sábado, 18 de febrero de 2017

Parashá Mishpatim - Leyes Libro Shemot / Éxodo (21:1 a 24:18)


Torá desde Jerusalem



Parashá Mishpatim - Leyes
Libro Shemot / Éxodo (21:1 a 24:18)


Comentario sobre la Parashá

“Y si el siervo dijera...” (Shemot 21:5)
“Y si el siervo dijera: Quiero a mi amo, a mi mujer y a mis hijos.  No saldré libre”. 
Con qué cariño lo trató el amo para que pueda decir: amo... y compararlo con su esposa y sus hijos, acaso ¿algo se puede comparar con el amor a los hijos?.  Y mismo así dice la Torá: “Y lo acercaras a la puerta o al umbral”. Asimismo lo critica por no preferir la libertad a la servidumbre.
Este es el mundo de los hechos, el siervo aunque trabaje veinte horas diarias no tiene responsabilidades, mientras que su señor aunque físicamente no trabaje, la responsabilidad lo hace el autor de los mismos.
En boca de muchos se encuentra el dicho mal entendido de Torá ve Avodá, que lo quieren traducir como Torá y trabajo, y se olvidan del verdadero sentido de Avodá: Servicio del Santuario y hoy en día que no tenemos dicha posibilidad lo reemplazamos con el rezo y el servicio del corazón.  Cuando el carpintero hace una mesa de un tronco de madera, él no crea nada, sino solamente transforma con mucho esfuerzo e imaginación un pedazo de madera en una mesa, pero en verdad no hizo nada nuevo.  Solamente en el mundo del pensamiento podemos hablar de innovaciones verdaderas, la persona con su pensamiento crea nuevos mundos, el trabajo verdadero no se encuentra en las manos.  Hoy se encuentra solamente el esfuerzo, el cambio, la moderación, la creación no se encuentra en la materia, así en el lenguaje del Rey Salomón: “En Jadash Tajat Hashemesh”, “No hay nuevo debajo del Sol”, o en la expresión de los conocedores de la física: La materia no se crea ni se destruye sino solamente se transforma, la materia no se crea las ideas sí.
El Talmud en el tratado de Berajot comenta que en el momento en que la persona sale de este mundo y aparece delante del Tribunal Celestial, se le pregunta: ¿Fijaste tiempo para el estudio de la Torá?, ¿hiciste para tener hijos?, ¿fuiste correcto en el trato con la gente?.  No se le pregunta si construyó el Concord, o la Torre Eiffel, o el puente Golden Gates en California, o el nuevo rascacielos en Taipé, le preguntan por Torá, hijos y corrección, ya que esos son los verdaderos hechos de la persona.
Junto con las leyes sociales más avanzadas que pudo soñar la civilización no solamente en las épocas antiguas de nuestra historia sino mismo en las épocas más modernas nos relata la Torá la abominación a las brujas y a las deformaciones sexuales, siendo criticadas y condenadas a los niveles más severos.  La actualidad de la Torá parecería terminar en esos términos, a lo que hay que responder, ¡no y no!  ¡Hoy se demuestra la realidad de la Torá y lo absurdo de la suciedad donde vivimos!  La Torá no se equivocó sino que como conocedora de las tendencias humanas, criticó con energía lo que peligra a los valores sencillos con los que la humanidad tiene que desarrollarse. Entre los defensores de dichas abominaciones escuchamos las excusas: por qué criticar tendencias naturales, a lo que le preguntaría, acaso ¿la codicia, el orgullo, el placer y muchas tendencias naturales con las que nace el niño no deben ser limitadas solamente por el hecho de ser naturales? Ya dijeron nuestros Sabios: Barati lo Ietzer Hará, Barati lo Torá Tablín, lo creé con tentaciones pero le creé la Torá como remedio.
Dijeron nuestros Sabios: Penei Hador Kepenei Hakeleb, los dirigentes de la sociedad se comparan con el perro, que aparentan dirigir a su amo pero cuando llegan a un cruce vuelcan la cara hacia el amo para ver que es lo que desea; aparentan dirigir pero en verdad solamente continúan el camino que el pueblo quiere, no son dirigentes, pues no saben dirigir sino ser dirigidos pues no saben el camino y andan como el ciego en la oscuridad, que no solamente no ve el camino sino que no tiene quien se lo indique, ya que se encuentran en la oscuridad.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

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