Carta de Luis Carlos Restrepo a la Fiscal General
El "pastor" Carlos Alonso Lucio y Viviane Morales; aquí con Eduardo Chávez, otro guerrillero "cristianizado"
Bogotá, diciembre 16 de 2011
Doctora
VIVIANE MORALES HOYOS
Fiscal General de la Nación
Respetada doctora:
En torno a la polémica pública que se
ha desatado sobre la relación del ex congresista Carlos Alonso Lucio con
los grupos ilegales de autodefensas, durante la negociación de paz que
dichos grupos sostuvieron con el Gobierno Nacional, tanto mi nombre como
el de la Oficina a mi cargo durante la administración del Presidente
Álvaro Uribe Vélez, han sido mencionados. Para muestra un ejemplo. El
día de ayer, 15 de diciembre, en su columna en el periódico El Tiempo
titulada “Reflexión necesaria”, el ex Ministro del Interior y Justicia
Fernando Londoño Hoyos, afirma refiriéndose a los vínculos del Dr. Lucio
con los paramilitares: “Y Lucio, por asesorar a algunos, bien
identificables, tuvo que ser expulsado del recinto por el Comisionado de
Paz”.
He sido requerido por algunos medios de
comunicación para que me pronuncie sobre el tema. Aunque son hechos que
no tienen especial reserva, siendo conocidos además por otras personas,
he preferido mantenerme alejado del debate público. Dada sin embargo la
importancia del asunto y la condición privilegiada en que me encontraba
como Alto Comisionado para la Paz, tuve conocimiento de primera mano de
sucesos, que considero debe conocer Usted de manera directa, sin
mediaciones que puedan alterar el contenido de mi relato. Por tal motivo
he decidido enviarle esta misiva a su Despacho, dando cuenta de lo
sucedido.

Es sabido de manera pública que
desempeñé el cargo de Alto Comisionado para la Paz durante la
administración del Presidente Álvaro Uribe Vélez, entre los años 2002 a
2009. Mientras adelantaba conversaciones de paz con los grupos de
autodefensas en la Zona de Ubicación Temporal de Santa Fe Ralito, en
Tierralta-Córdoba, tuve conocimiento durante el segundo semestre de 2004
de la asistencia del ex congresista Carlos Alonso Lucio a dicha zona,
al parecer como asesor de este grupo ilegal. En algunas ocasiones, al
llegar al aeropuerto de Montería, encontré estacionado un avión privado,
que según me informaron, correspondía a la aeronave que trasportaba al
señor Lucio hasta esa ciudad, desde donde se desplazaba al municipio de
Tierralta.
Supe de la presencia del señor Lucio en Santa Fe Ralito por comentarios de
Carlos Alonso Lucio,antiguo terrorista y esposo de la Fiscal General
terceros, y después por declaraciones
suyas al periódico El Espectador, con referencia a sus actividades. Debo
aclarar que en ningún momento fuimos informados de las intenciones del
señor Lucio, ni solicitó autorización al Gobierno Nacional para
adelantar labores de paz con grupos ilegales. No obstante, en sus
declaraciones públicas al mencionado diario, daba a entender que el
Gobierno estaba al tanto de sus gestiones. Asunto que me generó
molestias, pues no era verdad.
A comienzos del mes de septiembre de
2004, al llegar a la Zona de Ubicación de Ralito a una reunión de rutina
con las autodefensas, me encontré de sorpresa al señor Lucio
conversando con algunos jefes de este grupo. De inmediato, y en
presencia de todos, le recriminé sus declaraciones públicas y le pedí
aclarar en qué condición se encontraba en la Zona de Ubicación Temporal,
pues solo podía hacerlo como representante del Gobierno o como miembro
de las autodefensas. Y era claro, que en este caso, no representaba al
Gobierno Nacional. El señor Lucio omitió polemizar conmigo y se retiró
sin dar debate, mientras yo ingresaba con algunos jefes de las
autodefensas a la reunión de rutina.
