LUZBY BERNAL

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jueves, 23 de febrero de 2012

El Corazón Sabe Mejor

Trumá(Éxodo 25:1-27:19)

El Corazón Sabe Mejor

En el desierto, Dios dio las instrucciones de cómo construir el primer santuario. Debía ser un tabernáculo portátil. Dios quería que todo el pueblo judío fuera parte del proceso haciendo donaciones para ayudar a su construcción. Dios le dijo a Moisés que los donantes debían ser:
“...todo aquel que su corazón lo motive...” (Éxodo 25:2)
Una Lección de Vida
Dios quería personas motivadas por su “corazón”. Pero, ¿por qué debían estar motivadas por su corazón y no por su cerebro? La respuesta puede hallarse en el “mecanismo” interno que motiva a una persona a hacer algo - especialmente cuando se trata de actos de bondad hacia los demás.
Cuando alguien quiere dar, lo primero que ocurre es que su corazón toma conciencia de algo y se inspira para dar. Pero justo cuando estamos a punto de tomar cualquier tipo de acción, escuchamos una pequeña voz que intenta controlar nuestro comportamiento. ¡Es el cerebro!
Mientras que el corazón es emocional y sólo quiere dar, nuestro cerebro por otra parte, opera estrictamente en base a la lógica. Y cada vez que el corazón quiere dar, el cerebro filtra instantáneamente el pedido para ver si la idea tiene sentido desde un punto de vista lógico o no.
Y aquí es donde comienzan los problemas. El cerebro -que tiene acceso a millones de piezas de información de tus experiencias pasadas de vida- analizará el “acto de bondad sugerido” y decidirá si coincide con tus intereses desde un punto de vista lógico. El cerebro no tiene “corazón”, sólo lógica. Mientras que tu cerebro sabe que tu corazón necesita dar, él tiene que preocuparse por ti en relación a otros temas, y por lo tanto, ve las cosas sólo a través de lentes racionales. Esto crea un conflicto interno significativo, porque en un esfuerzo por protegerte, el cerebro intentará detener al corazón para que no sea un dador constante.
Por ejemplo, digamos que vas atrasado a una reunión importante y de pronto ves a una anciana que está teniendo problemas para cruzar la calle. Como nuestra reacción inicial siempre está motivada por las emociones, instantáneamente “pensarás” con tu corazón y sentirás un fuerte impulso de detenerte a ayudar a la anciana. Pero en ese instante, tu cerebro evaluará rápidamente la situación y determinará que si ayudas a la anciana llegarás demasiado tarde a tu reunión y perderás un gran negocio. En cuestión de micro-segundos, tu cerebro racionalizará aún más y llegará a la conclusión de que si no te detienes a ayudar a la anciana y llegas a tiempo a tu reunión, entonces con el dinero que obtendrás podrás ayudar a toda la sociedad mucho más en vez de sólo ayudar a aquella anciana.
En este punto, tu corazón contraataca diciendo que esta anciana realmente necesita tu ayuda, que deberías detenerte a ayudarla y que nadie se enojará si llegas un par de minutos tarde a tu reunión. Una intensa batalla de 3 segundos se desarrolla en tu interior, y si bien a veces el corazón sale victorioso, generalmente el cerebro es el vencedor, y la oportunidad de ayudar se pierde para siempre. Y a medida que continúas camino a tu reunión, tu cerebro -en un esfuerzo por anular los sentimientos de culpa- continuará elaborando más y más razones lógicas para justificar tu decisión.
Dios nos “programó” y Él sabe exactamente como tomamos nuestras decisiones. Por lo tanto, cuando Él dijo que las donaciones debían venir de las personas que se sientan motivadas por su corazón, Dios quería asegurarse de que el cerebro no bloquearía el deseo sincero de dar del corazón. Dios no quería que el cerebro los convenciera de que construir el tabernáculo era una mala idea.
Dios sabía que si el cerebro los convencía de no aportar a una de las causas más importantes de la historia, entonces claramente, el cerebro podía convencerlos de cualquier cosa. En esta instancia, Dios quería que el pueblo judío obviara la racionalidad del cerebro y escucharan a su corazón.
Y esa es la lección para todos nosotros. A veces, la mejor manera de ganar una batalla es no combatir en primer lugar.

