TAVO

Torá desde Jerusalem



Parashá Ki Tavó - Entres

Libro Devarim / Deuteronomio (26:1 a 28:69)




Comentario sobre la Parashá

"Y será, cuando llegues..." (Deuteronomio 26:1)
"Y será, cuando llegues a la tierra... tomarás de las primicias de todo fruto… y dirás: Declaro hoy que llegué a la tierra que prometió el Eterno a nuestros padres…".
Así dictamina la Torá el precepto de la ofrenda de las primicias… Arameo perdido era mi padre y descendió a Egipto y vivió allí con pocos varones y creció…
Toda la razón de la ofrenda de las primicias es el reconocimiento de la bendición Divina, que de un pueblo de pocos miembros perseguidos y esclavos, Hashem nos hizo un pueblo de gente libre.
El reconocimiento y agradecimiento son los principios básicos de nuestra Torá, y así dictamina la Halajá sobre el respeto a los padres el que se compara con el respeto a los maestros, y el respeto a los maestros con el respeto al Eterno, pues aquel individuo que no sabe reconocer el bien que hicieron sus padres con él, tampoco sabrá reconocer el bien que hicieron sus maestros y no llegará a reconocer el bien que hizo el Todopoderoso con todos nosotros a través de las generaciones.
Tras la obligación de separar las primicias, nos recuerda la Torá la obligación del segundo diezmo debiendo decirse: "Y le di al levita, al extraño, al huérfano y a la viuda como en todos los preceptos que me encomendaste, no trasgredí tus obligaciones y no me olvidé". ¡Qué recordatorio tan importante el de la Torá!, que nos obliga a no olvidar, como principio básico sobre todos los preceptos, a quienes tal vez no tengan medios, como el caso del extraño, el huérfano y la viuda, todos a la par del levita, por lo que la relación no es la del pudiente-necesitado, sino la del obligado-beneficiario, y en la que ellos, tanto el huérfano, el extraño y la viuda junto con el levita, son los que nos permiten cumplir con esa obligación.
Nos comenta el Talmud que preguntó un gentil a Rabí Akiva: Si el Todopoderoso ama a sus hijos, ¿cómo puede ser que haya necesitados en el mundo que Él creó?, a lo que respondió Rabí Akiva: ¡Más de lo que necesitan los pobres de los ricos, necesitan los ricos de los pobres!. Los pobres solamente necesitan de los ricos la ayuda económica, pero los ricos, si no existieran los necesitados, ¿cómo podrían hacer bondad?. Y la bondad es una necesidad obligatoria para todo ser, como también para el necesitado. ¡Olam Jésed Yibané!. ¡El mundo a la bondad la construye!. A la bondad se la considera como más importante que a la caridad, pues la caridad sólo se puede hacer con los pobres, mientras que la bondad-ayuda y se puede hacer con todos. La caridad se puede realizar solamente materialmente, mientras que la bondad se puede realizar hasta con las palabras.
La Torá se preocupó de no marginar a ningún necesitado, habiendo denominado a la caridad como justicia, cuando equiparó al necesitado con el huérfano, extraño o la viuda con el Levita, que recibe el diezmo como salario y no como caridad pues así dijo la Torá: "Y la tribu de Leví no heredará la tierra pues Yo soy su herencia, por lo que fueron elegidos para Mi servicio".
¡Olam Jésed Yibané!. ¡El mundo a la bondad la construye!. Nuestros Sabios no vieron en los adelantos tecnológicos ni en los grandes inventos ni en descubrimientos, la razón de la existencia; no olvidemos que generación tras generación seguimos llenando nombres de célebres talentos que encontraron como facilitarnos la vida y hacerla más fácil. Nóbel soñó con acabar con el sufrimiento de los mineros y Einstein encontrar la fuente de la energía, la gallina de los huevos de oro tenía que acabar con la miseria de la edad media, el hombre ya puso su pie sobre la Luna y tal vez consiga obtener una cápsula fuera de nuestra galaxia, pero acaso ¿somos más felices que nuestros abuelos?
La felicidad por lo visto no se encuentra ni en la tecnología ni en las comodidades, como tampoco del otro lado del cosmos, sino como dijo la Torá: "No en los cielos ni del otro lado del mar sino dentro de ti y en tu corazón para hacerlos".
En un mundo de bondad donde reine la preocupación por el prójimo, donde no se olvide al levita ni al extraño, ni al huérfano, ni a la viuda, podremos cantar: "Y comeremos con alegría de Tus ofrendas y de Tus Pesajim".
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

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viernes, 12 de agosto de 2011

Comentario sobre la Parashá Vaetjanán Deuteronomio (3:23 a 7:11)



Torá desde Jerusalem



Parashá Vaetjanán - Y rogué

Libro Devarim / Deuteronomio (3:23 a 7:11)