La mencionada reunión, liderada por
Salvatore Mancuso, se desarrolló en un ambiente tenso. Se trataron
inicialmente temas sobre el funcionamiento de la zona, y yo hice de
nuevo la pregunta sobre la presencia del señor Lucio allí, a lo cual
respondió de manera airada el señor Salvatore Mancuso, argumentando que
ellos tenían libertad para invitar a quien quisieran. Fue entonces
cuando en un momento acalorado y en señal de autoridad, di un golpe
sobre la mesa recriminándole su postura. La sesión estaba siendo grabada
clandestinamente por las autodefensas y pocos días después, esa parte
de la reunión, editada por ellos para esconder los motivos del debate,
fue filtrada a los medios de comunicación, que repitieron varias veces,
en sus emisiones de radio y televisión, mi voz airada y el golpe sobre
la mesa. A partir de este episodio, el señor Mancuso se negó a reunirse
de nuevo conmigo y emprendió acciones para tratar de sacarme de la mesa
de diálogo, las cuales no tuvieron éxito por el apoyo que entonces me
dio el señor Presidente de la República, doctor Álvaro Uribe Vélez.

Volví a saber del señor Lucio semanas
después, cuando me pidió una cita en la ciudad de Bogotá para conversar
personalmente. Dada la tensión que se vivía dentro del proceso con las
autodefensas y como un gesto de apertura por parte del Comisionado de
Paz, acepté escucharlo. En dicha reunión me planteó, entre otras cosas,
que le diera autorización para llevar a algunos jefes de las
autodefensas a un encuentro con autoridades venezolanas, lo cual me
pareció insólito. Argumentaba interés de dichas autoridades en el
proceso y un posible apoyo económico de parte del gobierno de dicho país
a la reinserción. Me negué a aceptar sus propuestas, por considerarlas
inconvenientes e irrealizables.
Luis Carlos Restrepo, ex alto Comisionado para la Paz
Días después, en noviembre de 2004,
mientras me encontraba en el aeropuerto de Villavicencio en tránsito
hacia una zona rural de los llanos orientales para adelantar labores
relacionadas con mi cargo, recibí a través del conmutador de Presidencia
una llamada del señor Lucio, pidiéndome que lo acompañara a un viaje
que realizaríamos en fecha cercana a la República de Libia, para un
encuentro del Presidente venezolano Hugo Chávez con el señor Gadafi. Me
dijo que Gadafi estaba dispuesto a darnos 100.000 dólares de apoyo al
proceso de paz. Me pareció tan insólita, y a decir verdad, delirante, su
propuesta, que me negué de manera rotunda, recordándole que yo era el
Comisionado para la Paz del Gobierno de Colombia. La conversación
terminó con reproches de su parte, diciéndome que con mi actitud no
contribuía a que el proceso avanzara.
A comienzos del año 2005, en reunión
que sostuvimos en mi oficina, en donde lo recibí nuevamente para dar
muestras a las autodefensas de mi apertura al diálogo, me planteó que
estaba en condiciones de poner en marcha unos proyectos productivos en
el Departamento del Vichada, teniendo como recurso humano a los miembros
de un grupo de autodefensas, que bajo el mando de alias “Macaco”, se
iban a desmovilizar en dicha zona. Nuevamente habló de acuerdos con
sectores venezolanos para asegurar el montaje de los proyectos y la
comercialización de los productos. Dadas las dificultades que ya se
hacían patentes por los rumores sobre una compra masiva de tierras en
ese departamento por parte del mencionado jefe de las autodefensas, y
las limitaciones que tenía el montaje de un proyecto productivo con
personas que venían de hacer parte de un grupo ilegal sin que mediara el
proceso de justicia y paz, le dije que no podía aceptar dicha
propuesta. Fue la última vez que vi al señor Lucio, con quien no he
vuelto a tener contacto hasta el día de hoy.