 

viernes, 20 de enero de 2012

SHABAT SHALOM - Viernes 20 de Enero 2012

SHABAT SHALOM - Viernes 20 de Enero 2012
25 Tevet 5772

Parasha
Parashá de la Semana:
Vaerá
Haftará de la Semana:
Yejezkel / Ezequiel
28:25-29:21
  Rosh Jódesh Shevat comienza el día 
24 de Enero al anochecer

 
Mesilot HaTora

viernes, 29 de julio de 2011

PARASHA MASE - VIDEO RAB.SHOLOMO WAHNON



Torá desde Jerusalem


Parashá Masé - Marchas

Libro Bamidbar / Números (33:1 a 36:13)

Comentario sobre la Parashá

“Aparejaréis ciudades, ciudades de refugio...” (Bamidbar 35:11)
Y habló... “Aparejaréis ciudades, ciudades de refugio para vosotros y se refugiará allí todo el que mata por error”.  Una parashá muy especial se abre delante nuestro cuando la Torá nos obliga a construir seis ciudades de refugio después del reparto de la tierra, tres del lado oriental del río Jordán y tres del otro lado, en la tierra de Canaán.  Nueve tribus y media recibieron solamente tres ciudades de refugio, mientras que las otras dos tribus y media, en el otro lado del río Jordán, recibieron el mismo número de ciudades, a lo que comentaron nuestros Sabios que la distancia del Templo y de la kedushá de la Tierra de Israel fueron la razón de la diferencia entre ambos terrenos. 
La Torá advierte al que mató por error que, deberá vivir en la ciudad de refugio hasta la muerte del Sumo Sacerdote, a lo que comenta la Mishná, que las madres de los Sumos Sacerdotes acostumbraban enviar todos los días, regalos a los refugiados para que no pidieran por la muerte de sus hijos.  ¿Cómo podemos entender que las madres tenían que enviar regalos para que no pidieran por la muerte de sus hijos?  ¿Acaso el Todopoderoso escucharía una petición como esa?  ¿Qué culpa tenía el Sumo Sacerdote para ser la “causa” de la desgracia de estos refugiados?  Aquí la Torá da una lección a los dirigentes y a todos nosotros, que no somos responsables solamente de nuestros hechos, sino también de los que pudimos evitar y no lo hicimos.  El Sumo Sacerdote como máxima instancia espiritual, tenía la obligación de educar y encaminar al pueblo en su comportamiento. 
Existen situaciones imposibles de evitar y que el causante está totalmente liberado de toda responsabilidad de esos hechos, pero, por ejemplo, el leñador que bajando el hacha no tomó precauciones para evitar que la cabeza del hacha o una astilla salieran disparados por el efecto de la bajada del mismo, o quien bajaba el rodillo de alisar los techos y no tomó prevención, o el que bajaba las escaleras…, todos ejemplos donde el accidente puede ocurrir y no se tomaron medidas lógicas de precaución, están mas cerca de la negligencia que de lo inevitable.
¡Cuántos deberían ir a la ciudad de refugio!, cuando en una noche de fuertes lluvias circulan dentro de una ciudad a excesiva velocidad y los frenos no pueden evitar el accidente.
Un terremoto, casas derrumbadas, familias sin agua ni electricidad, el mundo entero sigue con preocupación el desarrollo de los acontecimientos.  Miles de soldados, fuerzas de rescates, bomberos y perros buscadores unen fuerzas para salvar a ese único damnificado y qué bueno que sea así, ya que nos enseñó la Torá: “El que salva un alma, es como si salvara al mundo entero”.  La vida humana no tiene precio y no depende de números, pero ¿por qué no somos iguales en los accidentes de tránsito?  ¿Por qué no luchamos con el mismo empeño, no para salvar al que ya se encuentra enterrado bajo los escombros que no pudimos evitar, sino por algo mucho mejor, para evitar el accidente y no solamente para curar al herido?  Más aún cuando la gran mayoría de los accidentes de tráfico pudieran ser evitados con un poco más de esfuerzo y educación cívica.
¡Cuántos regalos tendría que mandar la madre del Sumo Sacerdote!.  Pero no se preocupen el Sumo Sacerdote de nuestros días tendría la excusa que todos conocemos: ¡Los accidentes ocurren en todo el mundo!.
No está a nuestro alcance evitar los terremotos, apenas podemos paliar en algo sus efectos, pero los accidentes de tránsito, así como muchos otros casos de negligencia, a veces, hasta previstos de antemano por las estadísticas, son de nuestra responsabilidad y debemos considerarlos como casi intencionales.  Las estadísticas enseñan que muchos trabajos realizados en ciertas condiciones como ser los efectuados por las noches como las grandes construcciones, tienen una probabilidad de accidentes trágicos exageradamente mayores que los realizados de día.  ¿Cómo puede ser que las autoridades los autorizan, por más importantes y necesarios que sean esos proyectos?
La respuesta por lo visto no está en la necesidad, sino en el valor de la vida.  Mientras la vida sea un concepto de estadística, un número o un caso interesante, no podremos exigir al Sumo Sacerdote la responsabilidad de lo ocurrido, solamente cuando la vida sea un valor por la que todos sintamos la obligación de luchar, podremos entender el mensaje de nuestra parashá.
Shabat Shalom.Torá desde Jerusalem

Rab Shlomó Wahnón

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