Comentario sobre la Parashá

“Y rogué al Eterno” (Devarim 3:23)
Y rogué al Eterno...  Así comienza la parashá, en la que Moshé Rabenu nos enseña el potencial de la Tefilá y la importancia de la Tierra de Israel; Moshé no pidió vivir con lujos, ni derechos de inmigrante, sino solamente “Pasaré y veré la buena Tierra...”.  Dijeron Nuestros Sabios: “Tres cosas pueden borrar todo dictamen: el rezo, el arrepentimiento y la bondad”.
Moshé Rabenu es seguro que se arrepintió de su equivocación cuando golpeó a la piedra para emanar agua, en lugar de hablarle como le ordenó el Todopoderoso.  Así nos dictamina el Talmud: Cuando veas a un Talmid Jajam pecar en la noche, no dudes de él en la mañana, pues seguro que se arrepintió; el Talmud no duda que hasta el más justo se puede equivocar, sino que la diferencia entre el justo y los demás se basa no solamente en la cualidad del error sino que el Talmid Jajam seguro que se arrepintió.  La sabiduría se encuentra en la corrección, el primer hombre que se encontraba al nivel de los ángeles erró, todos nuestros Patriarcas se equivocaron, Moshé y Aharón se equivocaron, acaso la Torá nos contó sus equivocaciones como “chisme”?  Seguro que no, la Torá nos trajo esos comentarios para que aprendiéramos de ellos para corregirnos.
La Tefilá, el rezo es la expresión más elevada de la persona en su componente espiritual, en la condición en la que se puede comunicar con lo espiritual.  Boca a boca hablaba Moshé con el Todopoderoso, no en sueños ni con señales, sino directamente.  El Talmud nos comenta como el Tana, cuando se acercaba a un enfermo afirmaba si viviría o no, a lo que le preguntaron sus alumnos si acaso gozaba de profecía, a lo que respondió diciendo: “No soy ni profeta ni hijo de profeta, sino que siempre que pido por un enfermo y la petición se desarrolla con facilidad sé que es deseada y cuando se me dificulta el rezo sé que es rechazada. 
El rezo eleva a la persona al nivel del profeta, así como la profecía exige una preparación y entrega, la tefilá no se puede considerar sino con su factor fundamental: la “kabaná” (intención).  Dijeron nuestros Sabios: “Tefilá belá Kabaná ke Guf beló Neshamá”.  (Un rezo sin intención es como un cuerpo sin espíritu).
Diez niveles de espiritualidad bajó el Todopoderoso al mundo: el mundo, Eretz Israel, Jerusalem, dentro de las murallas de Jerusalem, la explanada del Templo, la Azará, Azarat Israel, Azarat Leviim, Azarat Cohanim, HaKodesh y el Kodesh Hakodashim.  Hasta lo más material, la tierra, tiene niveles espirituales, cuánto más el ser humano que fue agraciado con el don del habla, como nos explica Ónkelos respecto del párrafo de la Torá en Bereshit: “E hizo el Todopoderoso a la persona del polvo de la tierra y le sopló el espíritu de la vida y fue la persona un ser viviente”, ser viviente-espíritu hablador.  El hombre es el único ser con la capacidad de hablar, de darle a sus palabras un sentido, pero también los animales se comunican, intercambian mensajes, pero no tienen intenciones en sus palabras.
La Tierra de Israel no fue deseada por Moshé por su tamaño o por su belleza, sino por su espíritu.  Una Tierra que todos nuestros Sabios soñaron besar su polvo, andar en sus caminos, cumplir sus preceptos.  El Rey David, cuando tuvo que salir de la Tierra de Israel escapándose de su hijo Absalom, se consideró como un idólatra.
Una casi inacabable lista de grandes Sabios de todas las épocas, abandonaron todo lo que tenían, la familia, la comunidad, la tranquilidad y el bienestar por poder, aunque fuese en sus últimos dias, vivir en la Tierra de Israel.
Por cuatro causas se puede salir de Eretz Israel, y así lo dictamina el Shulján Aruj:
Para su manutención (si no encuentra como sustentarse, como ocurrió con muchos de nuestros Sabios que tuvieron que abandonar Israel por los peligros inminentes de hambre y enfermedades).
Para estudiar Torá (si no encuentra cómo hacerlo en Israel).
Para salir al encuentro de quien le debe el respeto.
¡Qué demostración de aprecio y amor a esta Tierra de quienes la aman!, como lo dictamina la Halajá, que no la abandonan sino en casos extremos de peligro de vida o momentáneamente por una importante obligación.
Que sionismo tan puro el de los que viven en esta tierra, no como refugio de los peligros, ni para sentirse como todos los pueblos, ni para desarrollar un sentido de supremacía, sino por que esta es la Tierra que el Todopoderoso eligió para que nuestro pueblo viviera en ella.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

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viernes, 29 de julio de 2011