Quiero comentarle, sin embargo, dos
hechos adicionales, que tienen relación con lo ya descrito. En primer
lugar, supe después que algunos miembros de las autodefensas se habrían
trasladado, sin conocimiento por parte del Gobierno colombiano, a
territorio venezolano, para mantener una reunión con funcionarios de ese
país, encabezados por el director de la DISIP –policía secreta– de la
nación vecina. Que al parecer, mantenían contacto con ellos. E incluso,
se me informó de la presencia de un delegado del gobierno de Libia en la
zona de Ralito, encargado de hablar con miembros de las autodefensas,
hecho que, de haber sucedido, aconteció sin nuestra autorización.
A comienzos del año 2006, ya
desmovilizadas buena parte de las autodefensas, algunos jefes de dichos
grupos me plantearon que habían recibido invitación de las autoridades
venezolanas para viajar a su territorio, pero que dada su nueva
condición de desmovilizados querían hacerlo con nuestra autorización,
por lo que me pidieron consultar al más alto nivel. Les respondí que tal
encuentro era inconveniente y que se abstuvieran de hacerlo. Supe sin
embargo por ellos mismos, que sin esperar autorización nuestra, dicha
reunión se habría realizado.
En segundo lugar, quiero comentar un
episodio anterior a mi desempeño como Alto Comisionado para la Paz, que
explica en parte mi desconfianza hacia las actividades del señor Lucio,
no obstante que nunca dejé de mantener una relación formal con él, como
figura pública que era, y en una ocasión, incluso, tuve oportunidad de
compartir fugazmente con él y Usted en cercanías al parque El Virrey,
donde los encontré en un recorrido peatonal un día de descanso.
Se trata de un acontecimiento sucedido
durante la administración del Presidente Ernesto Samper. Es conocida mi
postura pública, sostenida desde hace varios años y argumentada en
libros, artículos académicos y entrevistas, a favor de la
despenalización del uso de drogas y la búsqueda de una alternativa
diferente a la criminalización para el consumo de psicoactivos. Por tal
motivo, y en compañía de otros investigadores y académicos, fui
contactado por el Representante Carlos Alonso Lucio, con el propósito de
conformar un Comité que mostrara al país los daños colaterales que
ocasiona el prohibicionismo. Se planteó incluso escribir y publicar un
manifiesto, convocando a muchos sectores para que se vincularan a una
acción que permitiera sacar a nuestro país de la encrucijada a la que lo
conducía la denominada “guerra contra las drogas”.
Estábamos en las conversaciones
iniciales para definir nuestro modo de acción, cuando supe por los
medios de comunicación que el señor Lucio se encontraba reunido en una
cárcel de Bogotá con uno de los hermanos Rodríguez Orejuela, cuando este
había sufrido un infarto cardíaco que obligó a su traslado a un centro
hospitalario. Molesto por la noticia, le recriminé dos días después,
cuando pude hablar con él, pues no tenía presentación que él sostuviera
este tipo de relaciones cuando estábamos a punto de hacer una
convocatoria pública en torno a un manifiesto favorable a la
despenalización de las drogas. Me respondió igualmente molesto,
diciéndome con cierto desparpajo, que de donde creía que iba a sacar el
dinero para la campaña que adelantaríamos, sino de ellos.
Dado que estábamos a pocos días de
publicar en la prensa nacional un manifiesto, en cuya elaboración había
contribuido, le dije que no podía acompañarlo como miembro del Comité, y
sugerí a otras personas que hacían parte de ese organismo que nos
retiráramos. En efecto, así sucedió. El señor Lucio publicó el
manifiesto solo con su nombre, liderando a partir de ese momento una
campaña nacional, de cuyo desarrollo no tuve ningún conocimiento
adicional.
Espero señora Fiscal que estos hechos,
relatados de manera objetiva, sean de su interés, dada la Institución
que regenta. Por mi parte, no me corresponde valorar si se ajustan o no a
la ley, o si se trata de acciones por la paz o tenían otros propósitos.
En torno a ellos siempre he mantenido discreción, pues tengo claro que
no es de mi competencia juzgar las acciones de los ciudadanos. Si ese
fuera el caso, son otras las instancias a las que corresponde hacerlo.
Atentamente,
Luis Carlos Restrepo Ramírez
Ex Alto Comisionado Para la Paz
No hay comentarios:
Publicar un comentario