sábado, 4 de marzo de 2017

Comentario sobre la Parashá Parashá Tetzavé - Ordenarás



Torá desde Jerusalem



Parashá Tetzavé - Ordenarás
Libro Shemot / Éxodo (27:20 a 30:10)


Comentario sobre la Parashá

“Y ordenarás a los Hijos de Israel...” (Shemot 27:20)
“Y ordenarás a los Hijos de Israel y tomarán para ti aceite de oliva puro, prensado, para el alumbrado...”.  Hay frutos de la naturaleza que deben ser transformados o mejorados para su buen uso, pero los hay los que su pureza y valor se encuentran en lo natural del propio fruto, y así el aceite de oliva encuentra su pureza en el prensado, sin cocinar, sin refinar, sin mezclas.
La Torá se comparó con la luz “Ki Ner Mitzvá Ve Torá Or”, pues la vela es obligación y la Torá es la luz.  Es interesante que con respecto a la Mitzvá, antepuso la vela, pero en la Torá se antepuso la luz; la razón se encuentra en que la Mitzvá es un medio para el comportamiento correcto de la persona, y esa es su misión.  El Shabat no tiene ninguna importancia sino en el nivel de lo que nosotros lo observamos, a diferencia de la Torá en que su realidad no depende de nosotros, pues ella es la luz por si misma.
Aunque hay quienes consideran a la oscuridad como un ente independiente.  La mayor parte del mundo entiende a la oscuridad como la falta de la luz, sin embargo, en el rezo de la mañana nosotros alabamos al Creador por lo que: “Yotzer Or Uboré Hoshej”, “Creó la luz e hizo la oscuridad”.  La oscuridad no fue la falta de luz, sino que fue hecha.  La Torá se compara con la luz, “Ki Ner Mitzvá VeTorá Or”, a lo que dijeron nuestros Sabios: así como una pequeña luz rechaza mucha oscuridad, un poco de Torá rechaza mucha maldad y es por eso que el Pérek, en nombre de Rabí Shimón, recordó los pilares de la Creación y nombró primero a la Torá.
A diferencia de cualquier otro conocimiento o ciencia donde la cantidad y los hechos son los que importan y no el esfuerzo o la intención, en la Torá ocurre todo lo contrario.  No solamente que no se valora la cantidad, sino que es únicamente el esfuerzo el que produce el efecto de la Torá, “Le Fum Zaará Agrá”, en el esfuerzo se encuentra el pago. 
Cuando Rabí Akiva volvió, después de veinticuatro años de estudios en la Yeshivá, acompañado por veinticuatro mil alumnos, una mujer se esforzaba por acercarse a él y los alumnos, sin saber de quien se trataba, intentaban apartarla a lo que les dijo Rabí Akiva: ¡Permítanle que se acerque, pues toda mi Torá y la vuestra es de ella!.  Se trataba de Rajel, la esposa de Rabí Akiva quien había dedicado su vida para que su esposo Rabí Akiva, pudiera consagrarse al estudio de la Torá.
Y estará (la Cofia) sobre la frente de Aarón, para que porte el pecado por los Kodashim de los hijos de Israel...  Aarón y sus hijos, los Kohanim, portaban el pecado; ese era el precio de la responsabilidad.
El Talmud comenta que la madre del Cohén Gadol acostumbraba a enviar regalos a los condenados en las ciudades de refugio, para que no pidieran por la muerte del Cohén Gadol.  ¿De qué era responsable el Cohén Gadol, que su madre debía contentar a los que por sus errores fueron obligados a refugiarse en ciertas ciudades?  Nos enseña la Torá sobre la obligación que contrae el dirigente con su comunidad, por lo que todo error del pueblo, recae sobre sus dirigentes, y viceversa.  Encontramos en las Halajot de los rezos que cuando el Shalíaj Zibur (enviado del público) se equivoca en el rezo, es mala señal para él y también para el publico, estando obvia la obligación del público en elegir el buen dirigente.
El dirigente es responsable por su público y el público es responsable por su dirigente.  La verdadera democracia no se encuentra en el gobierno del pueblo, si no en la responsabilidad del pueblo y el dirigente no es elegido, sino que es obligado ya que no recibe derechos sino obligaciones.  No existen cadencias ni coaliciones.  Las intrigas y las combinaciones, los deseos y las inversiones que deben realizar para ser elegidos, demuestran lo equivocado del sistema.
Solamente un sistema de responsabilidades con reconocimientos sin intereses, en el que el humano pueda sentirse incentivado sin intereses, es la única probabilidad para el éxito de un gobierno dirigente y no dirigido.  Moshé fue un gobernante dirigente, ya que el bien del Pueblo y su integridad eran su preocupación y no su elección, como le dijo al Todopoderoso tras el pecado del becerro de oro: “Moshé volvió a Hashem y Le dijo: ¡Te suplico!  Este pueblo ha cometido un gran error y han hecho un ídolo de oro.  Y ahora perdona su pecado... y si no, bórrame ahora de Tu libro que escribiste. 
La vida de Moshé Rabenu tiene razón dependiendo de la realidad del pueblo.  Moshé vivió para el Pueblo, y no el Pueblo para Moshé.  No en vano reconoce la gente que la democracia es el menor de los males, pues no conocen la democracia de la Torá.
Shabat Shalom.
Rab Shlomó Wahnón

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