PARASHA MASE - VIDEO RAB.SHOLOMO WAHNON



Torá desde Jerusalem


Parashá Masé - Marchas

Libro Bamidbar / Números (33:1 a 36:13)

Comentario sobre la Parashá

“Aparejaréis ciudades, ciudades de refugio...” (Bamidbar 35:11)
Y habló... “Aparejaréis ciudades, ciudades de refugio para vosotros y se refugiará allí todo el que mata por error”.  Una parashá muy especial se abre delante nuestro cuando la Torá nos obliga a construir seis ciudades de refugio después del reparto de la tierra, tres del lado oriental del río Jordán y tres del otro lado, en la tierra de Canaán.  Nueve tribus y media recibieron solamente tres ciudades de refugio, mientras que las otras dos tribus y media, en el otro lado del río Jordán, recibieron el mismo número de ciudades, a lo que comentaron nuestros Sabios que la distancia del Templo y de la kedushá de la Tierra de Israel fueron la razón de la diferencia entre ambos terrenos. 
La Torá advierte al que mató por error que, deberá vivir en la ciudad de refugio hasta la muerte del Sumo Sacerdote, a lo que comenta la Mishná, que las madres de los Sumos Sacerdotes acostumbraban enviar todos los días, regalos a los refugiados para que no pidieran por la muerte de sus hijos.  ¿Cómo podemos entender que las madres tenían que enviar regalos para que no pidieran por la muerte de sus hijos?  ¿Acaso el Todopoderoso escucharía una petición como esa?  ¿Qué culpa tenía el Sumo Sacerdote para ser la “causa” de la desgracia de estos refugiados?  Aquí la Torá da una lección a los dirigentes y a todos nosotros, que no somos responsables solamente de nuestros hechos, sino también de los que pudimos evitar y no lo hicimos.  El Sumo Sacerdote como máxima instancia espiritual, tenía la obligación de educar y encaminar al pueblo en su comportamiento. 
Existen situaciones imposibles de evitar y que el causante está totalmente liberado de toda responsabilidad de esos hechos, pero, por ejemplo, el leñador que bajando el hacha no tomó precauciones para evitar que la cabeza del hacha o una astilla salieran disparados por el efecto de la bajada del mismo, o quien bajaba el rodillo de alisar los techos y no tomó prevención, o el que bajaba las escaleras…, todos ejemplos donde el accidente puede ocurrir y no se tomaron medidas lógicas de precaución, están mas cerca de la negligencia que de lo inevitable.
¡Cuántos deberían ir a la ciudad de refugio!, cuando en una noche de fuertes lluvias circulan dentro de una ciudad a excesiva velocidad y los frenos no pueden evitar el accidente.
Un terremoto, casas derrumbadas, familias sin agua ni electricidad, el mundo entero sigue con preocupación el desarrollo de los acontecimientos.  Miles de soldados, fuerzas de rescates, bomberos y perros buscadores unen fuerzas para salvar a ese único damnificado y qué bueno que sea así, ya que nos enseñó la Torá: “El que salva un alma, es como si salvara al mundo entero”.  La vida humana no tiene precio y no depende de números, pero ¿por qué no somos iguales en los accidentes de tránsito?  ¿Por qué no luchamos con el mismo empeño, no para salvar al que ya se encuentra enterrado bajo los escombros que no pudimos evitar, sino por algo mucho mejor, para evitar el accidente y no solamente para curar al herido?  Más aún cuando la gran mayoría de los accidentes de tráfico pudieran ser evitados con un poco más de esfuerzo y educación cívica.
¡Cuántos regalos tendría que mandar la madre del Sumo Sacerdote!.  Pero no se preocupen el Sumo Sacerdote de nuestros días tendría la excusa que todos conocemos: ¡Los accidentes ocurren en todo el mundo!.
No está a nuestro alcance evitar los terremotos, apenas podemos paliar en algo sus efectos, pero los accidentes de tránsito, así como muchos otros casos de negligencia, a veces, hasta previstos de antemano por las estadísticas, son de nuestra responsabilidad y debemos considerarlos como casi intencionales.  Las estadísticas enseñan que muchos trabajos realizados en ciertas condiciones como ser los efectuados por las noches como las grandes construcciones, tienen una probabilidad de accidentes trágicos exageradamente mayores que los realizados de día.  ¿Cómo puede ser que las autoridades los autorizan, por más importantes y necesarios que sean esos proyectos?
La respuesta por lo visto no está en la necesidad, sino en el valor de la vida.  Mientras la vida sea un concepto de estadística, un número o un caso interesante, no podremos exigir al Sumo Sacerdote la responsabilidad de lo ocurrido, solamente cuando la vida sea un valor por la que todos sintamos la obligación de luchar, podremos entender el mensaje de nuestra parashá.
Shabat Shalom.Torá desde Jerusalem

Rab Shlomó Wahnón

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